Karen Entrialgo - "DESGOBIERNO Y OPERACIÓN SEMIÓTICA ESPECIAL"

Sobre lo añadido a mano por Elon Musk al playbook de las autocracias 

29 de marzo de 2025


Con el nombre de "operación militar especial" fue que Putin anunció la toma de Kiev en solo tres días. El eufemismo pretendía no llamar mucho la atención ni alterar la tranquilidad de una población rusa profundamente despolitizada. Muy pronto, sin embargo, según pasaban los días, se dio a conocer una ley tipificando como delito el uso de la palabra "guerra" para referirse a lo que, a todas luces, era una guerra: la guerra de agresión e invasión a gran escala contra Ucrania. Las personas que tímida y silenciosamente habían estado protestando con un cartel en las manos que decía "no a la guerra", empezaron a ser arrestadas. Algunos siguieron protestando con un cartel en blanco, pero también fueron detenidos. Aunque la palabra había desaparecido del cartel, el gesto seguía estando en el lugar de su función simbólica. Así fue interpretado por las autoridades policiacas que procedían con los arrestos. 


La criminalización de comportamientos que ponen en entredicho las acciones del gobierno es uno de los capítulos en el playbook regular de los regímenes autoritarios. Este recurrir a la ley para violar derechos, como el derecho a protestar, o para reprimir conductas, ha sido ampliamente estudiado por la sociología. Aunque sin duda seguirá siendo uno de los mecanismos empleados por las autocracias contemporáneas, la versión americana en ciernes presenta algunas innovaciones. Y es que Elon Musk podrá adolecer de muchas cosas, pero la capacidad de innovar no es una de ellas. Allí donde el populismo nacionalista antiwoke hubiese recurrido solamente a la ley para operar, tanto la represión, como la suerte de "limpieza" étnica e ideológica que estamos presenciado, el jefe ejecutivo del departamento creado a su medida para la eficiencia gubernamental (DOGE por sus siglas en inglés) tuvo el ingenio de proponer una "limpieza digital". De igual modo, allí donde la "operación militar especial" de Putin no logró cumplir con su calendario, la "operación semiótica especial" de Musk reporta logros desde el día uno. 


Identificar los upgrades con los que la Administración Trump corre el programa del autoritarismo resulta esencial para entender sus modos de funcionamiento, igual que para combatirlos. Me interesa examinar las declinaciones que ha adoptado la represión en la blitzkrieg lexical desatada por las purgas contra los programas de diversidad, equidad e inclusión (DEI), pues estas constituyen el reverso de la criminalización. Mientras que criminalizar conductas requiere una escritura en la ley, la eliminación sígnica que se está llevando a cabo en todo el Gobierno Federal a nivel digital evade la ley sin dejar huellas. Esto también tiene implicaciones para nuestra experiencia del tiempo histórico, ya que borra el archivo. 


Por otro lado, habría que abordar lo que propongo llamar el "desgobierno". Que la pretendida eficiencia gubernamental pase por la destrucción del gobierno mismo en tanto instrumento de la soberanía del pueblo, así como por burlar el conjunto de normas y reglas en el que las democracias depositan la autoridad de esa soberanía, constituye una modalidad sin precedentes. Si la mayor parte de las autocracias aspiran a un Estado fuerte con el que buscan gobernar más y con más fuerza (de ahí el recurso a la ley para justificar formas de represión, abuso del poder y eliminación de la oposición), la versión americana ha venido reduciendo el Estado hasta convertirlo en un plató de televisión para la transmisión 24/7 de su antipolítica; un reality show de sadismo y destrucción. Tanto es así que, entre analistas políticos, se ha vuelto un lugar común la impresión de que Estados Unidos no cesa de debilitarse en todos los renglones: seguridad nacional, estabilidad económica, respeto internacional e investigación de punta. 


Quisiera entonces esbozar algunas consideraciones en torno al desgobierno y la "operación semiótica especial" resultantes de esa hubris que es el trumpomuskismo.


