Fernando Mires - SUGERENCIAS

 


Osvaldo Monsalve - TORRE DE FIERRO CON MARIANNE


UN BUEN POEMA

es ese al que tú lees

y al leerlo algo en ti se separa.

Es el que te lleva a un río,

o a un mar o a una cama.

Es el que te revela la esencia de la lluvia

y el flujo eterno del universo

y la profundidad de un dedo

                en la llaga.

Un buen poema es el que leíste

y al leerlo algo ha cambiado.

O al que después de leerlo, lees de nuevo

y compruebas que, después de todo,

nada ha cambiado. Aunque:

todo a partir de ahora será distinto

al que tú eras antes de leerlo.

Un buen poema, al fin, es ese:

el que aún sin saber como era, 

                 esperabas.


LECCIÓN DE PSICOANÁLISIS

Hay que escuchar su voz 

Hasta que suelte la palabra 

Hay que oírlo con atención, 

como si en cada sílaba se te fuera la vida. 

Él te quiere decir algo, pero no lo sabe. 

Él te quiere decir algo, pero no lo dice. 

Tú mismo deberás ser la voz y el oído.

Hay que escucharlo sobre todo cuando calla. 

Porque en ese preciso momento asoma 

la punta del iceberg: El llanto de un niño. 

Hay que sujetar su silencio con tu silencio. 

Hay que abrazarlo con tus ojos sin brazos.

Hay que llorar sin lágrimas a su lado. 

Y cuando sea necesario, asistir con mucho respeto 

y sin traje de luto, a los funerales de su alma.


¿CUÁNTOS FAISANES HAY EN CADA VIDA?

Dijo Dylan Thomas: 

la poesía es un faisán que desaparece en la maleza”

Podría haber dicho lo mismo del amor

o incluso de la vida y de sus tantas imitaciones.


¿Cuántos faisanes hay en cada vida?


Puntos inciertos, voces repentinas, ojos de mariposas

aleteando como niñas locas en horizontes plagados

de átomos y neutrones sin órbita pero circulando

alrededor de la luz triste de una mirada sin pupila

de una mujer que entra y sale por la puerta de mi alma.


Somos de la vida el faisán, su poesía, su maleza  y

esa cosa rara, tan radicalmente rara que es la vida.

También esa sonrisa y esa mano que selló en la tuya

un recuerdo horrible, pero a la vez inolvidable.


No sé si vale la pena decirlo, pero algo tuvo que ver

el faisán de Dylan Thomas con el punto corrido de una media.

O quizás fue solo la noche cuando estalló en la luna ciega:

la obra sombría y la gracia divina de la simple mala suerte.