De repente el público formado por mandatarios de diversos países se puso de pie y aplaudió entusiasmado. No suele suceder en Davos. Pero esas palabras rompieron el hielo. ¿Qué había pasado? Alguien había dicho una verdad. Sin embargo, y esto es quizás lo más importante, Karl Carney no dijo una verdad que desconociéramos. Todo lo contrario, la sabíamos. Fue algo así como cuando el rey apareció desnudo y nadie lo dijo hasta que alguien se atrevió a exclamar: "el rey está desnudo". Así es: la verdad puede ser sabida por todos, pero no será verdadera hasta que alguien la diga. La verdad no dicha no tiene ningún valor. Es una des-dicha.
La verdad de Carney
¿Qué es lo que dijo Carney? Esto:
".....dejen de invocar un orden internacional basado en reglas, como si aún funcionara. Llamen al sistema lo que es, un período en que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coacción. (...) El viejo orden no volverá, y no debemos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Desde la fractura podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Es una tarea de las potencias medianas, que son quienes más tiene que perder en un mundo de fortificaciones y quienesmás tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina."
Y luego agregó:
"Cuando negociamos bilateralmente con el país hegemónico lo hacemos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por quién se acomoda mejor. Esto no es soberanía, es una escenificación de soberanía mientras aceptamos la subordinación. En un mundo de rivalidad entre grandes potencias los países que se encuentran en medio tienen que elegir, competir entre ellos por el favor o entenderse para crear una tercera vía con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos impida ver que el poder de la legitimidad, integridad y las reglas permanecerá fuerte, si decidimos ejercerlo juntos."
Y para rematar, Carney culminó con estas frases:
"Estamos en plena ruptura, no en una transición. En las últimas dos décadas, una serie de crisis en las finanzas, la salud, la energía y la geopolítica, han dejado al descubierto los riesgos de una globalización extrema. Más recientemente, algunas grandes potencias han empezado a usar la integración económica como arma“ (.....).No puedes vivir la mentira de un beneficio mutuo cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales (la Organización Mundial de Comercio, la ONU, la COP) en las que las potencias medianas han confiado la solución de problemas colectivos están seriamente disminuidas. Los poderosos tienen su poder, pero nosotros también tenemos algo, la capacidad de dejar de fingir, de reconocer la realidad, construir nuestra fuerza en casa y actuar en conjunto".
Carney se estaba refiriendo, sin lugar a dudas, al Occidente político hegemonizado desde y por EE UU. Pero seamos justos: el orden mundial basado en reglas al que se refiere Caney no lo rompió Trump. Trump solo aceptó el reto planteado originariamente por Putin el año 2022 cuando decidió invadir Ucrania. Trump y su grupo percibieron, a partir de ese acto, que Putin no actuaba de acuerdo con las reglas impuestas después de 1945, en el fin de la Guerra Mundial: Un orden basado en la dicotomía entre el mundo democrático y el mundo comunista.
La coexistencia entre la URSS (y China) y EE UU (y Europa) se dio frente a un peligro existencial en la era atómica recién iniciada y corroborada despiadadamente por Truman en Hiroshima y Nagasaki. La ruptura -así la llama Carney- se dio objetivamente cuando el comunismo desapareció en la URSS, por obra y gracia de la revolución política de Gorbachov, seguida por las revoluciones democráticas en los países socialistas europeos. Terminaba así un orden mundial, y comenzaba otro que tarde o temprano reclamaría una legislación diferente a la que había prevalecido hasta los años 1989-1990.
En el intertanto, porque no teníamos otra, seguíamos aceptando la misma legislación internacional de la desaparecida Guerra Fría. Putin, como está dicho, rompió con ella. Hasta ese entonces solo China venía reclamando una legislación mundial adecuada al nuevo orden de cosas. Los EE UU se mantuvieron fiel a la antigua, algo que para el presidente Biden estaba muy claro cuando trazó una línea divisoria entre dictaduras y democracias para señalar el principal antagonismo de nuestro tiempo.
Hoy Trump sigue la línea de Putin y no la de Biden. Si el antiguo orden mundial no existe, y ahora no hay otro, tenemos que crearlo del mismo modo como las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial crearon uno. Ese nuevo orden volverán a hacerlo las grandes potencias compitiendo, o guerreando (en guerras de representación) entre ellas. En fin, el nuevo orden mundial, como el orden que ya se fue, será imperial o no será. Por eso Trump está modelando un orden mundial conveniente para EE UU.
Davos, donde los gobernantes más prominentes suelen pronunciar aburridos discursos sobre la economía mundial, pasó a ser de repente una especie de templo de la verdad.
