Adriana Moran - HAY QUE VOLTEAR LA MIRADA



Un nuevo llamado a la calle pretende unir a la oposición democrática en torno a ese movimiento que empezó en enero e insuflarle aire a un proyecto que se asfixia y que ya no logra conectar con las expectativas de la mayoría. Ese chaleco de fuerza en el que se convirtió la ruta de tres pasos se ha ido estrechando progresivamente alrededor del cuello de sus creadores y amenaza con estrangularlos mientras insisten en el cese de la usurpación como única razón para marchar, como único punto negociable, como única consigna y en general, como única razón de ser de una oposición que se aparta cada vez más de los que ya no encuentran cómo creer en ese inalcanzable primer punto. 
El chavismo ha dicho muchas veces que no se irá nunca y en cierta forma es verdad. Va a pelear para asegurarse un lugar lo más grande posible en la vida política del país, porque nos guste o no nos guste, el lugar permanente en la historia, amado por unos y repudiado por otros, ya lo tiene asegurado. Lo que no es cierto es que se va a quedar en el poder para siempre. Al menos no mientras haya una fuerza política lo suficientemente articulada, no para aniquilarlo o borrarlo del mapa, sino para disputarle electoralmente el poder al que se aferra. 
Despojarse de camisas de fuerza autoimpuestas, apartarse de las frases inútiles, de los monstruos que ellos mismos crearon para desestimular la unión y la participación y de la fantasía alimentada por los extremistas que quieren invasiones que no se producirán, es imprescindible para entender que ya no podemos seguir esperando por los promotores de gobiernos etéreos con cargos sin poder real, con embajadores sin embajadas, y con un apoyo internacional que ya no encuentra nada que apoyar aparte de imponer más y más sanciones porque no estamos haciendo nada. 
Voltear la mirada hacia adentro y trabajar con lo que tenemos para construir opciones reales que puedan ser apoyadas de forma efectiva desde afuera y nos permitan competir electoralmente en las mejores condiciones posibles para ser la fuerza política que nos merecemos ser, pasa por escuchar a quienes estén dispuestos a decirnos la verdad y a trabajar en base a realidades. No a quienes esperan estar en democracia para elegir, sino a los que elijan seguir el camino para construirla.