Fernando Mires: España: las jornadas de Mayo

 

En el curso de esta tarea que algunos nos hemos impuesto: analizar de vez en cuando la política del mundo que nos rodea, hay momentos en los cuales es muy difícil descubrir lo que es principal y lo que es secundario. Lo digo porque me prestaba a analizar los resultados de las elecciones españolas del Domingo 22 de Mayo –cuyas consecuencias para Europa y también para América Latina no serán de poca monta; lo aseguro – formulando una frase con cierta pretensión estética. La frase era la siguiente: “el 22-M estuvo acompañado musicalmente por el 15-M”. Mas de pronto me asaltó una duda: ¿no fue acaso al revés, es decir, que el 22-M fue un acompañamiento del 15-N?
Difícil asegurar tanto lo uno como lo otro, entre otras cosas porque la verdadera relevancia de los acontecimientos se conoce mucho después de que éstos han ocurrido. El tiempo de la historia no es el mismo que el de la política. Lo único cierto es que ambos acontecimientos marcaron a fuego el curso histórico de la política española. De ahí que no dudo en afirmar que España ha vivido recientemente un periodo político de intensidad sísmica. Por lo tanto, ahora sólo sostengo que ningún evento acompañó musicalmente al otro sino que ambos conformaron un dueto no musical, pero sí político, es decir, muy desafinado.
La pregunta del millón de dólares es entonces ¿Influyó el 15-M en los resultados electorales del 22-M? Por lo visto, en muy poca medida. Antes del 15-M las encuestas ya daban un crecimiento muy grande del PP con respecto al PSOE, tendencia que ya anunciaba lo que exactamente ocurrió: una catástrofe descomunal del PSOE. Claro está, casi nadie esperaba que los socialistas iban perder hasta en Andalucía de tal modo que si bien la catástrofe era previsible, las proporciones superaron a los cálculos.
Tampoco influyó el 15-M en un mayor desinterés frente a las elecciones; ni a nivel regional ni a nivel comunal. Por el contrario, la participación electoral fue mayor con respecto a elecciones anteriores, hecho que se explica porque el mes de Mayo del 2011 la efervescencia política era grandísima. Fue precisamente en ese, y gracias a ese ambiente de extrema politización, donde surgió el 15-M, de modo que un punto al menos está claro: el 15-M no es expresión de la anti-política aunque tampoco de la a-política.
El 15-M fue y es un movimiento de protesta social que se expresó políticamente –aunque de un modo inevitablemente anárquico- como un reclamo frente a la estructura política dominante, una estructura en la cual vastos sectores de la ciudadanía española no se sienten interpretados, voten o no, o voten por quien voten.
La visión panorámica que ofrece a primera vista los sucesos políticos de Mayo es, por lo tanto, la de un espacio marcado por dos franjas. Una franja formal, la de las elecciones y una franja informal, la del movimiento sociopolítico representado por el 15-M. Pocas veces se ha visto una diacronía tan perfecta entre ambas franjas; éste es quizás un hecho político inédito.
Gracias a esas dos franjas podemos saber definitivamente que en la España de hoy ha sido abierto un campo político que deberá ser sometido a disputa.
Por de pronto, el espacio abierto por el 15-M se encuentra recién en un estadio preformativo. El 15-M no es un partido, no tiene un programa, carece de estructuras, es decir, es un simple movimiento cuyos intereses son disímiles y cuyas demandas son múltiples. No se puede por lo mismo estar en contra o a favor del 15-M. Eso sería igual a estar en contra de la lluvia o del calor. El 15-M es un fenómeno, pero a la vez un fenómeno que habla y dice que en España, más allá de los resultados electorales, hay una crisis de representación política y como toda crisis puede ser –o no ser- superada. La pregunta de los dos millones de dólares es ¿cómo?
Hay por lo menos tres posibilidades:
1.- Que del 15-M surja un nueva formación política que altere radicalmente la relación bi-partidista de la nación
2- Que el  15-M presione en dirección al PSOE de tal modo que ese partido abra sus alas y acoja por lo menos una parte considerable de las propuestas emergidas del 15-M. Una apertura del PP hacia el 15-M parece más bien improbable dado el carácter conservador de dicho partido. Los muchachos del 15-M si no políticamente, por lo menos culturalmente, se encuentran más cerca del PSOE, algunos provienen del PSOE, otros son del PSOE. Si no un hijo, el 15-M es un sobrino del PSOE: No obstante, la apertura del PSOE hacia el descontento expresado por el 15-M supondrá un cambio radical de la correlación de fuerzas al interior del PSOE: una verdadera revolución inter-partidaria.
3. La tercera alternativa es la peor de todas: que no pase nada. De acuerdo a esa posibilidad el 15-M se dividirá en múltiples fracciones las que con el tiempo dejarán el espacio que ocuparon, políticamente vacío. Pero el espacio vacío seguirá siendo un espacio. En su interior deambularán jóvenes borrachos, drogados, o simplemente seres amargados sin esperanza alguna, enfurruñados consigo mismos y políticamente enmudecidos: Hasta que un día aparecerá un político demente y les dirá que todo lo que sufren es por culpa de los extranjeros. El resto es mejor no imaginarlo.
¿Cuál será la alternativa que se impondrá? Debo decir que lamentablemente mi bola de cristal se quebró hace ya mucho tiempo.