José Rodriguez Elizondo - EL ODIO QUE POLARIZA TODO


En ese sentido, fue paradigmático el asesinato de Edmundo Pérez Zujovic por un comando terrorista, a inicios del gobierno de Salvador Allende. No solo fue secuela de un odio planificado, como ha recordado su hijo Edmundo Pérez Yoma. Además, fue el hito N° 1 de la polarización política y, por tanto, precuela de la corta marcha hacia el colapso de la democracia.

Ese odio reflejaba la convicción de las izquierdas fundamentalistas de que había llegado la hora de las acciones armadas, para las cuales el Presidente Allende no daba el ancho. Pero no era un sentimiento vernáculo ni coyuntural. Nos llegaba desde La Habana, inducido por Fidel Castro, quien no soportaba la idea de un reformismo chileno exitoso, en un marco político pluralista, conducido por el democratacristiano Eduardo Frei Montalva. Con su verba encendida, el líder guerrillero denostaba al Presidente chileno como “un pobre hombre”, definía su gobierno como “la prostituta del imperialismo” y sentenciaba que, “tras prometer una revolución sin sangre, está dando sangre sin revolución”.

Ese mal sentimiento bloqueó, de partida, el proyecto de Allende de producir una “segunda vía a la revolución”, en plena Guerra Fría y dentro de la institucionalidad democrática. Para concretarse, aquello exigía no una tabula rasa, sino una base social y política ampliamente mayoritaria. Dicho en corto, suponía un rechazo a los verticalismos ideológicos, una estrategia presidencial acatada, un distanciamiento social con Castro y un apoyo pragmático del centro, dominado por la entonces poderosa Democracia Cristiana.

Tras el asesinato de Pérez Zujovic, el odio de los hechores sepultó la apertura hacia el centro. En lo fundamental, porque la víctima no era el monstruo reaccionario creado por el imaginario revolucionarista, sino un democratacristiano pragmático y funcional a la utopía. De hecho, había propuesto, en su partido, participar activamente en el gobierno de Allende, para densificar el poder de la centroizquierda como “una manera segura de cautelar el sistema democrático”.

Fue el cardenal Raúl Silva Henríquez quien vio, más claro que todos, el significado de ese crimen. Ante el féretro del asesinado y recordando el anterior asesinato del general René Schneider, dijo con su vozarrón: “Dos veces, dos hombres: ¡ya es demasiado! Tenemos que matar el odio antes de que el odio envenene y mate el alma de Chile”.

Como nuestros dirigentes políticos no son célebres por su clarividencia, el cardenal no fue escuchado y Allende debió gobernar con y contra lo que había. Por una parte, con una Unidad Popular desgarrada por “la polémica de las izquierdas” y hasta con “doble militancia” con los castristas. Por otra parte, contra la coalición inevitable de la centroizquierdista DC con el derechista Partido Nacional, liderado por Sergio Onofre Jarpa, cuya estrategia apuntaba al término anticipado del gobierno.

En ese contexto, la antipolítica tuvo vía libre, se envenenó el alma de Chile —acertó el cardenal— y nos llegó la “tragedia griega” pronosticada por Radomiro Tomic. Así lo reconocería Frei Montalva, en 1982, cuando dijo que “el país no volverá a ser nunca más lo que fue” y el destino también le dio la razón. Según duros antecedentes judiciales, ese mismo año murió asesinado.

Lo peor es que hoy, en plena pandemia, y como no hay memoria que dure cien años, los chilenos estamos ante una racha de intolerancia política que afecta a todos los que piensan con sentido de la historia. Para algunos intolerantes lo principal es denostar al gobierno. Para otros, el coronavirus sería un simple intermedio del eufemístico “estallido social”. Para los ideólogos de la extrema izquierda, dicho estallido es un franco “proceso insurreccional”. Son tres categorías en una misma trinchera, que nos colocan al borde de la cornisa del odio y que se reflejan en una crisis de la política, la democracia, el derecho, la sensatez y hasta del sentimiento patrio.

Por eso, habría que releer lo que dijo Pérez Yoma, hace pocos días, en este mismo diario: “no repitamos los errores trágicos del pasado”. Escuchémoslo, por favor.

https://www.elmercurio.com/blogs/2020/06/19/79645/El-odio-que-polariza-todo.aspx