Adriana Moran - EL TODO Y LA NADA



    El problema no es solo que estemos frente a un juego trancado. El problema es que el telón de fondo de ese juego es una tragedia que se está comiendo los cimientos mismos de la sociedad que conocemos. Que la situación de millones de venezolanos es muy mala y amenaza con ser peor. En medio de la parálisis, se buscan culpables por los rincones, se insulta y se descalifica, se recurre al asco y a la náusea para describir al otro y todo esto, sin moverse un centímetro, sin la mínima intención de dar un paso más allá de la terquedad repetida que ya acumula demasiados fracasos. 
    Dividir a la oposición en verdadera y falsa fue una estrategia implementada por el sector más extremo desde hace tiempo y estimulada desde el poder. Usada ahora por otros para seguir aferrados al todo o nada que se parece cada vez más a nada, es una actitud que terminará alimentando a ese extremo y alejando cualquier oportunidadá de destrancar ese juego que tiene atrapados a millones entre un régimen probadamente indolente y una oposición que no encuentra como articularse por encima de sus diferencias para enfrentarlo. 
    Nadie ha dicho que tengan que quererse, ni siquiera que tengan que caerse bien. Todos lo que han logrado algo en la política en medio de situaciones complicadas, lo han hecho pasando por encima de sus preferencias personales, de sus gustos y sus cercanías. Han buscado siempre ese punto en cual los distintos son capaces de coincidir en el objetivo común para enfrentar al adversario que se alimenta de esa división del contrario, que promueve esas diferencias y las hace visibles para tener ante sí un conjunto de islas naufragando en un mar de soberbia. Todos los que han logrado algo que beneficie a sus pueblos en política, han sido capaces de trascender sus aspiraciones personales, sus pequeñas pasiones, para marcar un rumbo que le de a su gente una opción real de triunfo. 
    Enfrascados en tener la razón más allá de la razón misma, y sin la capacidad de conducir algo más grande que sus reducidos grupos de pensamiento idéntico, no habrá ninguna posibilidad de destrancar el juego. Del todo o nada, nos quedaremos, definitivamente, con nada.