Osvaldo Monsalve - Croquis
UNA MUJER, UN HOMBRE
Una mujer espera a un hombre,
un hombre busca a una mujer
a través de una caverna,
él oye un gemido, húmedo,
no es el tigre,
es una mujer, él entra
y la noche ya sin ojos
avanza sobre los dos
y los cubre a los dos
hasta que brilla el sol,
más allá de las piedras
Este ha sido al fin el trasfondo que oculta cada poema. No digo poema de amor, sería un pleonasmo, todos los poemas son de amor. Incluso los de odio.
La mujer y el hombre duermen en estos momentos en paz a lo largo de nuestra historia. Tuvieron su noche y sus gritos. Están cansados. Dejémoslos dormir. En esos cuerpos que laten, vive todo el amor del mundo.
EL 23
El 23 estuve de cumpleaños,
uno más, uno más entre tantos años.
Un sol entró por la ventana,
un florero sin agua cayó al suelo,
un crimen horrible anunció la radio,
mi mujer me dio un beso en la boca,
y comenzó el rumbo de otro día.
Soy el mismo de ayer
y a la vez soy tan distinto,
pienso en los caminos recorridos,
hay luces no lo niego,
no todo fue oscuro,
no todo fue tristeza,
ni hastío
pero sí hubo golpes, penas;
y noches.
Una gota de agua rodó
en la ventana,
la mañana avanzó lentamente
hacia la tarde
y los pájaros callaron
con cierto temor
El 23 estuve de cumpleaños
uno más, uno más entre tantos años.
DECLARACIÓN PÚBLICA
No he preferido vivir de pura falsedad
no he dicho sí, cuando había que negar,
no he ocultado crímenes llamándolos razones,
ni elogiado a héroes de plástico; ni de piedra ni de cal.
Creo haberme metido justo en la línea que separa
al demonio de la noche, no he sido siempre fiel,
hay que decirlo, a veces he capitulado,
pero a la hora de decir sí, he dicho siempre no.
Si la tierra es redonda, no lo niego,
solo he afirmado su eterna triangularidad,
el ser, el no-ser y el siendo,
han sido mi santa trinidad.
Cuando llegue el momento de dar cuentas,
ponte tu mejor vestido,
el de las flores del mal
y si te obligan a decir la purita verdad,
dí que he dejado, un murmullo sin recuerdos,
una mano sin lavar,
un hueso partido en tres,
un par de poemas enlatados,
y bajo la lámpara, un beso
recalentado en la “micronda”.
Y si mi casio te apunta la hora
de viajar al otro lado del valle
- lo que es muy improbable -
piensa en los que aman
y al amar, se mueren de amor.