Javier Cercas - NACIONALPOPULISMO Y DEMOCRACIA


Gilles Lipovetsky afirmaba hace poco en este periódico que, a pesar del nacionalpopulismo rampante por doquier, la democracia occidental no se halla en peligro. Por dos razones. La primera es que, a diferencia de los totalitarismos rampantes en los años treinta —fascismo y comunismo—, el nacionalpopulismo actual no defiende el uso de la violencia. La segunda es que, también a diferencia de los totalitarismos de antaño, el nacionalpopulismo no odia la democracia; al contrario, sostiene el pensador francés: los nacionalpopulistas están encantados con los referendos, aceptan la alternancia en el poder y se muestran a favor de que el pueblo se exprese contra las élites. A los nacionalpopulistas, concluye Lipovetsky, “podrás discutirles sus formas de actuación, pero no son antidemocráticos”.

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