Guy Sorman - NO HAY ALTERNATIVA A LA DEMOCRACIA


Las terribles noticias que nos llegan de los campos de prisioneros uigures al oeste de China nos hacen estremecer de miedo y de vergüenza. ¿Cómo pueden los líderes occidentales y los creadores de opinión permanecer indiferentes ante horrores que recuerdan a los campos de concentración de la Alemania nazi y el Gulag soviético? Por orden directa del jefe de Estado, la policía china encarcela a los ciudadanos chinos, por cientos de miles o por millones, aún no lo sabemos, porque no son chinos de «raza» y porque algunos son musulmanes. A los prisioneros, da igual la edad que tengan, se les trata como ganado, se les golpea y se les humilla. Unos «cursos» obligatorios les enseñan los valores de China y del comunismo. ¿Deberíamos ser tan estúpidos como para suponer que la suma de tortura y encarnizamiento ideológico harán de un mal uigur un buen comunista chino? Evidentemente, los líderes chinos todavía creen en la efectividad del lavado de cerebro, la vieja letanía maoísta
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