Joan Manuel Serrat - LOS MACARRAS DE LA MORAL


Sin prisa pero sin pausa, 
como el "calabobos", 
desde las más tierna infancia 
preparan el cebo: 
«Si no te comes la sopa 
te llevará el coco...» 
«Los tocamientos impuros 
te dejarán ciego...». 

Y te acosan de por vida 
azuzando el miedo, 
pescando en el río turbio 
del pecado y la virtud, 
vendiendo gato por liebre 
a costa de un credo 
que fabrica platos rotos 
que acabas pagando tú. 

Son la salsa 
de la farsa. 
El meollo, 
del mal rollo. 
La mecha 
de la sospecha. 
La llama 
de la jindama. 

Son el alma 
de la alarma, 
del recelo 
y del canguelo. 
Los chulapos 
del gazapo. 

Los macarras 
de la moral. 

Anunciando apocalipsis 
van de salvadores 
y si les dejas te pierdes 
infaliblemente. 
Manipulan nuestros sueños 
y nuestros temores, 
sabedores de que el miedo 
nunca es inocente. 

Hay que seguirlas a ciegas 
y serles devoto. 
Creerles a pies juntillas 
y darles la razón 
que: «El que no se quede quieto 
no sale en la foto...» 
«Quien se sale del rebaño, destierro y excomunión». 

Son la salsa 
de la farsa. 
El meollo, 
del mal rollo. 
La mecha 
de la sospecha. 
La llama 
de la jindama. 

Son el alma 
de la alarma, 
del recelo 
y del canguelo. 
Los chulapos 
del gazapo. 

Los macarras 
de la moral. 

Sin prisa pero sin pausa, 
esos carcamales 
organizan sus cruzadas 
contra el hombre libre 
más o menos responsable 
de todos los males 
porque piensan por su cuenta. 
Sueñan y lo dicen. 

Si no fueran tan temibles 
nos darían risa. 
Si no fueran tan dañinos 
nos darían lástima. 
Porque como los fantasmas, 
sin pausa y sin prisa, 
no son nada si les quitas 
la sábana. 

Son la salsa 
de la farsa. 
El meollo, 
del mal rollo. 
La mecha 
de la sospecha. 
La llama 
de la jindama. 

Son el alma 
de la alarma, 
del recelo 
y del canguelo. 
Los chulapos 
del gazapo. 

Los macarras 
de la moral


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Comentarios

  1. Una exquicita expresión Rousseaniana la de del poeta, pero para los que creemos que el hombre es el lobo del hombre, esos macarras de la moral mantienen a raya a la bestia inmunda que habita en los sótanos de nuestra alma

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