Ernesto Tironi (Chile) - DILEMAS DEL CENTRO POLÍTICO

 


La votación en la elección parlamentaria y presidencial del 21 de noviembre de este acontecido año 2021 nos deja un resultado contradictorio o al menos paradojal. Si bien globalmente dejó un inesperado equilibrio en el Parlamento, también condujo a elegir para la segunda vuelta presidencial a  candidatos de los dos polos extremos. La alternativa que proponían partidos, movimientos y personas que se sitúan más al centro político o distantes de los extremos (entre los que me cuento) fuimos derrotados. Es decir, no hubo en esta ocasión una mayoría de ciudadanos que prefiera o crea factible una opción de centro. En esta circunstancia, y desde la tristeza de una ilusión perdida, me hago dos preguntas: ¿Qué aprendo de esto? y ¿Qué hacer?

Antes de seguir, conviene que explicite a qué me refiero con una opción política de centro. Para muchos, es un término obsoleto, y puede que lo sea. No se trata de una postura tibia, ni de promedios simples, ni de no comprometerse, lo cual puede implicar creer que “todo da lo mismo” o ser una forma oculta de querer que todo siga igual. Por mi parte, adoptar una postura de centro es esencialmente plantear que toda persona o grupo merece ser escuchado y respetado en el proceso de gobierno de una sociedad. Y que una sociedad democrática la construimos cotidianamente entre todos con cada acto, palabra y gesto que hacemos. Como escribió nuestro sabio Humberto Maturana antes del Plebiscito de 1988 en su Invitación a Chile: “Lo importante no está allí (en las opciones ideológicas o políticas de cada uno), sino en nuestra decisión de crear desde ahora un Chile democrático”.  La invitación que nos dejó es a “comprometernos a que ninguno de nosotros intentará apropiarse de la verdad política en la instalación de una dictadura ideológica, económica o religiosa”. En lo concreto significa hacer de Chile un lugar donde los problemas declarados (como el abuso y la pobreza, y agregaría hoy, las pensiones y la Constitución) “sean errores de convivencia que hay que reconocer y corregir, y que se pueden reconocer y corregir sin perder la libertad social”.

Para mí, las conductas de personas, partidos y grupos de centro son aquellas que no ven a los otros candidatos o dirigentes como enemigos a combatir, sino como otros concursantes que tienen miradas distintas sobre los errores a reconocer y corregir. Esto a su vez implica una búsqueda de unir posturas, conciliar, negociar casi siempre, acordar y normalmente equilibrar entre opciones claves como orden social y cambio,  gradualidad y rupturas, e  igualdad y crecimiento económico. Una opción de centro es elegir ser puente entre posturas diferentes. Es elegir no buscar imponer las propias ideas o posturas, sino negociar la combinación de las propias y ajenas que las potencie a ambas.

En mi caso aprendo, primero, que construir una opción política de centro es hoy mucho más compleja de lo que creía. En cierto sentido, volvimos a los tres tercios de 1970 que nos llevó a la Unidad Popular, con la población fuertemente inclinada por opciones ideológicas totalizantes extremas. La principal diferencia ahora es que el centro quedó dividido entre los partidos y las figuras de Parisi, Sichel y Provoste que sumaron 36% de los votos, comparado con 28% de Kast y 26% de Boric. En 1970 no teníamos la segunda vuelta Presidencial, que será la manera de dirimir entre las dos primeras mayorías en vez del Parlamento, como fue en esa ocasión. Muchos hemos creído hasta ahora que de haber tenido esa norma constitucional habríamos evitado tener el gobierno de la UP, el Golpe y Pinochet. Quizás. Falta todavía ver cómo resulta ahora el balotaje, y si eso nos evita un futuro de confrontaciones políticas, violencia, incertidumbre y estancamiento económico. ¿Ayudará el balotaje a que los candidatos y alianzas políticas se centren genuinamente? ¿Ayudará a detener la violencia y las batallas de los últimos dos años?

En segundo lugar, creo aprender que una postura política de centro como la que he descrito sólo podría ganar si convoca a mucho más gente a votar; sobre el 60% del padrón, o como 20% más que los actuales votantes. Para que eso sea posible pienso que el proceso eleccionario debe ser mucho menos confrontacional que los actuales. Nuestros debates en televisión, por ejemplo, los considero hoy una vergüenza pública. Su principal efecto es que más gente decida no votar, porque “¿qué saco con meterme en una cosa que consiste en peleas entre gente que no conozco y no hablan de nada de lo que me preocupa a mí?”, como me dijo alguien recientemente. Los debates no son más que una competencia de egos: de quién es más astuto y deja más mal parado al otro, lo golpea con ciertas frases (ya que no puede con los puños o una manopla), y el público participa igual que el antiguo pueblo romano ante los gladiadores en el Foro. Por supuesto que los principales responsables son los dueños y productores de TV junto con los periodistas que ocupan un espacio y tiempo desproporcionado, ayudando así a la degradación del proceso. También es un problema de nuestra cultura actual.

Aprendo también que construir una opción de centro como la concibo involucrará fundamentalmente un proceso de educación cívica masiva de nuestra población para lograr una comprensión y participación más vasta y consciente en la conservación y mejoramiento de nuestra democracia y sistema de elecciones. La escasa participación actual muestra el déficit de nuestro sistema educacional en este ámbito. Pero no es sólo eso: se necesita además un compromiso primario de cada candidato con esta tarea. “Gobernar es educar”, y la tarea de gobernar comienza al ser nombrado candidato. Necesitamos que participen en este proceso personas de alto nivel, no sólo profesional sino de solidez personal, paz interior y desapego. Cuando como individuos pasamos por momentos difíciles y debemos tomar decisiones complejas en nuestra vida, es a personas como esas que recurrimos para que nos aconsejen cómo seguir.

En fin, creo que hay mucho por aprender para colaborar bien a constituir un mejor país donde vivir. Me concentro en eso estos días, sin prisas por elegir entre dos males cuál es menor. Prefiero esperar qué me revela mi tristeza y darle opción a cada uno de cambiar a algo mejor. Observo abierto a cada uno, y celebro agradecido conservar un sistema democrático donde elijamos juntos a quien consideramos mejor, y que en cuatro años tenga la tranquilidad de poder cambiarlo si no resultó.