Fernando Mires - SOBRE LA PALABRA DICTADURA (una breve reflexión)





En mi artículo  DOS ERRORES he anotado que definir al régimen representado por Maduro como dictadura no define necesariamente una línea política. Señalaba, además, que la acción política no depende de definiciones duras sino de caracterizaciones descriptivas hechas de acuerdo a los diversos momentos por los cuales atraviesa la historia de un régimen.
Diversas objeciones recibidas me obligan, sin embargo, a insistir sobre este punto.
He dicho que una definición (lógica o jurídica) no determina el curso de un proceso. Si así fuera caeríamos en el nominalismo político. Cierto es que las denominaciones condicionan a la realidad que vivimos. El mundo es inevitablemente palábrico. Pero a la inversa, la realidad que vivimos determina, cambia y altera los nombres de las cosas. Eso ocurre principalmente en el campo de la política. Las definiciones en la política –a diferencias de las de la academia– nacen de experiencias y acontecimientos muy reales.
En la escena académica yo mismo he defendido la tesis de que la Venezuela actual está regida por una dictadura. Ahondando el tema, he agregado que no se trata de una dictadura absoluta sino parcial puesto que la oposición ha logrado conquistar espacios que impiden el avance definitivo del régimen hacia lo que este quisiera ser: una dictadura absoluta y total. No obstante, he reconocido también que las definiciones de la vida política no deben ser iguales a las de la vida académica.
En la vida política venezolana la definición del régimen no puede ser solo resuelta con tipologías sino, además, por el curso de los acontecimientos. La explicación es la siguiente: las palabras en política más que de acuerdo a su significado son usadas de acuerdo a su función.
Para poner un ejemplo no-venezolano: En los países europeos casi todos los movimientos xenófobos ultranacionalistas cumplen con las características propias a los movimientos fascistas. Desde un punto de vista politológico son efectivamente fascistas. Pero desde un punto de vista político son muy pocos los políticos que los denominan fascistas. La razón es obvia: el término fascista puede despertar asociaciones y vivencias altamente peligrosas para la estabilidad política europea. Entre el significado real del término y su intencionalidad funcional, los políticos eligen lo último. Con mayor razón debe ser así en Venezuela.
Hay que tener en cuenta que en estos momentos la gran mayoría de la oposición venezolana ha optado por la vía constitucional revocatoria. El Revocatorio es, o ha llegado a ser, un gran movimiento social y político. Y como es sabido, las salidas del Revocatorio son solo dos: o el régimen acata al RR16, tal cual está establecido en la Constitución, o destruye (“asesina”) al RR16.
La definición política –reitero, política– del régimen depende en consecuencias de la vía que este decida asumir en un futuro muy próximo. Si acata el RR16 no será denominado como dictadura. Si no lo acata, es decir, si intenta destruirlo, no hay más alternativa que llamarlo dictadura. Ahí reside precisamente el sentido y la lógica del RR16.
Destruir al RR16 significará para el régimen destruir el último –repito, el último- puente que separa a una dictadura de una no-democracia. El régimen no solo será una dictadura. Será, además, una dictadura irreversible.
Esas son las razones que obligan a pensar acerca del porqué el RR16 es irrenunciable. Pues, repetimos, el RR16 no es solo una vía. Es antes que nada un movimiento hacia el poder. Un movimiento que habiendo nacido desde la MUD es mucho más que la MUD. Pero aunque algunos sectores (ultra-radicales y dialoguistas) de la oposición quisieran renunciar al RR16, ya es muy tarde. El RR16 ha cobrado vida propia. Hasta en los estadios de fútbol es coreada la palabra Revocatorio.
Si el régimen destruye el RR16 habrá reconocido ante sí mismo y ante la opinión pública internacional -es decir, no solo ante sus opositores- su irreversible condición dictatorial. No habiendo RR16 ese régimen habrá perdido toda su legitimidad. Tanto la interna como la externa. Renunciando a ser revocado, deberá ser derrocado. Recién entonces la palabra dictadura adquirirá la plenitud funcional de su significado político. Solo así podrá ser usada, con toda la legitimidad del mundo, como instrumento de lucha.
Yo creo que así lo entiende la mayoría de los partidos de la MUD. Espero no equivocarme.



