Osvaldo Monsalve - Susana y viejo en Charlie
Hay algunos que se mueren
sin alcanzar a decir ni pío, así de repente, de improviso, de inmediato. Hay otros en cambio que se van lentamente, como una vela que se apaga sobre la mesa triste del borracho.Son los que no se resignan,
los que rinden culto a las flores que estallan
en la fisura de las baldosas recién trapeadas.
Son esos lentitos que nadie sabe por qué,
se enamoraron de la vida, de sus placeres
y hasta de sus tristezas. Los que no aceptan
que la vida haya sido solo eso, y buscan
el jugo del tomate y la papa de la sopa.
Van perdiendo los ojos, y ven.
Han perdido la memoria, y recuerdan.
Ya nadie los ama. Y aman.
Escuchan melodías de otros planetas
en sus pobres orejas tapiadas, y hasta las entonan
cuando la noche avanza. Son los héroes
sin batallas, los que habiendo perdido todo,
y sin escuchar voces de advertencia,
no se rinden. Son los invitados de la noche,
los que no quieren irse de la fiesta,
los que hay que empujar por la puerta de atrás,
para que se vayan. Y aún así,
dejan un recuerdo y, como si fueran fantasmas,
regresan a buscarlo. Suplicantes. Y con las manos vacías.