Osvaldo Monsalve - NOCTURNO SOBRE TAPA
No la una, fue la mirada dos, de la mujer
que te hizo recordar el mundo, pensar
en lo que no fuiste antes de que fueras, sentir
de pronto que nadie te ilumina y que las palabras
no dichas estaban fuera del programa
de la inteligencia artificial de nuestro tiempo.
Pensar que no todo fue en vano si alguien
te miraba así, no con amor, sí con algo más profundo:
con el conocimiento de las auroras moradas,
con la noción difusa de que no venías de la nada,
como una hoja verde escapando de su propio otoño
hacia el invierno, como voy y vengo
Lo cierto
es que gracias al dos de los dos ojos,
la viste aparecer, a lo lejos, titilando,
como una aparecida en la noche de los tiempos.
No fue la una, fue la número dos, supiste,
la que te abrió el paraíso de las bocas sin voces,
el de los espíritus que salen con la piel hacia afuera,
el de esa increíble sensación de no ser uno mismo,
sino todos, cuando la luz de cada tarde
en cada casa, en cada esquina, en cada vida:
Se apaga, se apaga, se apaga, y definitivamente, se apaga