Comentarios

  1. Hernando Salcedo Galvis
    Profesor Titular de Educación Jubilado
    Universidad Central de Venezuela
    16/10/2016
    Estimado Señor Mires:

    Su reflexión me parece muy lógica y bien estructurada. Creo que la respuesta al dilema está en dos líneas de su reflexión:

    "Si acata [el régimen] el RR16 no será denominado como dictadura. Si no lo acata, es decir, si intenta destruirlo, no hay más alternativa que llamarlo dictadura. Ahí reside precisamente el sentido y la lógica del RR16." Ante esta conclusión, considero que a pesar de las pocas concesiones que el régimen chavo-madurista ha otorgado a la oposición durante casi 18 años, tales concesiones no han sido suficientes políticamente para exonerarlo de su caracterización como "dictadura". Piénsese, por ejemplo, en la imposición de un sistema electoral en extremo sospechosamente dirigido por un personaje ferozmente cínico y mentiroso, con relaciones no claras respecto de sus relaciones con el gobierno de Cuba, que interviene en los procesos electorales. Costoso en extremo pero ineficiente y evidentemente tramposo, hecho en Cuba bajo la mirada e injerencia de Fidel Castro y aparente asesoría rusa, como parte de un macro plan depredador de recursos que aseguraba una cadena de triunfos técnico-ideológicos, con la sola excepción del "6D", que fue ignorado y pisoteado vilmente. De modo que en el caso venezolano están presentes diversos factores más allá de lo político y lo académico, lo que sentimos desde el primer día de enero de 1999, como la implantación desde fuera y desde dentro de una férrea dictadura qque cambió, según el modelo cubano a todas las fueras armadas venezolanas, adoctrinándolas en el nuevo modelo de ejército político-comunista, violando obscenamente la Constitución Veneolana, mostrando ya los rasgos y funciones de unas fueras armadas no al servicio de la nación, sino de la "revolución bolivariana". Surgía así una férrea dictadura con un ideario grotescamente confuso pero intencionalmente orientado a un fin que se frustró por los cambios operados en Argentina y Brasil, y el tardío reconocimiento internacional de un régimen dictatorial urgido además de los recursos en petróleo y dólares para financiar la "revolución", que, según los planes de Castro se inicia en los años cuarenta del siglo pasado, se concreta parcialmente como prueba piloto en Cuba, con impacto en Colombia y Chile, especialmente. Todo este itinerario conforma lo que denominamos actualmente un régimen dictatorial, que llegó al límite de sus desmanes, atropellos y abusos de poder conocidos por todos durante el presente año.Esto es mucho más que una infame imposición, como lo son los programas de ayuda de cubanos en diversos ámbitos álgidos para la seguridad del Venezuela. Por lo que todo esto presupone, en sus palabras, el significado de dictadura a largo plazo y una función, además dirigida desde un país extranjero. En suma, el curso de los acontecimientos de la felonía de Chávez y Maduro inducida por Castro puede caracterizarse no sólo como una dictadura, sino también como un hecho o intento de colonización de un país cuyo gobierno fue la resultante de un golpe de Estado y varios intentos menores por cambiar un sistema democrático liberal por un sistema al estilo castro-comunista. Así, la salida es desconocer el régimen (Art. 350) y sacar a Maduro y sus cómplices en las próximas semanas, de modo que se realicen elecciones presidenciales en diciembre y en enero de 2017 tengamos un nuevo gobierno democrático e integrado por los mejores hombre y mujeres del país en lugar del degredo incompetente que nos ha destruído y convertido en un vulgar narcoestado.

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  2. Estimado profesor.
    Los venezolanos deberíamos estar eternamente agradecidos por su interés supremo de que salgamos de nuestros problemas políticos.
    Sin embargo, permítame discrepar un poco. Me parece que usted, magnifica al Revocatorio. Considero que él es solo una entre varias opciones tácticas de la oposición venezolano. Tal vez, no la mejor.
    Si no hay revocatorio, no creo que se nos acabe el mundo a los venezolanos. Podría ser una derrota política, pero nada más.
    Si se hace en 2017, tampoco creo que sea una fatalidad. De alguna manera, el régimen podría debilitarse más.
    Comparto la definición de este tipo de regímenes que hace el argentino Ricardo Rojas (@rmrojas) como "regímenes autoritarios de base democrática". Si no ha leído su libro sobre el tema, le recomiendo que lo haga.
    Saludos desde Maracaibo, Venezuela.

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