No todo lo que somos se desvanece en el aire.
Tal vez de este café amargo no quedará mucho,
o quizás esa lágrima de despedida no fue la única,
al fin el amor, o todo lo que se le parezca
va y viene alimentando el sino de los mortales.
Pero algo, algo queda en el aire.
puede ser una brizna de piel, una mancha roja
sobre la tierra seca, un poema sin pies ni cabeza
leído un siglo después en una biblioteca abandonada;
un tajo de cuchillo que abrirá una mente al mundo,
un grito al vacío transmitido al aire por un eco de fierro.
Entre miles de semillas arrasadas por el viento
una queda atascada en el borde seco de una piedra,
y de ahí nacerán las hojas, y de las hojas nidos,
y de los nidos vuelos de pájaros celestes y sin ojos.
Espíritus del alma tardía, días sin noches de reposo.
No, no sabemos que es lo que queda en el aire
a veces no queda ni un nombre, ni un átomo. Pero sí un gesto.
Una forma de reír, una foto vieja y marchita, un dolor
nunca ido, una respiración suave, un latido lento. Un vacío.
O un beso, entre las bocas de los vivos y los muertos.
El aire, mi viejo, es un legado sin testamento.
De ahí venimos. Ahí estamos. De ahí volveremos.
No todo lo que somos se desvanece en el aire.
En el centro de tus ojos amiga mía
late hoy un corazón de pájaros y un nido de avenas
anuncios de un eje rutilante,
signos de lo que la madrugada trae consigo
la calle vacía, la nieve en la acera,
un gato muerto en la puerta de nuestra casa
y el anuncio del periódico con una foto
de Donald Trump apuntándome con su dedo más grosero
otra de Putin
con una sonrisa embalsamada
y muy abajo, un niño llorando
entre unas ruinas. En Aleppo.
Fue una buena noche la de anoche, amiga mía
El concierto nos trajo a Brahms y a Beethoven de la mano
La pasta de atún tenía gusto a atún, y el vino a vino
Solo Dios sabe lo que nos espera en este nuevo día
En todo caso
no me gustó para nada
la mirada
que hoy día tenía el cartero