El entramado venezolano en el diván
El panorama político y social que se vive actualmente en Venezuela no es solo una crónica lúcida de un desconcierto que se respira en las calles del país y en el exterior, donde quiera que haya un venezolano, es una radiografía exacta de un síntoma colectivo.
La política, cuando se vuelve tanrara, bizarra y contradictoria, deja de responder a
la lógica de la razón aparente y pasa a responder directamente a las dinámicas del
inconsciente, a las estructuras del trauma y a las perversiones del poder. Para intentar desenredar este nudo ciego donde se mezclan Donald Trump, elentorno que quedó tras la captura de Maduro, la supervivencia de figuras como Diosdado Cabello o los indiciados del Cártel de los Soles, y la figura de MCM, suspendida en unatensa espera, tenemos que activar ciertas herramientas que nos aporta la psicología.
En primer lugar, cabe preguntarse si lo que hay en las alturas es una alianza o una
conchupancia. Desde la psicología, la respuesta es una estructura perversa. La
perversión no se define aquí como una desviación moral, sino como un pacto en el que
las reglas del juego y la ley común (la justicia, los juicios formales, el debido proceso)
se suspenden en favor de un goce compartido. La supervivencia y el control del objeto,
que, en este caso, es el país con sus recursos.
Dos fuerzas que teóricamente deberían repelerse, el pragmatismo radical del gringoy los restos de una estructura criminal local, se juntan para seguir en lo mismo, pegados con esa saliva de loro; de la conveniencia mutua. Es un pacto de negación en el que todos saben quién es quién. Trump sabe a quiénes tiene al lado y ellos saben lo que Trump es capaz de hacer, pero actúan como si no importara, con tal demantener un orden precario.
Por otra parte, la intuición sobre María Corina Machado es determinante: ¿le temen o la protegen? Definitivamente, le temen. Ella representa, en este tablero, un elemento no contaminad por ese pacto de saliva de loro, es decir, por una ley que ellos no pueden controlar. Al decirle espera tu turno bajo la promesa paternalista y cínica deque ellos construirán tiempos, lo que están haciendo es un ejercicio de castración política.
La apartan porque ella rompe la simetría de su conchupancia. Introducirla en la ecuación actual arruinaría el reparto del botín y del control social, especialmente ahora que el país está vulnerable debido al trauma físico causado por los dos terremotos. El terremoto de la tierra es real, pero el temor de ellos es el terremoto social; que una figura no alineada a su pacto pueda provocar.
En este complejo entramado, Trump opera desde un narcisismo primario descarnado, busca victorias rápidas, transacciones, fotos de éxito y la validación de su poder. Las figuras remanentes en Venezuela operan desde la psicopatía de la supervivencia.
Ambos se necesitan. Al narcisista no le importa la moral del aliado mientras le resulte útil para su puesta en escena. A la psicópata no le importa la humillación del trato mientras le permita conservar su feudo. Es la atracción de las sombras.
Lo más doloroso de esta realidad es el contraste final. Mientras todo este teatro de transacciones oscuras ocurre en las alturas, abajo hay un terremoto real, físico, y una
economía herida que sufre la población. Aquí se produce una disociación colectiva.
El ciudadano común sufre una fractura psíquica. Por un lado, el alivio casi culposo
de ver marchar a los opresores principales, por el otro, el terror de darse cuenta de que
los que se quedan a resguardar orden; son los mismos verdugos secundarios bajo un nuevo capataz.
¿Toca callar y agradecer? Jamás. El silencio es el alimento del pacto perverso.
Ponerle palabras a lo raro ya es un acto de sanación y de resistencia frente a la locura inducida por el poder. Semejante entramado sí es un caso para el diván, pero, afortunadamente, el inconsciente colectivo siempre termina por despertar cuando la realidad del sufrimiento ya no puede ser tapada con rosas ni con saliva de loro.
Sigamos pensando en voz alta, que es la única forma de no volvernos locos.
la lógica de la razón aparente y pasa a responder directamente a las dinámicas del
inconsciente, a las estructuras del trauma y a las perversiones del poder. Para intentar desenredar este nudo ciego donde se mezclan Donald Trump, elentorno que quedó tras la captura de Maduro, la supervivencia de figuras como Diosdado Cabello o los indiciados del Cártel de los Soles, y la figura de MCM, suspendida en unatensa espera, tenemos que activar ciertas herramientas que nos aporta la psicología.
En primer lugar, cabe preguntarse si lo que hay en las alturas es una alianza o una
conchupancia. Desde la psicología, la respuesta es una estructura perversa. La
perversión no se define aquí como una desviación moral, sino como un pacto en el que
las reglas del juego y la ley común (la justicia, los juicios formales, el debido proceso)
se suspenden en favor de un goce compartido. La supervivencia y el control del objeto,
que, en este caso, es el país con sus recursos.
Dos fuerzas que teóricamente deberían repelerse, el pragmatismo radical del gringoy los restos de una estructura criminal local, se juntan para seguir en lo mismo, pegados con esa saliva de loro; de la conveniencia mutua. Es un pacto de negación en el que todos saben quién es quién. Trump sabe a quiénes tiene al lado y ellos saben lo que Trump es capaz de hacer, pero actúan como si no importara, con tal demantener un orden precario.
Por otra parte, la intuición sobre María Corina Machado es determinante: ¿le temen o la protegen? Definitivamente, le temen. Ella representa, en este tablero, un elemento no contaminad por ese pacto de saliva de loro, es decir, por una ley que ellos no pueden controlar. Al decirle espera tu turno bajo la promesa paternalista y cínica deque ellos construirán tiempos, lo que están haciendo es un ejercicio de castración política.
La apartan porque ella rompe la simetría de su conchupancia. Introducirla en la ecuación actual arruinaría el reparto del botín y del control social, especialmente ahora que el país está vulnerable debido al trauma físico causado por los dos terremotos. El terremoto de la tierra es real, pero el temor de ellos es el terremoto social; que una figura no alineada a su pacto pueda provocar.
En este complejo entramado, Trump opera desde un narcisismo primario descarnado, busca victorias rápidas, transacciones, fotos de éxito y la validación de su poder. Las figuras remanentes en Venezuela operan desde la psicopatía de la supervivencia.
Ambos se necesitan. Al narcisista no le importa la moral del aliado mientras le resulte útil para su puesta en escena. A la psicópata no le importa la humillación del trato mientras le permita conservar su feudo. Es la atracción de las sombras.
Lo más doloroso de esta realidad es el contraste final. Mientras todo este teatro de transacciones oscuras ocurre en las alturas, abajo hay un terremoto real, físico, y una
economía herida que sufre la población. Aquí se produce una disociación colectiva.
El ciudadano común sufre una fractura psíquica. Por un lado, el alivio casi culposo
de ver marchar a los opresores principales, por el otro, el terror de darse cuenta de que
los que se quedan a resguardar orden; son los mismos verdugos secundarios bajo un nuevo capataz.
¿Toca callar y agradecer? Jamás. El silencio es el alimento del pacto perverso.
Ponerle palabras a lo raro ya es un acto de sanación y de resistencia frente a la locura inducida por el poder. Semejante entramado sí es un caso para el diván, pero, afortunadamente, el inconsciente colectivo siempre termina por despertar cuando la realidad del sufrimiento ya no puede ser tapada con rosas ni con saliva de loro.
Sigamos pensando en voz alta, que es la única forma de no volvernos locos.