Gustavo Dudamel - LEVANTO MI VOZ


Mi vida entera la he dedicado a la música y al arte como forma de transformar las sociedades. Levanto mi voz en contra de la violencia y la represión. Nada puede justificar el derramamiento de sangre. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis. Históricamente el pueblo venezolano ha sido un pueblo luchador pero jamás violento.
Para que la democracia sea sana debe haber respeto y entendimiento verdadero. La democracia no puede estar construida a la medida de un gobierno particular porque dejaría de ser democracia. El ejercicio democrático implica escuchar la voz de la mayoría, como baluarte último de la verdad social. Ninguna ideología puede ir más allá del bien común. La política se debe hacer desde la consciencia y en el más absoluto respeto a la constitucionalidad, adaptándose a una sociedad joven que, como la venezolana, tiene el derecho a reinventarse y rehacerse en el sano e inobjetable contrapeso democrático.
Los venezolanos están desesperados por su derecho inalienable al bienestar y a la satisfacción de sus más básicas necesidades. Las únicas armas que se le puede entregar a un pueblo son las herramientas para forjar su porvenir: instrumentos musicales, pinceles, libros; en fin, los más altos valores del espíritu humano: el bien, la verdad y la belleza.
Hago un llamado urgente al Presidente de la República y al gobierno nacional a que se rectifique y escuche la voz del pueblo venezolano. Los tiempos no pueden estar marcados por la sangre de nuestra gente. Debemos a nuestros jóvenes un mundo esperanzador, un país en el que se pueda caminar libremente en el disentimiento, en el respeto, en la tolerancia, en el diálogo y en el que los sueños tengan cabida para construir la Venezuela que todos anhelamos.
Es el momento de escuchar a la gente: Ya basta. –Gustavo Dudamel
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My entire life has been devoted to music and art as a way of transforming societies. I raise my voice against violence. I raise my voice against any form of repression. Nothing justifies bloodshed. We must stop ignoring the just cry of the people suffocated by an intolerable crisis. Extreme confrontation and polarization cannot seize common conscience and peace, constituting borders and barriers to understanding and peaceful and democratic coexistence. Historically the Venezuelans have been a fighting people but never a violent one.
For democracy to be healthy there must be true respect and understanding. Democracy cannot be built to fit the needs of a particular government or otherwise it would cease to be a democracy. The democratic exercise involves listening to the voice of the majority as the ultimate bulwark of social truth. No ideology can go beyond the common good. Politics must be exercised from conscience and in the utmost respect of the Constitution, adapting itself to a young society that, like the Venezuelan, has the right to reinvent itself through the healthy and unobjectionable democratic checks and balances.
Venezuelans are desperate for their inalienable right to well-being and the satisfaction of their basic needs. The only weapons that can be given to people are the necessary tools to forge their future: books, brushes, musical instruments; in short, those that embody the highest values of the human spirit: good, truth and beauty.
I urgently call on the President of the Republic and the national government to rectify and listen to the voice of the Venezuelan people. Times cannot be defined by the blood of our people. We owe our youth a hopeful world, a country where we can walk freely in dissent, in respect, in tolerance, in dialogue and in which dreams have room to build the Venezuela we all yearn for.
It is time to listen to the people: Enough is enough. –Gustavo Dudamel

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