“(...) cuando los constituyentes estén proclamados,
inmediatamente ocuparán el capitolio, les levantarán la inmunidad a los
diputados vendepatria, sacaremos de la fiscalía a la traidora y nadie, nadie,
podrá oponerse a las decisiones del poder pleno y absoluto de la constituyente”
(Dcabello)
Ya se cumplen casi tres meses de pérdidas
humanas y materiales y una conflictividad sostenida, con heridas que como
sociedad son cada vez más profundas.
Esta
guerra contra lo civil viene armándose desde hace tiempo. En el camino:
pobreza, humillaciones, discriminación, más delincuencia que nunca –la de
siempre y la de cuello rojo–, familias rotas...
Hay que hablar, hay que (tratar de)
negociar. Difícil cuando un grupo no quiere (cuestión de supervivencia,
aferrarse al poder a cualquier precio), y cuando el otro ya ha puesto sobre la
mesa lo que puede ofrecer: vidas, heridos, presos y gente en la calle.
La historia familiar me hace sentir mucha
tristeza cuando veo la ligereza con la que algunos se refieren a una guerra civil.
Antes de que ésta llegue, en este largo proceso, la ANC debería ser la última
parada, la bofetada que no estamos dispuestos a recibir.
Cada
vez más distanciados de los puntos de encuentro si la situación la vemos como
enfrentamiento entre dos bloques: el que está en el poder y el que quiere
remplazarlo. Así es si vemos solo el campo de los contendores políticos: el
gobierno, por un lado, y los partidos políticos que giran en torno a la MUD.
Sin
embargo, la experiencia histórica indica que para que ocurra exitosamente una
transición (una transición exitosa nunca será un golpe militar que cambie unos
gorilas por otros, no hay golpe bueno), para que una transición exitosa ocurra
es necesario que se produzca un acuerdo entre los sectores más moderados de los
campos en pugna. Eso no es fácil, y si no es fácil entre dirigentes, tampoco en
las bases, donde además de penurias y frustración, en estos momentos se
acumulan también rabia y revanchismo. Se trata de que no haya venganza ni
impunidad. Se trata de lograr acuerdos para recuperar la institucionalidad y
promover la nueva cultura cívica y CIVILISTA.
Toda
salida es entrada a otra cosa o a otro lugar. De la manera en que salgamos de
esto dependerá lo que podamos encontrar y construir al día siguiente. Porque si
bien el gobierno ha puesto en el horizonte el 30 de julio como fecha en la
partida de defunción del país, cualquiera sea la forma en que lleguemos a esa
fecha y cómo se desarrollen los acontecimientos ese día, siempre al 30 seguirá
el 31 de julio, "llueva, truene o relampaguee".
Y
estos 18 años transcurridos nos han demostrado que siempre se puede estar
peor...
No sé cuánto absurdo queda en la tinta
del grotesco guionista que hoy escribe tantas torturas, tanta represión, tanta
vileza y desatino (...) Solo sé que cuando terminemos de conquistar la
democracia, y la dictadura abandone las mullidas poltronas del poder, estos
días nunca serán olvidados. Esta inmensidad de días, esta eternidad de meses,
estos larguísimos años, estarán mezclados con nuestra sangre y memoria, con
nuestro pundonor y dignidad, y miraremos hacia atrás, donde quedará relegada
entre escombros y moscas la pesadilla, y diremos que lo logramos, que a pesar
de tanto, fuimos el definitivo triunfo de la civilización sobre la barbarie"-
Adiós doña Bárbara LeonardoPadrón. http://www.caraotadigital.net/ columnistas/la-ventana-32/