Luis García - FIESTAS PATRIAS EN CUBA Y EN CHILE


"La respuesta obligada que me enrabia"
Texto perteneciente al libro en proceso “Breves y ligeras crónicas de un gusano de La Habana en Santiago de Chile”.

En Santiago de Chile me revienta la respuesta anual que siempre tengo que dar cuando se acercan, llegan, o alejan las celebraciones del 18 de septiembre, las llamadas por acá fiestas patrias. Y aunque es la misma año tras año, sigue dejándome un sabor bastante molesto por lo que noto que a medida que ha pasado el tiempo la he perfilado más fuerte y más rabiosa.
        En Chile septiembre es para gozar. El país se sumerge cien por ciento en festividades de manera que todo lo que suponga jodedera está bien presente. Llegado el mes las banderas las venden por doquier, las cuelgan, los autos las flamean y todos se vuelven ampliamente patrióticos. Celebran el 18 y el 19, pero en la inmensa mayoría de las empresas dan el 17 y el 20, por lo que en la conciencia nacional está clavada una semana de festejos.
           Las familias y los amigos se llaman, se organizan, ven qué harán, a dónde irán a celebrar. En los trabajos dan almuerzos, hacen concursos, competencias. Por todas partes hay asados, comen empanadas. Los negocios crecen en sus ofertas o se trasladan a las fondas que comienzan a armarse en lugares emblemáticos y tradicionales. En ellas venden tragos típicos, se baila con grupos en vivo, nacionales e internacionales, y se presentan humoristas. Es increíble lo bien que la pasan. Hay opciones desde temprano para los niños. Para todos, ricos, pobres, y clases media arman lo suyo.
          Chile va por el júbilo. Florece. Además la ida del invierno, llega la primavera, la poca ropa y la alegría de salir de lo helado.
          La gente también enfila al litoral. Es bien rico. Todas las playas llenas.
          Los medios masivos comienzan a incentivar. Tanto es que trascienden las fronteras del país y envían periodistas a muchas partes, las imaginables y las que no, para mostrar donde haya una comunidad chilena cómo mantienen sus tradiciones. Viviendo en Cuba fui, sin saber que tan significativo era, casualmente a una en un centro cultural chileno ubicado en la calle 13 en el Vedado.
          Si preguntas al azar qué conmemoran exactamente el 18 la inmensa mayoría responderá que la Primera Junta Nacional de Gobierno de 1810, es decir el comienzo del camino hacia la liberación de España, aunque más de unos cuantos sólo dirán las fiestas patrias y punto.
          El caso es que se apodera de Chile una celebración patriótica nacional, independiente del gobierno de turno, y estos, lógico, como chilenos también se suman, no como de una tendencia u otra.
          Y ahí la pregunta hecha miles de veces que sé no dejarán de hacer mientras este acento cubano no me deje, es decir jamás: “¿hay fiestas patrias en Cuba?”
          Las respuestas que he tenido que dar están sumidas en la palabra antipática, maleducada, ya que todo comentario al respecto me hace aludir solo a celebraciones política impuesta en Cuba después de 1959. El borrón de una historia secuestrada y la reescribidera a conveniencia, impuesta desde el fatal día uno. Tanto así que si preguntas al común de la gente, toda frase irá relacionada, porque es, con los “triunfos” de la revolución. “Triunfos” que no mueven espontáneos ningún tipo de festividad patriótica cubana, en esa isla donde con una lata y un palo se hace un rumbón, o se hacía.
          En Cuba, el Caribe, paradigma de fiesta, alegría, y gozadera, nada se celebra ni masivo ni espontáneo.
          De vivir hace tantos años en Santiago de Chile la respuesta cuando se acercan, llegan, o se alejan las celebraciones del 18 de septiembre, es una grabación irascible, colérica. “¿Hay fiestas patrias en Cuba?” y siempre respondo: “No… porque la patria no nos contempla orgullosa”.