Guy Sorman - AL EMBAJADOR DE CHINA EN CHILE


El domingo pasado, “El Mercurio” publicó mis comentarios sobre la actual pandemia de coronavirus, la responsabilidad del gobierno chino en esta pandemia y el futuro de la relación entre el mundo occidental y China.

Como académico independiente, mi análisis se basó en los hechos que he reunido a lo largo de mi carrera, lo que incluye todos los años que he estado en China. Desde mi primer viaje a ese país, en 1966, he visto de primera mano el espectacular avance económico, gracias a la apertura de la nación; China se convirtió en el primer beneficiario de la globalización. Sin los consumidores occidentales, no habría una China moderna.

Esto explica por qué el embajador Xu Bu, siguiendo las directrices del régimen comunista, está impaciente por promover la globalización contra el temor de una reacción nacionalista antichina. Estoy plenamente de acuerdo con el embajador sobre esto: siempre he defendido los intercambios con China y seguiré haciéndolo. Es bueno para su pueblo y para el resto del mundo. En consecuencia, el embajador Xu Bu está equivocado cuando insinúa que yo estoy en contra de los intercambios con China; incluso se equivoca más cuando dice que soy un vocero de Donald Trump.

¿Por qué está tan desinformado? Es muy probable que sea porque a ningún funcionario chino se le permite reconocer que un académico puede ser completamente independiente y no servir a ningún gobierno. En cierta forma, yo cumplo mi deber ético cuando el embajador Xu Bu también cumple su deber, el cual es retransmitir la maquinaria propagandística de Beijing. Esto explica por qué Xu Bu trata de persuadir a los lectores de que la pandemia de coronavirus no empezó en China. Estoy de acuerdo en que no se le puede llamar virus “chino”, pero no hay duda, empezó en Wuhan.

En diciembre pasado, médicos del hospital de Wuhan (entre ellos el Dr. Li Wenliang, quien luego falleció atendiendo a sus pacientes) descubrieron un nuevo coronavirus y subieron este espantoso hallazgo a la web. ¿Qué sucedió después? Estos médicos tuvieron que “confesar” que estaban promoviendo rumores falsos, hostiles con el Partido Comunista. Este es el modo en que se forma a los burócratas chinos: solo se deberían dar a conocer públicamente las buenas noticias.

Un mes más tarde, mientras miles de chinos contraían la infección y morían en Wuhan, luego en toda China, luego en el resto del mundo, el liderazgo chino tuvo que reconocer la verdad y empezar una guerra estratégica contra el virus. Se había perdido más o menos un mes, con millones de víctimas, en su mayoría chinos, como una consecuencia directa de la maquinaria de propaganda comunista.

Esta no es una excusa para la confusa estrategia que los gobiernos de Estados Unidos y Europa pusieron en práctica, pero la reescritura de la historia, una tradición china que data de hace dos mil años, no va a convencer ni al pueblo chino ni a Occidente.

Para resumir, la maquinaria de propaganda china es un desastre, porque ha dado muerte a muchos chinos y ahora está matando a millones de personas en todo el mundo: el hecho de reconocer el coronavirus en Wuhan desde el Día Uno habría evitado la pandemia. La mencionada maquinaria también incrementará la desconfianza respecto de China: aumentará los sentimientos prejuiciosos antichinos y promoverá la agenda nacionalista en Occidente.

Las próximas consecuencias estratégicas son inevitables: en el frente militar, el desafío en relación con China aumentará. En el frente económico, los de Occidente harán todo lo posible por ser menos dependientes de la nación asiática y redistribuirán sus activos entre otros países. No soy una persona que deteste a China, me encanta su pueblo y me entristece cuando veo que el régimen del país pone su orgullo e intereses por sobre el bienestar de su propio pueblo. Señor embajador, mi héroe chino es el Dr. Li Wenliang, quien murió por decir la verdad en Wuhan. ¿Le hará junto conmigo una reverencia?

Guy Sorman