Macron antes de que interviniera Carney ya había debutado con un aguerrido discurso sobre los deberes de Europa ante los nuevos desafíos y la necesidad de levantar una alternativa a los tres imperios a fin de de convertir a esa Europa en un bastión de los derechos humanos. Todos aplaudieron con bríos. Pero seguro, pensaron, entre ese "deber ser" de Macron y ese "ahora ser" de la actual Europa, había una distancia enorme. Esa verdad, la que duele, la que no dijo Macron, debía ser dicha. Y fue dicha.
La verdad de Zelenski
Cuando habló Volodomir Zelenski, la mayoría de los asistentes creía en que, como suele ocurrir, el presidente ucraniano iba a dar agradecimientos por la ayuda a Ucrania de los países europeos y de los EE UU, más algunas frases combativas, y que por supuesto, iba a denunciar los crímenes de Putin. Lo que no nadie esperaba era que Zelenski se iba a tomar el derecho, no solo como presidente de un país, sino como lo que también es: un ciudadano europeo, para criticar a los propios países europeos. Todo lo que dijo Zelenski fue verdad. De modo inesperado Zelenski comenzó hablando no de Ucrania sino de Groenlandia e Irán. En los dos casos mostró la impotencia política de Europa. Dijo Zelenski:
"Recientemente, todo el mundo ha centrado su atención en Groenlandia. Está claro que la mayoría de los dirigentes simplemente no saben qué hacer al respecto. Todo el mundo parece estar esperando a que Estados Unidos se calme, con la esperanza de que esto pase, pero ¿qué pasará si no es así?” Y agregó:
“Se
ha hablado mucho de las manifestaciones en Irán, pero han sido
sofocadas con sangre. El mundo no ha ayudado lo suficiente al pueblo
iraní. Se ha mantenido al margen. En Europa han sido las fiestas de
Navidad y Año Nuevo, las vacaciones. Cuando los políticos volvieron
al trabajo y empezaron a formarse una opinión sobre el tema, el
ayatolá ya había matado a miles de personas".
"¿Y
qué será de Irán tras este baño de sangre? (…..)
Si
el régimen sobrevive, enviará una señal clara a todos los tiranos:
si matas a suficientes personas, permanecerás en el poder".
Más adelante, Zelenski ridiculizó a los alardes europeos en contraste con su real impotencia. Leamos algunos párrafos:
"Hoy, Europa se basa únicamente en la convicción de que, si surge un peligro, la OTAN actuará. (.....)Pero nadie ha visto realmente a la Alianza en acción. Si Putin decide apoderarse de Lituania o atacar Polonia, ¿quién reaccionará? (…..) Si envían 30 o 40 soldados a Groenlandia, ¿de qué sirve? ¿Qué mensaje envía eso a Putin, a China? (.....) Y, sobre todo, ¿qué mensaje envía a Dinamarca, el más importante, su aliado cercano? (.....) Con demasiada frecuencia en Europa, siempre hay algo más urgente que la justicia.(.....)
Zelenski también se refirió a Venezuela.
"El presidente Trump llevó a cabo una operación en Venezuela y Maduro fue detenido. Las opiniones divergen al respecto, pero el hecho es que Maduro está siendo juzgado en Nueva York. Lo siento, pero Putin no está siendo juzgado" .
Al final Zelenski mostró las razones por las que Europa no puede ser un socio fiable para Ucrania y, por lo mismo, él no tiene más alternativa que aceptar las condiciones que impone Trump. Aunque no le agrade. Con demasiada frecuencia -dijo- "los europeos se enfrentan entre sí, los líderes, los partidos, los movimientos y las comunidades, en lugar de unirse para detener a Rusia, que causa destrucción en todo el mundo" (....) "En lugar de convertirse en una verdadera potencia mundial, Europa sigue siendo un caleidoscopio de potencias pequeñas y medianas, magnífico pero fragmentado. En lugar de tomar la iniciativa de defender la libertad en todo el mundo, especialmente cuando la atención de Estados Unidos se centra en otros lugares, Europa parece perdida tratando de convencer al presidente estadounidense de que cambie. Pero él no cambiará".
La verdad de Zelenzki no era la de la mayoría de los gobernantes europeos. Su verdad era la de un mandatario de un país invadido, atacado y masacrado. La verdad de los europeos, parece decirnos, no puede ser la verdad de Ucrania aunque Ucrania sea tan europea, o más, que todos los países que conforman la UE. Pero él ha llegado a la conclusión de que Europa no está preparada para actuar unitariamente en contra de Rusia, que sus gobernantes rara vez llegan a un acuerdo común y, no por último, que están siendo erosionados desde dentro por partidos trumpistas y/o putinistas. Europa, en breve, no está a la altura de las circunstancias. Puede que alguna vez llegue a estarlo. Pero entonces será demasiado tarde.
