Adriana Moran - CALLES CIEGAS


¿Cómo traducir ese movimiento de apoyo a Juan Guaidó en fuerza efectiva para conseguir nuestros objetivos? Esa debería ser la pregunta que nos planteemos antes de más allá de toda racionalidad. ¿Negarnos a nosotros mismos toda oportunidad de triunfo? Es tan peligroso subestimar la importancia de lo conseguido por la oposición en los primeros meses de este año, como sobrestimarla y creer que recitando una ruta prefijada ella ejercerá por sí misma la presión necesaria para que los resultados coincidan con nuestros deseos. Si no hemos aprendido nada en este duro y largo camino de aciertos y errores que hemos transitado, no nos bastarán las urgencias dictadas por una crisis insoportable para conjurar el mal y salir de este laberinto. Tenemos a nuestro favor ser la mayoría descontenta que quiere cambiar. Tenemos también la manifestación inmensa de respaldo que se ha dado a lo ancho y largo de todo el país al liderazgo emergente de Guaidó. Contamos con el apoyo de muchas democracias del mundo que ponen sus ojos en nuestra tragedia y en esa voluntad de cambio mientras condenan al dictador. Y tenemos, además, una experiencia conseguida con dolor y hasta con sangre que debería servir para aprender de viejos errores.

Es posible que no tengamos muchas más oportunidades para usar esta fuerza de mayoría en el futuro si decidimos usarla como amenaza en lugar de darle un sentido de lucha real por el reclamo de nuestros derechos desde la civilidad. Es posible también que el interés de esas democracias foráneas que nos apoyan se vaya perdiendo en el desgaste que causan las incongruencias y las pugnas internas entre iguales. Y es muy posible, sobre todo, que ese mismo liderazgo que hoy apuntala nuestra lucha se vaya debilitando si se insiste en seguir caminos que no llevan a ninguna parte, calles cerradas que ya antes hemos transitado para chocar de frente con la frustración y quedarnos con la furia intacta.

Evitar esas calles ciegas y organizarnos políticamente para que las diferencias que tenemos y siempre tendremos entre nosotros no sean más fuertes que la coincidencia en el objetivo común del que depende nuestra supervivencia debería ser el objetivo que nos reúna en torno a Guaidó.

Por lo pronto, mostremos una vez más esa voluntad de cambio que nos une en las calles este primero de mayo.