Fernando Mires - BIENVENIDOS A LA DEMOCRACIA


La MUD puede y debe estar sometida a críticas; nadie lo duda. Pero no olvidemos que es la máxima representación de los partidos democráticos venezolanos cuya mayoría está representada en la AN. Tampoco olvidemos que esa barbaridad fascista llamada Asamblea Constituyente Comunal fue inventada por la dictadura justamente para destruir a la AN (y por ende a la MUD). La AN, la MUD y la Constitución de 1999 han llegado a ser inseparables
Quien escribe estas líneas, observador y cronista de los sucesos que tienen lugar en Venezuela, no se ha cansado de repetir que hay que saludar a quienes ayer fueron partidarios de Chávez y hoy se alinean al lado de la Constitución. Por lo mismo se ha manifestado en contra de todo intento por cobrar cuentas o exigir disculpas, sea a quien sea, cuando alguien asume la ruta constitucional. 
Quien escribe estas líneas sabe, además, que actuar en política sin equivocarse alguna vez, es absolutamente imposible. Nadie tiene el monopolio sobre la verdad. Eso vale para la oposición, pero también para quienes forman parte del chavismo constitucional. 
Estos últimos tienen todo el derecho, incluso el deber, de presentar y defender sus posiciones, aunque no nos gusten. A lo que no tienen ningún derecho –y hay que decirlo de una vez por todas – es a intentar erigirse como una tercera línea destinada, sabe Dios por qué designio, entre dos males: el chavismo y la oposición. Mucho menos les sienta presentarse como una fuerza cuya misión es despolarizar a la nación. Una polarización que por lo demás no existe.
Una polarización solo aparece cuando hay dos extremos irreconciliables. Pero las fuerzas que representa la oposición no están situadas en ningún polo extremo. Todo lo contrario: cubren a lo largo y a lo ancho la mayor parte del espectro político y social venezolano.
Dentro de la principal organización opositora, la MUD, coexisten las más diversas tendencias y opiniones. La MUD, en contraste con el chavismo, vive de sus diferencias. Esa es la razón por la cual no posee ni debe poseer (y ojalá nunca posea) un concepto de sociedad futura como imaginan tener los miembros del PSUV. Con todos sus defectos, o quizás gracias a ellos, la MUD es la organización más representativa de la política venezolana.
La línea demarcatoria que divide a la nación –dividir es muy distinto a polarizar- fue puesta por el mismo Maduro. A un lado una extrema minoría anti-constitucional incrustada en el aparato del Estado, armada hasta los dientes, contra una inmensa mayoría dispuesta a defender la Constitución de 1999, proclamada por Chávez y subscrita por toda la oposición el año 2007. En términos más simples: entre los que para preservar el poder están dispuestos a destruir el legado más precioso de la modernidad política, el sufragio universal, y quienes en este momento lo están defendiendo con todas sus fuerzas.
Dentro del espacio constitucional hay millones de personas, desde la gran mayoría representada por la MUD en la AN, pasando por los independientes hasta llegar a esa fracción formada por los recién aparecidos chavistas constitucionales. Entre esas personas y sus organizaciones deberá tener lugar el verdadero y quizás único dialogo posible de Venezuela. Mas todavía: si entre ellas logran concertar un acuerdo constitucionalista basado en un pacto mínimo de no-agresión, las horas de la dictadura estarán contadas.
Esa es la razón por la cual es inaceptable el intento de algunos – se subraya, algunos- chavistas anti-maduristas por presentarse ante la opinión pública como jueces supremos entre “las violencias de lado y lado”. Como si los estudiantes que defienden su derecho a protestar y los soldados y francotiradores adiestrados para matar fueran lo mismo.
Mucho menos oportunas son en estos momentos las agresiones a la MUD perpetradas por algunos chavistas-antimaduristas. Hay quienes aducen –quizás para preservar su raída imagen de “izquierda“- que en la MUD hay una derecha apoyada por el uribismo, los EE UU y medios de difusión  españoles y norteamericanos. Lo que podría ser incluso cierto pues dichos apoyos corresponden con el carácter pluripartidista de la MUD. Efectivamente, dentro de la MUD hay una derecha, hay una izquierda y hay un gran centro demócrata y liberal. La diversidad es parte de la naturaleza de la MUD. Y nunca nadie lo ha ocultado.
En el pasado reciente, Solidarnosc en Polonia, los disidentes rusos, y los contingentes democráticos checos representados por Havel, contaron al igual que la MUD de hoy, con el apoyo no solo de liberales y demócratas sino, además, con el de los EE UU y de grupos conservadores repartidos a lo largo del mundo. ¿Será esa una razón para enlodar también a quienes se la jugaron por la causa de la libertad en los ex- países comunistas?
Llama aún más la atención el hecho de que las agresiones “izquierdistas” a la MUD provengan precisamente de intelectuales que nunca escribieron una palabra en contra de las intervenciones de la dictadura castrista en Venezuela, de los que callaron cuando el presidente muerto rendía elogios a los regímenes más sanguinarios de la tierra (Libia, Irak y Siria). En fin, de los que nada dijeron en contra de los mega-acuerdos con la tiranía iraní y mucho menos en contra del padre protector de todas las dictaduras del mundo: Vladimir Putin. Hay algunos –reitero, algunos- ideólogos del chavismo anti-madurista que, viendo la paja en el ojo ajeno, no hacen el menor intento para sacarse la tremenda viga que tienen dentro del propio.
La MUD puede y debe estar sometida a críticas; nadie lo duda. Pero no olvidemos que es la máxima expresión de los partidos democráticos venezolanos cuya mayoría está representada en la AN. Tampoco olvidemos que esa barbaridad fascista llamada Asamblea Constituyente Comunal fue inventada por la dictadura justamente para destruir a la AN (y por ende a la MUD). La AN, la MUD y la Constitución de 1999 han llegado a ser inseparables.
La oposición democrática hoy representada en y por la MUD tiene detrás de sí largas y difíciles experiencias. Encontrar el camino que ahora transita no le ha sido fácil. Constitucional, democrática, pacífica y electoral son sus características principales. 
Naturalmente la oposición puede ser todavía mejor de lo que es. Lo que no necesita son preceptores externos de última hora. Máxime si a ellos nadie les ha pedido una autocrítica. Los intelectuales orgánicos del chavismo post-madurista deberían guardarse “por ahora” sus críticas en el bolsillo de atrás. Tales críticas – en su mayoría infundadas- son en este momento oportunistas, innecesarias y, por si fuera poco, atentan contra la unidad de todos. La modestia debería ser parte de la decencia. Bienvenidos a la democracia.

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