La verdad de Zelenski es la de un presidente que en dos días más iba a ser envuelto por Trump en las conversaciones que por primera vez tendrán lugar entre delegados rusos y ucranianos, en Abu Dahbi. Sabía, por lo tanto, que ningún país europeo está en condiciones de asegurar militarmente las garantías en caso de que se llegue a un acuerdo acerca de un posible alto al fuego. El único que puede hacerlo es EE UU, quiéralo o no. La verdad de Zelenski es la de la realidad que vive Ucrania y no la que vive la mayoría de los países europeos. Por eso, la verdad de Zelenski, no será ni puede ser absoluta ni moral. La suya es una verdad política, es decir, una verdad mediada por las circunstancias que vive Ucrania.
¿En qué se diferencia la verdad política de la verdad moral? Esa diferencia nos la aclaró, ya hace bastante tiempo, Hanna Arendt.
La verdad política según Hannah Arendt
Las ideas expuestas por Hannah Arendt acerca de las relaciones entre verdad y política, no solo en círculos académicos, también en los políticos, son ampliamente conocidas, aunque, como suele suceder, no han sido siempre bien entendidas. Entre los textos publicados por Hannah Arendt sobre el tema, hay que destacar dos: Política y Verdad en la Política, y La Mentira en Política
El punto de partida de Arendt es que política y verdad nunca se han llevado demasiado bien. Incluso la política -digo yo: tan lejos de Dios y tan cerca de la guerra- es vista por muchos, aduce Arendt, como un arma inevitable en el uso político. Eso hace que la verdad en la política ea muy frágil, pues allí las verdades de opinión suelen confundirse con las verdades de hecho (o verdades fácticas). Esa diferencia es fundamental para Arendt.
Por ejemplo, si decimos, Putin ha invadido a Ucrania, estamos diciendo una verdad de hecho. Una verdad que al ser tan verdadera no admite apelación. Los hechos están ahí, no se pueden ni siquiera discutir. Pero si decimos, como dice Putin: "nos hemos visto obligados a invadir a Ucrania debido al crecimiento de la OTAN"; o peor: ocupamos Ucrania porque "Ucrania es étnica y culturalmente rusa"; o todavía peor: "Entramos a Ucrania para liberarla del fascismo", estamos escuchando simples verdades de opinión.
Las verdades de opinión son discutibles, y cuando las usamos como verdades de hecho, estamos faltando a la verdad. Por eso, afirma Arendt, si las verdades de opinión sustituyen a las verdades de hecho, destruimos el principio de la verdad. Las verdades de opinión, por supuesto, forman parte de la discusión política. Pero cuando sustituyen a las verdades de hecho, la discusión pública, que es la de la política, ha sido clausurada. Por eso, determina Arendt, la conversión de las verdades de opinión en verdades de hecho es propia a los regímenes totalitarios.
Hoy hablamos de post-verdad, vale decir, de una opinión superpuesta al hecho, una que borra o elimina al hecho y que debe ser asumida como si fuera hecho y no opinión. Sabido es, por ejemplo, que en Rusia estaba prohibido hablar de "la guerra" en Ucrania y había que nombrarla como "operación especial". Si alguien se equivocaba, iba a parar de cabeza a la cárcel.
La lucha política democrática, a través del entrecruzamiento de diversas opiniones, es fundamental para conocer las verdades, opina Arendt. Las opiniones parten desde distintos puntos de vista. En la conferencia de Davos, es un ejemplo, los puntos de vista del Carney se diferenciaba en algunos puntos de los de Zelenski, sin ser contrarios. Y es evidente, Carney argumentaba con la vista puesta en Canadá y Zelenski con la vista puesta en Ucrania. No podía ser de otra manera.
La realidad -aducía de modo fino Arendt- es siempre una realidad compartida en un espacio compartido. A través de las opiniones sobre el mundo, compartimos el mundo. Por lo tanto, y este es el hueso de la argumentación de Arendt, para compartir el mundo, cada uno de un modo diferente, necesitamos que nuestro espacio de opinión sea plural, y luego, democrático. En cambio, la repetición constante de una no-verdad, o de una mentira, destruye el piso común del espacio político. Cada uno lo puede observar a su manera; cuando no podemos diferenciar el bien del mal, cuando no podemos llamar crimen a un asesinato, cuando aceptamos que la guerra que llevaba a cabo Trump en el Caribe era en contra de las drogas, estamos faltando a la verdad. La mentira ha sido usada como herramienta política, diría en este caso Arendt.