Desgobierno: la traición de Musk a la cibernética


Uno de los momentos más fascinantes en la historia de las ideas ha sido el que aportó la cibernética. Entre el 1946 y el 1953, las Conferencias de la Fundación Macy en Nueva York acogieron esta aventura transdisciplinaria con consecuencias revolucionarias para todos los campos. A las nociones de materia y energía, se le sumaba ahora la noción de información. Y aunque los efectos más evidentes se hicieron sentir con los ordenadores reprogramables y la biología molecular, el campo de la comunicación humana también se vio particularmente enriquecido. Las aportaciones del antropólogo Gregory Bateson, entre tantos otros que participaron de estas conferencias fundacionales (filósofos, sociólogos y psicoanalistas) transformaron radicalmente los modos de concebir y estudiar las sociedades. Las consideraciones de orden epistemológico desbordaron la rama de la filosofía y posibilitaron el diálogo entre las disciplinas; un diálogo que el paradigma moderno de producción de conocimientos compartimentalizados había descuidado. Esa fue la matriz para el desarrollo de las biotecnologías contemporáneas, la ingeniería en el campo de las comunicaciones, las plataformas digitales y la inteligencia artificial. Musk es el heredero de toda esta historia de desarrollo científico y filosófico que toca al carácter tecnológico de lo humano. Su nombre estaba destinado a ocupar un lugar en ella y, sin embargo, la ha traicionado. 


Sin hablar ya de su participación en un gabinete de gobierno abiertamente ciensofóbico, conspiracionista y climatoescéptico, y sin añadir los recortes a la investigación básica sin la cual ninguno de sus proyectos podrían haber avanzado gran cosa, cabe mencionar dos maneras fundamentales de su traición. La primera se desprende de la etimología misma del término "cibernética". Del griego κυβερνητικός, significa "gobernar". Gobernar en el sentido de conducir, pilotear y controlar. Aquí, controlar no se refiere a ejercer poder, sino a aportar sentido o dirección; es decir, lo contrario de quedar a la deriva y sin regulaciones. Puesto que los sistemas se delimitan mediante regulaciones internas, el afán por ignorar las reglas y funcionar sin ellas lleva al desgobierno. La lógica que impera es la de la destrucción sin creación. Como lo expresó el historiador Timothy Snyder: "La de ellos es una lógica de destrucción. Es muy difícil crear un gobierno grande, legítimo y que funcione. Los oligarcas no tienen ningún plan para gobernar. Tomarán lo que puedan y desactivarán el resto. La destrucción es el punto. No quieren controlar el orden existente. Quieren un desorden en el que crezca su poder relativo." (The Logic of Destruction, febrero 2, 2025)


La traición de Musk es, evidentemente, al espíritu de la cibernética, no así al espíritu del movimiento MAGA cuyas animosidades anti-sistema y anti-Estado han sido movilizadas para que favorezcan toda esa destrucción y desgobierno. Este reclamo anti-sistema que le es común a todos los populismos contemporáneos, ya sean de izquierda o de derecha, es lo que me lleva a la segunda traición: sucumbir al goce de la ilimitación. Para la cibernética, el venir a ser de algo pasaba por los márgenes, siempre relativos y movibles, pero nunca sin límites. Para MAGA, se trata de una versión sin márgenes de la libertad de expresión que, como nos han venido mostrando desde que están en el poder, es hipócrita, por decir lo menos, y liberticida, para decirlo sin más. 


Como parte de una investigación más amplia en torno al desinflamiento de lo simbólico en nuestras sociedades contemporáneas; algo que resultaría de una desconexión entre el lenguaje y la técnica, me he interesado en rastrear las mutaciones que ha sufrido la función del límite. El desgobierno en tanto característica insólita de la deriva autocrática es, sin lugar a dudas, uno de los indicadores de esa mutación en la función del límite que abre a la ilimitación. Y es que, sin la función del límite, nada que conserve un mínimo de habitabilidad puede ser construido. El sociólogo francés Jean Baudrillard había esbozado el fenómeno desde los años 1990 con el concepto de "Realidad Integral". Más recientemente, intenté retomar sus preocupaciones en un artículo sobre el fin del trabajo de la negatividad en el que propongo examinar el pasaje que va de la complejidad moderna a la hipercomplejidad actual. Estas transformaciones han impactado el modo de existencia de lo humano que el filósofo Peter Sloterdijk gusta de describir -con y contra Heidegger, según suele decir - como una habitación en instalaciones tecnológicamente construidas, pero simbólicamente climatizadas. Su ejemplo preferido para explicar esto son los sistemas de soporte vital (life-support systems) que la ingeniería ha debido construir para enviar misiones humanas al espacio. Si el lenguaje es lo que proporciona el oxígeno y la temperatura como condiciones para la vida, habría que preguntarse si Musk no nos está asfixiando.


