Mark Carney: EL ORDEN MUNDIAL HA MUERTO



Versión original
Mark Carney se erige en líder occidental contra la sumisión a los Estados Unidos de Donald Trump
Con las gafas de Anna Bosch


Sin mencionar a Trump, Mark Carney se erige en el líder alternativo de las potencias medianas
Carney da por muerto el orden mundial, llama a las potencias medias a reaccionar y construir nuevas alianzas-

De no ser Donald Trump probablemente Mark Carney no sería hoy primer ministro de Canadá, y de no ser por Donald Trump, seguramente el público de Davos no habría aplaudido en pie su intervención.

No es habitual que en el Foro Económico de Davos (Suiza) el público se ponga en pie para aplaudir. No es un auditorio de militantes o seguidores de un artista, sino empresarios, economistas, políticos y periodista que acuden a escuchar lo que se cuece, en público, en el ambiente de las finanzas, la política y la geoestrategia internacional. Suelen aplaudir algunas frases, reír las bromas o ironías, pero consideran las muestras efusivas fuera de lugar, hay que guardar la compostura. El primer ministro de Canadá rompió esa rigidez y lo aplaudieron en pie.

Mark Carney da por muerto el orden mundial, llama a las potencias medias a reaccionar y construir nuevas alianzas frente a las grandes potencias, y pone como ejemplo la política de su gobierno en Canadá.

El Orden Mundial que conocimos murió

El hilo conductor del discurso de Mark Carney ha sido la metáfora de un ensayo de Vaclav Havel, el dramaturgo, disidente del comunismo y más tarde presidente de Checoslovaquia, cuando millones de ciudadanos mantenían rituales del sistema, aun sabiendo que vivían una mentira. Para Carney, la mentira de este momento es seguir actuando como si las relaciones, las alianzas, las organizaciones multilaterales, que han conformado el llamado Orden Mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial, siguiera existiendo.

No, afirma el mandatario canadiense, "dejen de invocar un orden internacional basado en reglas, como si aún funcionara. Llamen al sistema lo que es, un período en que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coacción. (...) El viejo orden no volverá, y no debemos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Desde la fractura podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Es una tarea de las potencias medianas, que son quienes más tiene que perder en un mundo de fortificaciones, y quienes más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina."

El discurso del primer ministro de Canadá es una llamada a otras potencias medianas como Canadá, y muy especialmente a la Unión Europea y al Reino Unido. Aunque a este último no lo mencionara, la alusión fue clara: "Cuando negociamos bilateralmente con el país hegemónico lo hacemos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por quién se acomoda mejor. Esto no es soberanía, es una escenificación de soberanía mientras aceptamos la subordinación. En un mundo de rivalidad entre grandes potencias los países que se encuentran en medio tienen que elegir, competir entre ellos por el favor o entenderse para crear una tercera vía con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos impida ver que el poder de la legitimidad, integridad y las reglas permanecerá fuerte, si decidimos ejercerlo juntos."

Cual Dante a las puertas del infierno de la Divina Comedia, Carney también nos advierte de que debemos olvidar toda esperanza: "Más que esperar a que el poder hegemónico [Estados Unidos en el caso de Occidente] restaure un orden que está desmantelando, hay que crear nuevas instituciones y acuerdos". El objetivo tiene que ser reducir la influencia que tiene la coerción.

Donald Trump ha acelerado el desmoronamiento

Mark Carney detalla el desmoronamiento del viejo orden mundial al que Donald Trump, sin mencionarlo, le ha dado la puntilla: "Estamos en plena ruptura, no en una transición. En las últimas dos décadas, una serie de crisis en las finanzas, la salud, la energía y la geopolítica han dejado al descubierto los riesgos de una globalización extrema. Más recientemente, algunas grandes potencias han empezado a usar la integración económica como arma. Los aranceles, para influir. Las infraestructuras financieras, como coerción. Las cadenas de suministros, como vulnerabilidades a explotar. No puedes vivir la mentira de un beneficio mutuo cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales (la Organización Mundial de Comercio, la ONU, la COP) en las que las potencias medianas han confiado la solución de problemas colectivos están seriamente disminuidas. Los poderosos tienen su poder, pero nosotros también tenemos algo, la capacidad de dejar de fingir, de reconocer la realidad, construir nuestra fuerza en casa y actuar en conjunto".
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Carney va más lejos: el viejo "orden mundial" era en parte una ficción

