Fernando Mires - LAS TRES "GRACIAS" DE LA POLÍTICA (10 tesis)






1. La confrontación, el diálogo y las elecciones son tres dimensiones fundamentales de la política moderna.
2. A diferencias de la política de la polis griega cuyo punto central era el lugar donde los ciudadanos se reunían para discutir los problemas de su ciudad en aras de la armonía, la de nuestro tiempo se encuentra mucho más cerca de la guerra. Decimos guerra en el sentido no-virtual del término.
3. La política moderna es un derivado histórico de la guerra. Una actividad pre-y post bélica y por lo mismo, espacio de confrontación pública dirimida en una democracia ideal por contrarios, por adversarios en una democracia normal y por enemigos en una no-democracia. Sin confrontación (de ideas, de pasiones e intereses) no hay política. La política, la que conocemos, es un campo de diferencias, de contradicciones y de antagonismos. En ningún caso es el lugar de la conciliación y mucho menos de la amistad.
4. Si una confrontación carece de diálogo y un diálogo carece de confrontación no podemos hablar de política. En el primero de los casos, aún sin uso de armas, nos situamos en el campo de la guerra. En el segundo de los casos en el campo de la no-política (sin confrontación no hay política). De lo que se trata en consecuencias es de evitar que la política -para que siga siendo política- se acerque al barranco de la guerra.  
5. Una oposición que carece de medios militares no puede jamás plantearse la posibilidad de un enfrentamiento militar. Si no dispone de medios militares para acceder a la guerra, está entregando a sus seguidores a la matanza colectiva. Si en cambio delega la acción militar a supuestas fuerzas externas, sean nacionales o internacionales, obliga a sus seguidores a mantenerse en una situación de espera pasiva que, si se alarga, desemboca en la desintegración política y en la descomposición de los propios liderazgos. Tarea de una dirigencia política y no militar es entonces la de llevar al adversario al campo de la política obligándolo a abandonar el de la guerra. Hay que subrayar que tanto el golpismo cono la intervención externa son acciones de guerra y, por lo mismo, terminan por favorecer al enemigo el que en una autocracia o dictadura es siempre más militar que político.
6. Hay una pues una relación intensa entre diálogo y confrontación. Mientras más cerca está la confrontación de la guerra, mas necesario es el diálogo. Negar la confrontación en nombre del diálogo y el diálogo en nombre de la confrontación son dos decisiones que, por el contrario, terminan desarticulando los mecanismos de la lucha política. Esa es la razón por la cual la decisión de un diálogo debe ser tomada por los sectores democráticos en los momentos de alza de las movilizaciones populares, cuando el gobierno no-democrático no tiene más alternativa que dialogar. Buscar el diálogo en los momentos de baja movilización significa aceptar más condiciones que las que se pueden exigir.
7. El texto de los diálogos no puede ser público. Pero el tema de un diálogo sí. Ocultar el tema de un diálogo es actuar de espaldas frente al verdadero dueño del poder, el pueblo ciudadano. Es transformar el principio de delegación en un principio de autodeterminación. Más todavía si se supone que el pueblo ciudadano, al estar involucrado en la confrontación, requiere saber lo que se está discutiendo en su nombre.
8. La mayoría de los diálogos suponen negociaciones. Por lo tanto se entiende que en ellas no solo hay que recibir sino también conceder. Si en un diálogo se enfrentan dos posiciones extremas, se dan las condiciones para que en nombre del diálogo sea cerrada toda posibilidad de diálogo. De este modo el diálogo se convierte en un simulacro o en actividad fallida destinada a cementar condiciones anti-políticas en las cuales las fuerzas democráticas solo llevan las de perder.
9. Cuando el diálogo tiene lugar entre una fuerza política autocrática y una oposición democrática, el tema no puede ser otro sino el de la recuperación de los derechos ciudadanos, o lo que es lo mismo, el de la devolución del poder a su depositario natural y originario: el pueblo. El poder del pueblo es, sin embargo, delegativo. Eso significa que la restitución de ese poder pasa por restaurar el derecho del pueblo a elegir a sus delegados. En otras palabras: todo diálogo entre dos fuerzas disimiles, una más militar que política y otra más política que militar, debe estar centrado en el tema de la lucha por elecciones libres. Las más libres posibles dentro y bajo las condiciones no-democráticas bajo las cuales se lucha y dialoga. Si el tema de las elecciones libres no es hegemónico, no tiene sentido dialogar.
10. En la primera tesis señalamos que la confrontación, el diálogo y las elecciones son dimensiones de la política moderna. Pero ninguna de las tres puede existir sin la otra. La confrontación sin diálogo lleva a la violencia, un diálogo sin confrontación lleva a la capitulación, y sin lucha por elecciones libres, la confrontación y el diálogo carecen de objetivo, ruta y sentido.
Comentario final
En la mitología de los antiguos griegos existieron las “tres gracias”, hijas de Zeus, cuya representación corpórea inmortalizó Rubens. Las “gracias” de la política en cambio no son mitológicas, pero al igual que en la mitología griega, sin ellas el mundo sería una des-gracia.
Las tres gracias griegas representaban tres grandes virtudes de la vida privada: el hechizo, la alegría y la belleza. Las tres dimensiones de la política requieren en cambio de virtudes o “gracias” de la vida pública. En la confrontación, claridad de objetivos. En el diálogo, argumentos y perseverancia. En las elecciones, entusiasmo y decisión.
Virtudes o gracias que, como todos sabemos, no son muy abundantes entre los políticos de nuestro tiempo.