PARRESIA - Un poema en prosa de Bayardo Alexis Ramirez Monagas


Escribo. Si no escribo me muero, no vale la pena vivir. Si no expreso lo que yo quiero, no soy libre. Lo llevo en mi generosa sangre. Amo mi libertad, osadía interior y audacia racional. Escribo para dar fuego a mi espíritu. Escribo con la parresia, palabra de plenitud del Antiguo Testamento  de los Sesenta y del Evangelio en griego, abrazada por las raíces a la sophía, la verdad, la humildad y el martirio. Soy hialino, con sabor a liberación del ser, del cuidado de mi mismo, en mi poesía vista con desconfianza a lo Ramos Sucre, y en mis libros sobre temas-problemas de mi obsesión. 

Desprecio la exaltación rousoniana de la emoción sobre la razón. Desconfío de utopías, torres de espejos. No considero todo posible. Soy de la raza irascible de los poetas. Odi profanum vulgus et arceo, en comunión con la liturgia sacerdotal de la lira de Horacio, Flamen de las Musas, pero defiendo denodadamente con reciedumbre sus derechos, ante el poder omnímodo del Estado. 

Pretende dominar hasta las almas.

Escribo abierta y sinceramente acerca de mi mismo con el corazón o de mis opiniones, con sagrada intransigencia socrática. Sin tolerancia para lo que no se puede tolerar, sin egoísmo o miedo alienante de hablar. No temo decir algo claramente. Todos los creadores son duros para tallar duras maderas.

No sé callar por timidez ni de perífrasis ni hablar crípticamente de prudencia culpable, del silencio cómplice, de ceguera voluntaria. Consciente de los abismos de las Paradojas. Si puede ser puesto en duda, debe ser puesto en duda. 

Soy crítico de mi mismo, sostengo una relación creíble hacia la verdad,  en posición de peligro, de imprudencia, a pesar de San Tomás de Aquino, el Doctor Angélico y su circunspección. Tiendo al pensar distópico. Defiendo la luz de mi alma, insisto en escribir la verdad,  mi obligación cívica. Compromiso conmigo mismo, frente a la Acedia de la sociedad. Sagrada y buena ira de la inteligencia y decencia fundamental. Mot juste de Flaubert. Música a mis oídos.

Más aún, desde mi posición siempre débil frente a quienes me rebelo, en desobediencia o resistencia civil. Soy defensor del amor a la vida, los libros, las flores y derechos, desafío la cultura de la muerte. Así conlleve riesgo de prisión, exilio o muerte al provocar la ira del poderoso. “La verdad engendra el odio” decía Terentius. El escandaloso olor salado de la verdad. En problemas de libertad y tiranía, una estrategia realista exige disciplina austera de pensamiento. Pasión por lo que creo y seriedad ética incompatible con la comodidad psicológica.

Me asalta la fractura continua entre utopía y política como opus incertum y ¿sí el propio realismo entreverado por el azar de la realidad y lo patético de las circunstancias, no es más que otro ideal utópico en el teatro del absurdo como fantasía? como modo de aceptar lo que es imposible saber o el misterio que no podemos conocer jamás, como sueño, aferrados a algo, sin conseguirlo. Lo real es monstruoso. Los poetas amamos lo indefinido de peligro voluntario, aferrados a la rebeldía poética permanente, inconexa y sugestiva. Padecemos desde el Helicón, de irrealidad. 

Digo la verdad. Sé que se trata de la verdad pensada, con reciedumbre de estirpe monaguera. Sé que es verdad porque realmente es verdad, desde el trágico Eurípides hasta la hermenéutica de Foucault, como adaequatio rei et intellectus, con fundamento en la subjetividad del ser humano ¡Como si no existiera alto riesgo de errar, de correspondencias inadvertidas! sin importar, a mode of truth, not of truth coherent and central, but angular and splintered como De Quincey. Soy dado a la franqueza, claro y preciso, emulando a Pablo, al hacer visible situaciones que me trascienden. Amo la lucidez, la cultivo con placer. Laberintos del pensamiento singular, inaudito, indócil e indiscernible. 

Nunca debes perder la vocación de protesta, me enseño un maestro del fuego. Sin que la ilusión del yo me domine. Así predico a mis discípulos en mi ética y consciencia de sencillo maestro de las primeras letras del Juego de Abalorios en el servicio pedagógico del ágora.