"Operación semiótica especial": de la destrucción de la palabra a su eliminación


En el playbook regular de las autocracias encontrábamos ya la corrupción política del lenguaje. Sirviéndose, por un lado, del poco interés que la cultura contemporánea mostraba por las precisiones al hablar; así como, por otro lado, del presentismo que heredaron de la posmodernidad - uno en el que pasado, presente y futuro quedaban colapsados de la manera en que Disney nos ha sabido mostrar -, los líderes de estos movimientos populistas tienen carta blanca para decir lo que les venga en gana. Charlatanes que solo buscan vender su producto sin persuadir de nada en particular, no se trata de argumentar a favor o en contra de algo, sino de  hablar, hablar y hablar. A fuerza de parloteo, las palabras dejan de referir a algo común y empiezan a significar cualquier cosa, incluso su opuesto, como hemos escuchado tantas veces de la parte de Putin, para quien la palabra "nazismo" significa lo que él quiera que signifique, a menudo, todo lo que se le opone.  


Al parloteo y la charlatanería que incrementan la posverdad, se le añaden ahora la desaparición de las palabras. Ya no habría que destruirlas, como intentaron los regímenes totalitarios del siglo XX, pues muchas de ellas habrían desaparecido. Se habrían "suicidado" lanzándose por las ventanas, como los opositores de Putin. Pero al margen de mi interés por el tema del desinflamiento de lo simbólico, lo que me parece urgente examinar es la guerra relámpago contra el vocabulario de los programas que promovían la diversidad, la equidad y la inclusión. Pues si la criminalización de palabras, ideas y conductas era ya lo suficientemente preocupante como mecanismo de represión, la desaparición de las palabras introduce un nuevo escenario para el cual no disponemos aún de una reserva de conocimiento en torno a su funcionamiento, ni de un repertorio histórico de prácticas para resistirla. 


El reverso de la criminalización es la eliminación de las palabras antes de que puedan formar parte de una narrativa. Es una gestión que se hace al margen de la ley, por lo que no queda inscrita (en la ley) ni escrita (para la historia). Con ello se busca desarticular, debilitar y desmantelar comunidades de ideas y prácticas sociales que han sido producto de la acción política a través de la historia. Hacerlo sin que quede evidencia de ello; he ahí el crimen perfecto. Todas las formas anteriores de represión acudían a la ley. Con el comandante Musk a cargo de la "operación semiótica especial", una especie de mercenario de la información al estilo de Yvegueny Prigohzin, no solo las palabras desaparecen del sistema, sino que, con ellas, programas completos de medidas contra la discriminación por razón de género, sexo, religión o discapacidad, programas completos de investigación científica social en torno al tema de la desigualdad y hasta experimentos con organismos transgénico que no tienen nada que ver con las personas trans, pero que se les puede culpar igual, pues la palabra ha dejado de importar.


Entre el cartel que decía "no a la guerra" en las protestas iniciales de algunos rusos contra la "operación militar especial" y el cartel en blanco luego de la ley para criminalizar el uso de la palabra "guerra", no quedaron manifestantes en las calles, pero sí quedó, escrita en la ley para la historia, la razón de ello. La eliminación sígnica en la "operación semiótica especial" de Musk amenaza con burlar, ya no solo la ley, sino también la historia. Algunos prefieren pensar que no lo hacen con conocimiento de causa. En relación al Signalgate, la reciente brecha de información clasificada relacionada con el ataque a los hutíes en Yemen, algunos solo han evocado la incompetencia. Sin embargo, ignorar el protocolo no ha sido un error, sino una característica que remite a la eliminación sígnica: al utilizar la app de mensajería Signal para comunicarse entre ellos, buscaban beneficiarse de una de sus funcionalidades: la eliminación automática de los mensajes intercambiados al cabo de un tiempo previamente programado por el usuario. 


Durante la primera presidencia de Donald Trump, se dijo que no había que tomarlo en serio. Luego del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, se decía que había que tomarlo en serio, pero no literal. Pues bien, ahora sabemos que debemos tomarlo tanto en serio como literal, si queremos salvar las palabras.

 

Referencias:


"Russia Arrests Multiple People for Holding Up Blank Signs", Newsweek, marzo 14, 2022.

"The Logic of Destruction", Timothy Snyder, febrero 2, 2025.


"La domesticación de la complejidad y el fin del trabajo de la negatividad: los desafíos de la hipercomplejidad como modalidad de funcionamiento del mundo", Karen Entrialgo, Revista El Amauta, Núm. 13, diciembre 2022.