Podemos justificar o no las mentiras de Trump. Lo único que no podemos decir es que esas mentiras son verdades. Por lo demás, que sus mentiras no eran verdades lo ha demostrado el mimo Trump. Desde que capturó a Maduro ya no habla más de las guerra al narcotráfico. La mentira, para Trump, es un arma y puede usarse cuando es puesta al servicio de “su” verdad, si esa supuesta verdad quiere ser alcanzada. Esa es la diferencia con Putin para quien la mentira está siempre puesta al servicio de la mentira. La diferencia es obvia. Putin es un dictador totalitario y no tiene que dar cuentas a nadie. Trump, aunque tal vez quisiera serlo, no es un dictador totalitario. Es un presidente elegido que, quiera o no, debe dar cuentas a la opinión pública y a las instituciones de su nación.
La verdad venezolana
El fin del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela marca un punto histórico de inflexión, sea en las relaciones de EE UU con esa nación, sea con el resto del mundo. En ese sentido es interesante observar que el presidente Trump ha conectado en el mismo tiempo dos sucesos muy diferentes. El derribamiento vía militar del dictador Maduro y la ocupación que pretende llevar a cabo Trump en Groenlandia. Por esa razón, en lo que respecta a Venezuela, es decisivo ajustarnos a la verdad de los hechos y no a la verdad de las opiniones, tal como recomendaba hacer Hannah Arendt.
¿Cuáles son las verdades de hecho en Venezuela? Intentemos hacer un listado de algunas que nos parecen principales.
1. El 3.01. 2025 el dictador Maduro fue extraído junto con su esposa Cilia Flores -mediante una maniobra que contó con una muy débil resistencia militar- para ser procesado en los EE UU. Los delitos sobre los que deberá dar cuenta no han sido todavía especificados en ninguna acta judicial.
2. La protesta internacional al hecho de la extracción de Maduro fue muy débil. Algunos gobiernos europeos, solo para cumplir con las formas, manifestaron su contrariedad con el método empleado, aunque todos coincidieron en que Maduro era uno de los más perversos dictadores del planeta. Putin protestó un día y después se olvidó del caso. China elaboró un documento acerca de la autodeterminación de las naciones, pero tampoco volvió a insistir sobre el tema.
3. La extracción de Maduro puede ser enmarcada con acuerdo a los términos expuestos en el documento sobre "la seguridad interna de los EE UU" en donde el gobierno de esa nación, siguiendo algunos puntos de la Doctrina Monroe, declara la necesidad de impedir que América Latina sea interferida por fuerzas que no provengan del hemisferio occidental. En Venezuela, como es sabido, actuaban profesionales y servicios secretos cubanos, técnicos y militares rusos e iraníes, y –sobre todo- finanzas chinas.
4. El presidente Trump eligió el camino de respetar que la presidencia fuera asumida por la vice Delcy Rodríguez. Es un hecho ya aclarado que, antes de la extracción a Maduro el gobierno norteamericano, así como la CIA, mantenían contacto permanente con los hermanos Rodríguez y con el segundo del régimen, Diosdado Cabello. Se ignora si esos contactos también involucraban a algunos personeros de las fuerzas armadas venezolanas.
5. El presidente Trump desestimó la alternativa de llevar al gobierno a Edmundo González, quien según las actas constitucionales ganó ampliamente las elecciones presidenciales del país el año 2025. La líder de la oposición, María Corina Machado, ha sido puesta fuera del juego político por el gobierno de los EE UU, pese a sus infructuosos intentos por asumir un rol protagónico, entre los que se incluye la donación del Premio Nóbel de la Paz al presidente Trump. Trump prefirió entenderse con el gobierno chavista, en comunicación directa con la presidente Delcy Rodriguéz, calificada por Trump como una "mujer estupenda".
6. Existe de hecho un pacto no escrito entre el gobierno de Delcy Rodríguez con el gobierno de Trump. Ese pacto abarca concesiones petroleras a los EE UU y, a la vez, concesiones políticas entre las que se cuentan la liberación de una parte de los presos políticos mantenidos por el régimen de Maduro, más el reciente llamado de Rodríguez a mantener comunicaciones con la oposición venezolana.
7. Venezuela no vive una transición política pero sí una transición al interior del chavismo. Si ello culminará en una transición hacia la democracia, nadie puede saberlo todavía, entre otras cosas porque la política ultrarrepresiva de Maduro estaba encaminada a despedazar a la oposición dentro del país y a que la líder María Corina Machado cifró todas las expectativas en una intervención norteamericana en desmedro de cualquiera alternativa de oposición interna. Hoy existe un vacío de oposición al interior de Venezuela. Si ese vacío será llenado o no, corresponde a las libertades de opinión.
8. La extracción de Maduro desde Venezuela marca el inicio de una nueva expansión económica, territorial y política norteamericana. Si antes de la intervención EE UU era una superpotencia sin ambiciones territoriales, hoy, bajo la batuta de Trump, ha sido convertido en el tercer imperio global, junto con Rusia y China. Esta no es una opinión. Es un hecho. Justamente por eso las palabras de Carney y de Zelenski sonaron tan fuerte en Davos.