Fernando Mires - FUE UN BUEN FINAL

 



No es que Lionel Scaloni hubiera mandado a su equipo a jugar a la defensiva desde un comienzo. Analizando la formación inicial, la idea era otra. La defensa, la misma de siempre, la de los cuatro fierros, la parte más eficaz y a la vez la menos elegante del equipo.

Montiel (después Molina), Romero, Martínez (después Otamendi) y Taliafico: mordedores de esos que no perdonan a nadie. Ninguno es superman, pero el conjunto es un muro de contención hecho de cemento armado. Muy diferente a la defensa española, donde Porro, Laporte, Cubarsí y Cucurella la sacan a paso de ballet, con finura y elegancia. Cubarsí, que tiene casi la misma edad de Yamal, pinta para astro mundial, si es que ya no lo es. De Cucurella no vamos a hablar, es la mezcla perfecta entre defensa y ataque. La diferencia entre Argentina y España venía, ahora lo sabemos, de su bloque posterior. La defensa argentina saca la pelota hacia adelante, la española juega hacia adelante.

Tampoco sorprendió Argentina con su medio campo compacto, el casi mismo de siempre: donde De Paul es el valium, el tranquilizante, el del paso hacia el lado en espera que el equipo se arme. Fernández a su vez es el nexo entre Messi y el resto del equipo, de ahí que su expulsión fuera fatal (el mismo se la buscó con su primera tarjeta y una ridícula simulación de un foul que nadie le cometió). Mac Allister no está para armar juego sino para asistir, correr y, si llega el caso, repartir leña. Adelante González, que no hizo nada y Álvarez que esta vez estuvo más perdido que un pingüino en el desierto. Más atrás el ídolo, correteando pausado en espera de alguna genialidad que esta vez nunca llegó. No podía venir.

De la Fuente que entiende mucho de fútbol mandó cortar el medio campo y con ello a la misión de Messi. Para eso dos sus especialistas. Rodri, que no falla un pase, más Fabian Ruiz como tranquilos contenedores, agregando a un Olmo que más que futbolista parece maratonista (con solo verlo correr uno se cansa) y muy retrasado, el puntero izquierdo Baena quien cuida las espaldas a Cucurella cuando este se manda hacia adelante. Arriba solitario, Oryazábal y en la derecha, atrayendo gente para que lo marquen, el escurridizo Yamal. Con todo eso, ambos equipos jugaron el primer tiempo, con un tic a favor de España. mas atildado en el manejo del balón y con mayores posibilidades de juego, tendencias que se multiplicaron en el segundo tiempo con una España atacando con todo y un equipo argentino arratonado alrededor de una cueva custodiada por el maravilloso arquero Martínez,y Messi en espera de un pelotazo fortuito hacia adelante, uno que nunca llegó.

Para el arquero Simon debe haber sido el partido más tranquilo de su vida. La verdad, fue un espectador más. A Scaloni no le quedaba más alternativa que retrasar al equipo y defender hasta donde se pudiera, mientras España machacaba y machacaba.

Cuando entró Leonardo Paredes, un mediocampista extraordinariamente defensivo además de neurótico (se fue de manos después de finalizado el partido; mejor olvidemos eso), Argentina selló su suerte final. Fue la renuncia definitiva a atacar. Solo en las postrimerías entró el dribleador Simeoni, pero ya estaba todo decidido. El gol de Ferrán Torres tras un pase de Williams (¿por qué no lo ponen desde el comienzo? es un puntero fantástico) fue solo la confirmación de lo que ya todos veíamos venir: La merecida derrota del ex campeón argentino y la merecida victoria del nuevo campeón español.

Después del gol de Torres, a Argentina solo le quedó la carta de la desesperación, y aunque Messi hizo un par de excelentes pases con pelota detenida, el gol no llegó. Habría sido demasiado injusto, por lo demás. España demostró ser superior a Argentina en todos los aspectos del fútbol, desde los tácticos hasta los técnicos, pasando por los individuales.

Hemos llegado así al fin de otra final. Pese a los intentos de la FlFA y de la gobernanza del país por enturbiar el fútbol, fue un buen mundial. Hubo de todo. Partidos intensos, caída de equipos legendarios (Alemania y Brasil, agregando a Francia), adiós de ídolos inmortales (Messi y Ronaldo) y aparición de los soles del mañana, entre ellos Yamal y Haaland.

¿Fue este el mundial de Messi? Sí; otra vez lo fue. Messi será recordado como un ídolo inmortal no solo en su país, tan idolátrico, sino en la historia del fútbol mundial. Adiós, pulga, adiós campeón, siempre chico, siempre grande y, sobre todo, siempre tan humano.