Fernando Mires - AMANECE

 


Osvaldo Monsalve - Oh fuga oh noche


ELEGÍA 
¿Cómo he de dejar de ser
si el universo me pertenece?
¿si soy la gota de agua
que cae desde el tejado
y soy el invierno que acosa
desde la noche más oscura del otoño?

Esta es una de las preguntas claves de mi ontología personal; pregunta imposible de ser respondida con monosílabos; pregunta que solo puede entenderse como un mensaje dentro de una botella; de una botella sin mar; de una botella sin cielo.

He intentado escribir acerca
del sentido oculto de este poema
Pero me faltan las palabras.
Nunca sabré por qué lo hice.

EL AIRE

No todo lo que somos se desvanece en el aire.

Tal vez de este café amargo no quedará mucho,

o quizás esa lágrima de despedida no fue la única,

al fin el amor, o todo lo que se le parezca

va y viene alimentando el sino de los mortales.

Pero algo, algo queda en el aire.


puede ser una brizna de piel, una mancha roja

sobre la tierra seca, un poema sin pies ni cabeza

leído un siglo después en una biblioteca abandonada;

un tajo de cuchillo que abrirá una mente al mundo,

un grito al vacío transmitido al aire por un eco de fierro.


Entre miles de semillas arrasadas por el viento

una queda atascada en el borde seco de una piedra,

y de ahí nacerán las hojas, y de las hojas nidos,

y de los nidos vuelos de pájaros celestes y sin ojos.

Espíritus del alma tardía, días sin noches de reposo.

No, no sabemos que es lo que queda en el aire


a veces no queda ni un nombre, ni un átomo. Pero sí un gesto.

Una forma de reír, una foto vieja y marchita, un dolor

nunca ido, una respiración suave, un latido lento. Un vacío.

O un beso, entre las bocas de los vivos y los muertos.


El aire, mi viejo, es un legado sin testamento.

De ahí venimos. Ahí estamos. De ahí volveremos.

No todo lo que somos se desvanece en el aire.



LO QUE LA MADRUGADA TRAE CONSIGO

En el centro de tus ojos amiga mía

late hoy un corazón de pájaros y un nido de avenas

anuncios de un eje rutilante,

signos de lo que la madrugada trae consigo


la calle vacía, la nieve en la acera,

un gato muerto en la puerta de nuestra casa

y el anuncio del periódico con una foto

de Donald Trump apuntándome con su dedo más grosero


otra de Putin

con una sonrisa embalsamada

y muy abajo, un niño llorando

entre unas ruinas. En Aleppo.


Fue una buena noche la de anoche, amiga mía

El concierto nos trajo a Brahms y a Beethoven de la mano

La pasta de atún tenía gusto a atún, y el vino a vino

Solo Dios sabe lo que nos espera en este nuevo día


En todo caso

no me gustó para nada 

la mirada

que hoy día tenía el cartero