Marina Ayala - UNA FALLA SIMBÓLICA


La descomposición social que observamos ha llegado a niveles alarmantes. En cualquier ambiente comienza a observarse conductas inaceptables que no se veían anteriormente. Un dilema en un condominio se resuelve a golpes e intervención policial; los políticos gritan con un vocabulario soez o ladran amenazando como perros de jauría. Las personas respetuosas de las normas se las consideran cobardes, miedosas, timoratas. Referirse a otro con cortesía, prestar la debida atención a lo que dice, mostrar respeto son conductas catalogadas como propias de personas aduladoras, arribistas, seductoras con fines egoístas y ocultos. Se deja de tener un grupo social de convivencia y las personas se dedican a pelear por cualquier asunto por más intransigente que parezca. Este escenario lo denominó Durkheim “anomia”, en realidad significa la disolución de lo que entendemos como sociedad.
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