Fernando Mires - EDITORIAL - A NICANOR PARRA


Para mí -aunque no solo para mí- Nicanor Parra es a la poesía chilena lo que Nietzsche es a la filosofía alemana: un punto de ruptura, en este caso, no como Nietzsche, con la filosofía clásica, pero sí con la poesía clásica. 
Como toda ruptura literaria, la de Parra no está exenta de violencia, de exageraciones, de anáquicas provocaciones e incluso, injustas ofensas. Pero no por eso deja de ser la suya, su anti-poesía, radicalmente necesaria. Donde todo era Neruda, Parra encendió otra luz y con ello salvó a la poesía chilena de sí misma. Y hasta Neruda, creo yo, lo agradeció. En su colección Extravagario por ejemplo, Neruda, noble y derecho hasta en sus errores, dejó de ser nerudiano y se nos convirtió de pronto en un parrista consumado. Fue el homenaje de un gran poeta a un gran anti-poeta. En este punto la historia se repite un poco: Quevedo, anti-gongoriano por excelencia fue en algunas ocasiones más gongoriano que Góngora así como este último combatió, pero a la vez gustó mucho del primero. Porque "pa qué andamos con cosas": la anti-poesía parrista fue profundamente anti-nerudiana y al serlo fue, inevitablemente, nerudiana.
La poesía chilena tiene una tremenda deuda con Nicanor y su expedición libertadora. Esas son las razones por las cuales hoy, 27.01.2018, doy a conocer en mi portal POLIS las opiniones que sobre Nicanor Parra emitieron tres insignos parristas: Enrique Lihn, Roberto Bolaño y el propio Nicanor sobre sí mismo.
Fernando Mires