Alejandro Lafluf - AFD y la paradoja del montón.

 

Los griegos solían usar distintas paradojas para enseñar muchas cosas. Diógenes Laercio narra una muy interesante conocida como la paradoja del montón. La paradoja dice así: imagina un montón de arena. Y ahora imagina que te pones a quitar uno a uno los granos de arena de ese montón. ¿En qué momento exacto de la sustracción, el montón de arena deja de ser un montón?

No pretendo que respondas mi estimado lector. Aunque lo intentaras solo terminarías rompiéndote la cabeza. Pues se trata, precisamente, de una paradoja. 

Ahora bien, lo que me interesa señalar es que los griegos no utilizaban la paradoja del montón para contestar la pregunta de más arriba, sino para enseñar con ella algo mucho más importante. Ya que, su utilidad, no radica tanto en saber dónde está exactamente el límite, sino en que solo lo sabemos, cuando ya lo hemos cruzado. 

La paradoja del montón nos enseña que solo nos damos cuenta de que hemos cruzado el límite cuando ya es demasiado tarde. Y esto es una lección política invaluable.

Una que nos enseña que debemos cuidar de manera constante nuestras instituciones. Que debemos estar alerta. Adoptar una suerte de vigilia permanente. Pues sabemos que, cuando la degradación llegue, ya será demasiado tarde para impedirla – pues solo sabemos que hemos cruzado el límite, cuando ya lo hemos hecho -. 

La paradoja del montón nos muestra que cada grano de arena importa. Traducido a lenguaje político: cada hecho que acontece, cada palabra que decimos, cada decisión que tomamos, importa. Y por lo mismo, cada vez que no denunciamos una mentira, cada vez que miramos hacia el costado, cada vez que intentamos explicar lo inexplicable, etc, le estamos quitando granos de arena a ese montón llamado Política. 

¿En qué momento Alemania dejó de ser Alemania? ¿En qué momento el miedo le cambió el semblante a ese gran país? ¿En qué momento alguien se atreve a decir que la solución a los problemas de Europa es la disolución del proyecto europeo? ¿En qué momento los jóvenes se dejaron llenar el corazón de odio? 

No vamos a resolver esto con "una democracia, una cultura". Ese lema quiebra el vínculo entre democracia y multiculturalidad.
Y en el Siglo XXI, democracia y multiculturalidad, se complementan como dice Mires. E incluso diría más: se complementan y se afianzan mutuamente. ¿Por qué? Porque la democracia es multicultural y la multiculturalidad es democrática. No hay multiculturalidad sin democracia, pero tampoco hay democracia sin multiculturalidad. Por eso, "una democracia, una cultura' nos dejará sin multiculturalidad primero y sin democracia después.

Por esta misma razón, la solución al problema de Afd, no pasa tampoco por su prohibición. La prohibición es responder al miedo con más miedo. Es echar más leña al fuego. Afd es un problema cultural que amenaza con convertirse en un problema democrático. Y los problemas de la Cultura - como Freud nos enseñó - se solucionan con más Cultura [no con 'menos' ni con 'anti']. 

Si algo caracteriza a la degradación, en todas sus facetas – económica, social, política, cultural – es el extrañamiento. Vemos las cosas que suceden y no nos reconocemos en ellas. Es una sensación terrible. Pues nos sentimos extraños en nuestra propia casa. Es una mezcla de desamparo y enajenación. Sentimos como si nos hubieran quitado algo y no sabemos muy bien en qué momento dejamos que ocurriera.

No se trata de ser optimistas o pesimistas respecto al futuro. Se trata de tomar decididamente las riendas. La lucha por una democracia plena empieza todos los días. Y por lo tanto empieza hoy. Mañana será demasiado tarde.

No soy alemán, pero si lo fuera, les diría a mis compatriotas: no son “los” jóvenes, son nuestros jóvenes. No son “los” políticos, son nuestros políticos. No son “los” inmigrantes, son nuestros inmigrantes. Es nuestro país. Y si no lo cuidamos nosotros, nadie lo hará. 

Batlle y Ordoñez decía “el que se precipita (se apresura) se precipita (se abisma)”. Parafraseando al político uruguayo, si Alemania se precipita, Europa se precipitará.

Por lo tanto, a la desunión, debe responderse con unión, a la desintegración con integración, a la mentira con verdad, al miedo con amor. Como decía Juan Pablo II: "Que las dificultades que te toca vivir no sean un obstáculo a tu amor y a tu generosidad, sino un fuerte desafío. No te canses de servir. No calles la verdad. Supera tus temores. Sé consciente de tus límites. Tienes que ser fuerte, valiente lúcido y perseverante en este largo camino. No te dejes seducir por la violencia y las mil razones que aparentan justificarla. Se equivoca el que dice que solo pasando por ellas se logrará la justicia y la paz”.  

Afd es un problema cultural que amenaza con convertirse en un problema político y europeo. En los tres casos, la solución pasa por más cultura, más política y más Europa [no por menos]. Tenemos que dejarnos de prohibiciones, de violencia, de miedo y de amenazas estériles que no conducen a nada y que no hacen más que quitarle granos de arena a ese otro montón llamado Europa. Es hora de construir, no de destruir. De sumar, no de restar. Y, sobre todo, es hora de hablar, no de callar.