Fernando Mires - LA CONSTITUYENTE DE MADURO





En la historia moderna, los llamados a cambiar de Constitución –no confundir con una reforma constitucional– tienen un carácter fundacional.
Las asambleas constituyentes suelen ser convocadas solo después de una gran ruptura histórica o “cambio de régimen”, o cuando una fuerza social nueva se ha hecho del poder o, sobre todo, cuando una inmensa mayoría exige un cambio histórico destinado a ser plasmado en la letra constitucional. Ninguna de esas condiciones se dan en el reciente anuncio del presidente Nicolás Maduro. Todo lo contrario: su llamado a destruir a la Constitución emerge dentro del marco de las más grandes movilizaciones sociales y políticas que ha vivido Venezuela, pero dirigidas no en contra de la Constitución, sino en contra de la presidencia de Maduro, a favor del respeto de la Constitución de 1999 y, no por último, a favor de la celebración de elecciones según dicta la pauta constitucional.
No se trata esta vez, la de Maduro, de una simple violación, una más de las tantas que ha cometido el régimen a la Constitución nacida en 1999 bajo el gobierno de Hugo Chávez Frías. Tampoco es una reforma constitucional, como la que intentó llevar a cabo Chávez durante el 2007. Se trata –dicho directamente- de una llamado a destruir a toda la Constitución.
La Constitución, el nombre lo dice, es la Carta Magna que constituye a la nación. Es el vínculo que une al Estado –no a un gobierno- con la ciudadanía. Por eso mismo, es más que la suma de sus leyes. Es el sacramento civil que convierte a una población en pueblo y a un pueblo en ciudadanía.
Dictada bajo el chavismo, la Constitución vigente, al haber sido aprobada mediante un acto de soberanía popular, llegó a ser la Constitución de todos los venezolanos. Es como el himno nacional: pertenece a todos los habitantes del país, sin distinción de credos, doctrinas e ideologías.
El llamado artero del presidente a destruir la Constitución de su propio país no obedece a la lógica de un acto fundacional, ni siquiera al intento de dar forma jurídica a una revolución que si existió alguna vez, ya murió. Mucho menos obedece a un clamor o demanda de la ciudadanía, incluyendo a la gente chavista. El de Maduro no es más que una sucia estratagema destinada a anular definitivamente a la Asamblea Nacional e impedir las elecciones solo por el hecho de que las perderá. Es un intento, en fin, para imponer sobre suelo venezolano el orden político vigente en Cuba, en Siria y en Corea del Norte.
No se trata de que la Asamblea Constituyente Comunal, o como se llame el esperpento, sea una monstruosidad legal y política a la vez (su texto, en verdad, es fascista; y del más puro) Se trata del intento postrero de un régimen para mantenerse en el poder, sin elecciones, sin legalidad ni legitimidad, sin vergüenza ni moral. Como sea.
La correcta línea política de la oposición, al exigir la celebración de elecciones periódicas, ha llevado al régimen a chocar estrepitosamente con la Constitución. A la inversa, la oposición se erige, gracias al atentado cometido por Maduro, como la máxima defensora política de la Constitución Nacional.
Así se han dado las condiciones para que surja en Venezuela un amplio movimiento constitucional y constitucionalista a la vez. Uno que trasciende a la propia oposición. Un movimiento nacional que, naciendo desde los partidos, va más allá de los partidos. En fin, un movimiento que integre a las instituciones y organizaciones del país, a mujeres y a hombres, a viejos y a jóvenes, a religiosos y a laicos, a chavistas y a antichavistas, a civiles y a uniformados, a todos en defensa de la Constitución de todos.
Sin intentar vaticinios, puede pensarse que, con su llamado a destruir a la Constitución Nacional, Maduro, sin darse cuenta, ha firmado el acta de su propia defunción política.


Comentarios

  1. Me parece particularmente atinada su percepción. La exasperación por percibir que están tobogán abajo en una caída sin aparente remisión, los hacer incurrir -lo que parece típico en todos los 'finales de juego'- en gruesos errores para tapar otros similarmente bastos. Maduro no citó ni una sola vez la palabra 'universal' para referirse al voto ciudadano; en cambio, mencionó a Mussolini para apadrinar el esperpento corporativo. Aplaudo la idea de resaltar el hecho de que la multitud de ciudadanos que sangra, suda y lágrimea (literalmente) por las calles de Caracas, lo hace en defensa de la CNB, muy chavista inicialmente ella. Muchos otros también se sienten heridos por las perspectivas de extinción de su CNB, chavista, a la que tanto loaron como la 'mejor constitución del mundo'

    En una perspectiva de eficiencia política, me parece que no es poca cosa

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  2. Estimado profesor: Es asombroso que un presidente pueda llamar a un proceso constituyente del modo en que ha hecho Maduro y que rayaría en la frivolidad de no ser tan grave lo que se propone: pulverizar la Constitución Nacional, el legado más sólido que dejó HCHF. Un legado en términos del producto final (la CRBV) y del proceso mísmo que se instituyó para llegar a la aprobación de la carta magna. Maduro le lanzó la bomba atómica al chavismo. Vaya disparate.

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  3. Ante la desesperación, Fernando que acusa la DICTADURA NARCO-TERRORISTA MADURISTA con la imposición de una convocatoria arbitraria y contraria a la CONSTITUCIÒN de 1999 para refundar el estado a través de una Asamblea Constituyente Comunal, el mundo entero, no sólo los venezolanos diseminados por los cuatro puntos cardinales del orbe tienen que alzar su voz y demandar con URGENCIA, la necesidad de frenar al DICTADOR en su afán de destruir la Asamblea Nacional legítima, inhibir las elecciones que no le convienen y alterar de una buena vez y para siempre la estructura del estado tal y como la conocemos. Esto es un S.O.S que tiene que retumbar en las consciencias de los seres humanos que pueden tomar decisiones y modificar el rumbo fatal de los acontecimientos que la DICTADURA pretende imponer.

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