Fernando Mires - ESPAÑA: UN BUEN EQUIPO


 España ganó a Austria 3 a 0 y ganó bien, con un fútbol limpio y ordenado, haciendo un juego sin estridencias, con pocas faltas, ofensivo pero sin agresividad, demostrando lo que es un buen equipo de fútbol, uno donde todos se complementan formando en el campo de juego una suerte de cerebro compuesto por once membranas donde todos piensan como uno y cada uno como todos. Parece fácil decirlo, pero para llegar a ese nivel se requiere no solo de extrema concentración sino, sobre todo, de mucho trabajo, de intensa preparación, de conversaciones; incluyendo las extrafutbolísticas.

Espíritu de cuerpo lo llaman algunos. Justamente de eso se trata: un cuerpo llamado equipo con un solo espíritu, o si se prefiere, con una conciencia colectiva. No nos referimos a una conciencia colectiva ancestral o mítica como la que fabricó la psicología jungiana, sino a otra: una que surge de la comunicación en el “ahora“ y en el “aquí. Una que lleva no solo a jugar juntos sino a interactuar.

Dos son las principales premisas de las que se sirve cada buen entrenador. La primera es lograr que los jugadores no sean solo buenos con el balón sino que, además, se entiendan entre sí. La segunda es que nunca hay que adecuar a los jugadores a un sistema de juego sino el sistema de juego a los jugadores; hay, en fin, que trabajar con lo que se tiene y no con lo que se desearía.

De hecho, la comunicación interna está lograda desde el campeonato europeo en el cual hace dos años España se clasificó campeón. Lo segundo tampoco es un problema. España tiene lo suyo, y le sobra. Tiene una gran defensa con dos elegantes y a la vez fieros centrales: Pau Cubarsí y Aymeric Laporte. Tiene un excelente mediocampo en donde Olmo y Pedri se turnan para defender o atacar. Tiene una punzante delantera. Y tiene un sistema de juego que viene aplicando desde hace tiempo, basado en la retención del balón, el llamado tiqui- taca que el Barcelona desde los tiempos de Messi - bajo la batuta de Pep Guardiola - llevó a la perfección, en espera de que se abra el hueco necesario para pasar al ataque.

Austria, por cierto, también tiene lo suyo: es uno de los equipos europeos que mejor domina el pressing cuya traducción en el fútbol (sólo en el fútbol) es impedir que el equipo contrario pueda combinar. En ese juego distinto de posiciones, España ganó lejos, y ganó porque tiene los hombres necesarios para abrir las cerrazones practicadas por los austriacos, sobre todo en el mediocampo. Efectivamente, si el enemigo te llena el mediocampo de gente, partiendo al equipo nuestro en dos, tú tienes que buscar las puntas y abrir el campo. Es una competencia entre el achicar o agrandar la cancha. España, eso debió haberlo supuesto el entrenador austriaco, tiene dos "abrelatas". Por la derecha, un genio: Lamine Yamal: alguien a quien nunca hay que perder de vista pues siempre va a hacer con la pelota lo que nadie espera que se haga. Además, puede ir por donde quiera pues Pedro Porro - esta vez hasta hizo un gol de cabeza - le cuida las espaldas. Y por la izquierda, un incansable: Marc Cucurella, quien cubre el flanco izquierdo con habilidad y velocidad impresionante.

Cucurella no es solo un defensa izquierdo, es un lateral, lo que es distinto. Es defensor y es atacante a la vez. Jugadores al estilo de Cucurella – pienso en algunos legendarios como el brasileño Roberto Carlos o el italiano Pablo Maldini - son verdaderos ferrocarriles que avanzan y retroceden por la línea y de pronto, en cuanto hay un espacio, desvían rápidamente hacia el medio. Con jugadores laterales como esos no hay pressing que valga, de modo que la masa compacta de los austriacos no tardó en desparramarse, obligando a Ralf Rangnick, el entrenador austriaco, a cambiar prematuramente a su pareja de mediocentros titulares (Xaver Schlager y Seiwald), algo que sus jugadores no entendieron y terminaron por desordenarse frente a un atildado y bien controlado tiqui-taca español que de pronto se transformaba en un intensivo ataque buscando el arco.

España también tenía lo suyo, dijimos; y además tienen alguien que no todos los equipos tienen: un hombre-gol. Un centro delantero de verdad, un 9 al estilo Harry Kane: Mike Oyarzabal marcó dos goles y eso ya habla por sí solo. Su virtud es la más apreciada en los mercados: siempre está donde tiene que estar cuando llega el momento del gol.

Hay un equipo que juega muy parecido a España y que, además, conoce a España como a sí mismo. Sí, Portugal. El próximo lunes los veremos otra vez: uno en contra del otro. Será un clásico: el duelo ibérico.