"Sabíamos que lo de un orden internacional basado en reglas era parcialmente falso. Que los más fuertes del mundo se autoexcluían cuando les convenía. Que las reglas comerciales se aplicaban asimétricamente. Y que el derecho internacional se aplicaba con un rigor variable en función de la identidad del acusado o de la víctima. Esta ficción fue útil, y la hegemonía de los Estados Unidos, en particular, ayudó: abrió vías marítimas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los marcos de resolución de disputas. Así que participamos en los rituales y evitamos denunciar el trecho que había entre la retórica y la realidad. Ese trato ya no funciona".

La tercera vía que propone Mark Carney es un equilibrio entre el reforzamiento de las capacidades de cada país, reducir la dependencia de una economía globalizada, y al mismo tiempo crear alianzas para poder relacionarse con las grandes potencias sin sumisión.

Canadá, como ejemplo

En calidad de jefe del ejecutivo, Mark Carney ha puesto la reacción de su gobierno a ese desmoronamiento como ejemplo. "La cuestión para las potencias medianas como Canadá no es si adaptarnos o no a la nueva realidad. Tenemos que hacerlo. La cuestión es si adaptarnos construyendo muros más altos o si podemos hacer algo más ambicioso. (...) En Canadá estamos construyendo fuerza en el país (...) y estamos diversificando fuera. Hemos acordado una asociación estratégica con la Unión Europea, también en materia de seguridad, hemos firmado otra docena de pactos comerciales en cuatro continente en el último medio año. En los últimos días hemos cerrado una asociación estratégica con China y Catar, y estamos negociando acuerdos comerciales con la India, ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur. Para ayudar a solventar problemas globales buscamos una geometría variable, diferentes coaliciones para cuestiones diferentes, basadas en valores y en intereses".

Mark Carney, de banquero a líder internacional

Tan excepcional como que el público de Davos se pusiera en pie para aplaudir lo es que él se escribiera su discurso íntegramente. Lo habitual es que los mandatarios esbocen unas ideas, unas intenciones y luego sean profesionales de la oratoria quienes lo redacten. Aseguran que no fue el caso de Carney en Davos.

Tal vez porque Mark Carney no es un político al uso. Para empezar, de no ser por la ofensiva de Donald Trump contra Canadá, país al que ha ninguneado y pretendido también anexionar, como Groenlandia, Carney habría sido un candidato frustrado. Hace un año, Justin Trudeau, el llamado en su día Obama canadiense, dimitió para frenar la caída en picado de su partido, el Liberal, centroizquierda, de cara a las elecciones generales. Los conservadores eran los favoritos. Hasta que llegó Trump y el efecto Trump le dio la vuelta a la tortilla.

Hubo primarias en el Partido Liberal y eligieron a Mark Carney, alguien sin carrera como político, pero una sólida trayectoria profesional que lo hacía buen conocedor y navegador de crisis económicas, financieras e internacionales. Carney fue Gobernador del Banco de Canadá, y, más destacable aún, del Banco de Inglaterra, el primer extranjero en ese cargo. En Canadá le tocó lidiar la crisis financiera de 2008 y en el Reino Unido, el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea y todos sus acuerdos.

De líder improbable en Canadá Mark Carney ha pasado en menos de un año a ser primer ministro y, desde esta semana, el faro que muchos en Europa buscaban, para iluminar el camino entre las ruinas del viejo orden mundial en el que el viejo continente floreció en la segunda mitad del siglo XX. (RTV)