X-VOCACIONES

 


Osvaldo Monsalve - HORA DE LA POESÍA


LAS VULVAS Y LAS MALVAS

1. A partir de una determinada edad nos equivocamos:

confundimos a los calendarios con los abecedarios
los recuerdos se cruzan con las cruces
las eras desaparecen, o simplemente se extinguen
y las vulvas de la primera hora, apresuradas
se convierten en malvas radioactivas de la aurora.

2. Cuando irrumpe el humo donde corea no es del norte

alcanzando dimensiones planetarias,
la noche llega a su punto G, la negrura avanza
y la respiración no alcanza, es difícil diferenciar
sin premeditación ni mucho menos con alevosía,
el aroma secreto de las vulvas, del ardor rosado de las malvas.

3. Dicen que con el correr del tiempo

la poesía adelgaza, se ahueza, palidece
y como las mujeres viejas tres cuartos
de cogote, una percha en el escote bajo la nuez,
las malvas aparecen y luego desaparecen
o caen desmayadas en las moradas de las vulvas.

4. Dicen además que durante el invierno

las malvas se confunden con la filosofía de las vulvas
y la filosofía se confunde con el tiempo de irse.
Aseguran también que el día del juicio se avecina,
y por eso nadie que no sea un contra-poeta tan grandioso
como soy yo, está preparado.
                                                                                         Para irse.

5. Pueden ser esas las razones por las cuales en mi jardín

(o en lo que quedó de él después que estalló la bomba atómica)
no diviso más a la apertura misteriosa de las vulvas.
Solo veo a las malvas. Nada más que a las malvas. 
                                                               Ah!: esas malvadas malvas.



SOLO SE VIVE TRES VECES

Somos trinos y trinitarios,

solo vivimos tres veces.


La primera vez, según recuerdo

en mis noches sin gloria ni luna,

eramos la oscuridad pura,

sin redención, ni esperanzas. Sin destino.


La segunda vez aparecimos sobre la tierra

y fuimos luz y culebra, pan y vino,

beso y boca, alma y cuerpo, escritura y pared.


La tercera vez, de muertos disfrazados,

regresamos a la noche oscura

y violenta de donde vininos,

pero arrastrando consigo,

como si fuera un fardo de plomo

un deseo rabioso y muy lento,

un clamor loco e inútil por las cosas de la vida


y la incertidumbre de los llantos,

y la pena del deseo escrito con saliva,

y la risa de las leches matinales,

y el gemido de esas tardes tan lluviosas,

y sobre todo, el agua, el agua

El agua que tolo lo oculta y lava.


PUEDE SER TAMBIÉN UNA SILLA VACÍA

Allí, en esa silla vacía

En una esquina de la sala de estar
Atravesada por una luz gastada
La del atardecer del mes de Junio
Allí, debajo de la palmera nocturna
En una esquina de la sala de estar
Allí se sentará en mi ausencia el vacío

Cuando yo no esté aquí nunca más.