José Rafael Herrera - DE LOS BUENOS SALVAJES



Adán y Eva iniciaron la era de sus dificultades y penurias  después de morder una dulce y jugosa manzana. El desventurado Paris entregó a Venus, la más bella de las diosas del Olimpo, una manzana dorada. Los resultados fueron tremendamente catastróficos para el mundo heleno. Por una manzana el hijo de Guillermo Tell casi pierde la vida. Una manzana cayó sobre la cabeza de Newton y el accidente terminó transmutando al objeto en sujeto e invirtiendo la realidad en “ley universal”. La proclamación de la máxima libertad e independencia de los individuos fue proclamada por Jobs en nombre de una manzana. Al final, los individuos han quedado entrampados  en la inmensa red digital, de la que difícilmente puedan librarse. Es de Rousseau la exhortación para que la humanidad recupere su estado natural, su manzana originaria, la primigenia y salvaje bondad que la sociedad le arrebatara. De modo que, más allá del conocido 'one apple day keep doctor away', todo parece indicar que las manzanas pueden llegar a ser de cuidado. Como dice Hegel, para lo único que sirve la ficción del estado de naturaleza es para salir de ella
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