Héctor Briceño - CONSIDERACIONES SOBRE LOS SUCESOS DEL 30 DE ABRIL


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¿Por qué y qué pasó en Venezuela el 30 de abril? ¿Rebelión, levantamiento, alzamiento militar, revolución, exceso de imaginación, voluntarismo o golpe de Estado?

Los sucesos ocurridos el 30 de abril del 2019 en Venezuela podrían catalogarse como insólitos. Mientras algunas de sus características lo diferencian de los conceptos mencionados, la lógica de lo sucedido lo alejan del sentido común.

En un acto virtual los líderes opositores Juan Guaidó y Leopoldo López revelaron al mundo, a través de las redes sociales, el inicio de una rebelión en Venezuela. No cabe duda, la intención de quienes lideraron el movimiento era una sola: deponer el gobierno ilegítimo de Nicolás Maduro y sustituirlo por otro liderado por la única institución democrática vigente (es decir, electa democráticamente) en Venezuela, la Asamblea Nacional, y su presidente el diputado Juan Guaidó. Todo ello basado en una demostración de fuerza militar y su correspondiente amenaza de uso.

Pero ¿por qué y contra de toda lógica conspirativa, quienes revelaron al mundo el desarrollo de la rebelión fueron precisamente sus autores a través de las redes sociales? Posiblemente porque querían informar a las otras células que formaban parte del plan que había llegado el momento de activarse, generando sucesivas reacciones similares inspiradas, quizás, en la determinación mostrada por los líderes.

Por supuesto, esto también hace suponer que habían perdido el contacto con dichas células, o quizás, peor aún, que las mismas eran solamente el resultado de la imaginación o incluso el engaño.

Aun así es necesario reiterar que las rebeliones no se anuncian a través de postsen redes sociales. Las rebeliones se anuncian a través del estallido de municiones. Y al contrario de lo sucedido, los rebeldes desean mantener en secreto durante el mayor tiempo posible su plan, pues de ello depende en gran medida su éxito. Los rebeldes se dirigen al mundo cuando han alcanzado algún objetivo estratégico, o en su defecto fracasado en el intento. Pero siempre cuando la operación ha culminado, nunca cuando se inicia.

El segundo elemento que caracteriza el particular fenómeno del 30 de abril en Caracas es el rechazo al uso de la fuerza. En uno de los tantos videos que circularon durante el peculiar día, uno llama especialmente la atención. Se trata de una secuencia de hechos extraños. En un puente ubicado en las adyacencias de la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda, en la urbanización La Carlota de la capital venezolana, se encuentra el grupo de militares rebeldes liderados por Juan Guaidó y Leopoldo López. En el piso, junto a la defensa vial, reposa una cesta llena con municiones que cargan una ametralladora de tamaño considerable, que se encuentra soportada sobre dos patas.

La letal arma es manejada por un soldado que se mantiene vigilante frente a una pequeña nube de humo blanquecino. De repente, una voz claramente civil se dirige al soldado, para dar una curiosa instrucción: “Mira, mira, baja eso (la ametralladora) brother, que no hay nada. Es puro gas (lacrimógeno). Bájalo, bájalo, bájalo, porque la gente se pone nerviosa”. Orden que el joven soldado acató a la perfección, postrando el arma, apuntando hacia las nubes del cielo.

Curioso levantamiento militar que decide bajar las armas en vez de usarlas. Que pide a los soldados no vigilar, para no generar temor en la población. Que no llegó a disparar una sola bala.

Pero aún más curiosa fue la reacción del gobierno de Maduro, quien decidió usar la fuerza, pero no contra el grupo alzado y en posesión de armas de guerra, sino contra la población que salió a la calle a apoyarlos. Así vimos cómo militares usaron las tanquetas para aplastar a los ciudadanos que se encontraban manifestando en las calles y no frente a quienes les amenazaban con ametralladoras.

Con el pasar del día la escena se fue desvaneciendo. Mientras los rebeldes buscaban cobijo en embajadas, llegaban acusaciones de todos lados. “Los teléfonos habían dejado de sonar”, según el enviado estadounidense especial para Venezuela, Elliott Abrams. Las células no se activaron.

¿Qué conclusiones podemos sacar de los insólitos sucesos? El más importante es que los militares venezolanos no quieren enfrentarse entre sí. Ni siquiera quienes se rebelan parecen dispuestos a usar la violencia.

El segundo es que los sucesos del 30 de abril generaron muchas sospechas. En el seno del chavismo el estado es de mutua desconfianza. Así lo demuestran los muchos (¿demasiados?) eventos para reiterar la lealtad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a Nicolás Maduro. Dentro de la oposición la desconfianza no es menor. Y entre los aliados internacionales de la democracia y sus contrapartes venezolanas (chavistas y opositoras) también.

Paradójicamente este clima de total desconfianza quizás sea el más propicio para alcanzar finalmente un acuerdo nacional que dé paso al retorno de la democracia. Atomizados como están todos los sectores, necesitan encontrar un único actor (o conjunto de actores) que pueda servir de garantes a todas las partes imposibilitadas de confiar entre sí. Ese es, nada más, nada menos, el reto del grupo contacto internacional para Venezuela tras los sucesos de abril. (O)

Paradójicamente este clima de total desconfianza quizás sea el más propicio para alcanzar finalmente un acuerdo nacional que dé paso al retorno de la democracia.