Venezuela: LA PROPUESTA DEMOCRÁTICA

CUATRO OPINIONES Y UNA INTRODUCCIÓN


Fernando Mires: INTRODUCCIÓN


Alguna prensa, física o digital, suele dejar para el domingo a sus comentaristas políticos más leídos de tal modo que en ese día reservamos más tiempo para nuestras lecturas. Leyendo los periódicos venezolanos dominicales pude llegar así a la conclusión de que, entre algunos autores de mis preferencias, puede detectarse un plano de convergencias. Ellas permiten afirmar que ha ido surgiendo una propuesta pública de contornos definidos. Entre esos autores quisiera destacar las opiniones de cuatro muy conocidos. Dos del periódico digital Tal Cual: Gregorio Salazar y Simón García, y dos del periódico El Universal: Luis Vicente León y Carlos Raúl Hernández.
En diversos tonos y con distintos acentos, los cuatro están de acuerdo en que, dejando de lado una ya casi imposible intervención militar, un improbable alzamiento militar, una presión interna y externa que por sí sola llevaría a claudicar al régimen, más otras alternativas voluntaristas e inmediatistas, ha llegado la hora de retomar el camino democrático y político interrumpido después del grandioso triunfo opositor del 6-D. Camino abandonado por razones muy discutidas.
También están de acuerdo los cuatro en reconocer el innegable liderazgo de Juan Guaidó y por lo mismo de la AN. Pero al mismo tiempo advierten acerca de la posibilidad de un empantanamiento del gran movimiento político y social emergido entre febrero y marzo. Y no por último, están de acuerdo en que la movilización social no puede ser un fin en sí misma y ha de ser completada con un objetivo preciso el que en las condiciones actuales debe apuntar hacia la vía más temida por el régimen, la electoral.
El texto más diplomático es el de Gregorio Salazar. Al leer sus primeras líneas se tiene la impresión de que estamos frente a otra impugnación radical de la vía electoral. Pero lo que el autor critica es solo la afirmación relativa a que las condiciones que se dieron el 20-M eran las mismas que las del 6-D. Efectivamente, las del 20-M eran peores. Manifiesta al mismo tiempo una cierta comprensión por los líderes que llevaron a la abstención el 20-M. No obstante, aún bajo las condiciones negativas para la opción electoral, afirma que en ella Maduro se siente mucho menos cómodo que en un clima impregnado por la violencia. Concluye de modo indirecto en que el hecho de que la oposición diga contar con muchas opciones, puede llevarla a no tomar ninguna. Evidentemente, para Salazar hay una sola opción.
Simón García, con su reconocida prudencia, desata una fuerte crítica a los sectores anti-políticos que ofrecen una alternativa bélica, destruyendo las vías sobre las cuales necesita transitar la oposición. Afirma que el liderazgo de Guaidó no es extremista y que por lo mismo, dejarse seducir por los cantos de sirenas del inmediatismo violento puede llevar a un desastre, otro más de los tantos experimentados por la oposición. Afirma sin ambages que el movimiento desatado por Guaidó carece de estrategia la que no puede surgir a contracorriente de la opiniones que priman en la comunidad internacional. Llama finalmente a buscar las vías para un gran entendimiento nacional cuyo objetivo no puede ser otro sino la reconstrucción del país.
Haciendo uso de un método deductivo, Luis Vicente León llega a la conclusión de que la elección es el único evento político que puede rescatar equilibrios, dar legitimidad real y provocar los cambios. Pero advierte que para retomar la vía electoral no solo se requiere de una fuerte presión internacional y nacional sino, además, debe ser abierto un periodo especial en donde tengan lugar las negociaciones pertinentes. Lo que es obvio. Del mismo modo como la movilización de por sí no conduce a nada, un diálogo que no tematice la alternativa electoral, no tendría ningún sentido.
Carlos Raúl Hernández hace uso una vez más de su incisiva pluma para demostrar como los grandes cambios de régimen habidos en la historia moderna han surgido bajo condiciones impuestas por dictaduras y regímenes autoritarios. Pese a ello, las luchas democráticas han logrado vencer electoralmente a sistemas tanto o más oprobiosos que el representado por Maduro. Hernández está de acuerdo en que si bien la oposición interna no puede ser conducida desde el exterior, contradecir la opinión internacional no es tampoco el mejor camino. En ese sentido Hernández destaca que no solo hay una oposición internacional. Junto a la de los EEUU y la de los países latinoamericanos, existe además la de la UE representada en el grupo de trabajo dirigido por Mogherini.
Efectivamente – se agrega aquí- hay una cierta comunidad de destino entre los países sudamericanos y los europeos. En ambos continentes se ciernen peligros similares: mientras las democracias europeas son amenazadas por regímenes autocráticos como los de Putin, Erdogan y Orban, las latinoamericanas no han aventado todavía los peligros que vienen de Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela, todos, no hay que olvidar, clientes privilegiados de la autocracia putinista.
No quisiera terminar esta sumaria presentación sin arriesgar una opinión con respecto al temario expuesto. Ella tiene que ver con el sentido y carácter de eventuales elecciones. Como he insistido en diversos textos, adoptar la vía electoral no significa creer que Maduro va a acceder a medirse electoralmente. Por eso la lucha por elecciones libres es primero -si se tiene en cuenta el carácter anti-electoral del gobierno- la más radical de las luchas, y segundo, aún si las elecciones no tuvieran lugar es la vía que mejor permite la articulación política de la oposición, tanto consigo misma como con  la comunidad internacional. Es la opción que más suma. Todas las otras restan. Además, es la única via, y desde ese punto de vista ya no hay como perderse.
Tampoco se trata de caer en el falso dilema de presentar a las elecciones como opuestas al llamado fin de la usurpación. Todo lo contrario: se trata de unir ambas opciones, o lo que es igual, dotar de un medio efectivo de lucha al proyecto anti-usurpacionista el que en las condiciones venezolanas no puede ser sino democrático, y por lo tanto político y electoral. Creer que el fin de la usurpación, la transición democrática y las elecciones libres son compartimentos estancos, independientes entre sí, es un absurdo. Por el contrario, el uno está contenido en el otro. No se trata en fin de una lucha en etapas sino de una donde los tres puntos forman parte de una sola unidad.
No quisiera dejar de lado que el término elecciones no se refiere únicamente a una repetición de las elecciones presidenciales, punto que observa claramente Gregorio Salazar. Dentro de la posibilidad electoral existe también la del referendo consultivo contemplado en la constitución. Sobre eso han insistido sectores del chavismo disidente. Enrique Ochoa- Antich ha, a su vez, escrito muy interesantes artículos. Salazar agrega una fina constatación: un referendo podría re-vincular las luchas que se dieron hasta el 2016  por el referendo revocatorio pero en los términos impuestos por las condiciones actuales, mucho más desfavorables al régimen. Vale la pena pensar y discutir sobre esa proposición.

A continuación, los cuatro artículos mencionados.


Gregorio Salazar - ENTRE EL VOTO Y "TODAS LAS OPCIONES"
Maduro representa un régimen ilegítimo y repudiado por más del 80 % de los venezolanos. Encabeza una fracasada revolución que se dice popular pero paradójicamente le teme menos a las amenazas con fusiles que  a la expresión más democrática y pacífica de los ciudadanos: el voto. Clausurar y  mantener esa puerta cerrada es justamente lo que lo ha dejado frente a “todas las opciones”.
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Simón García - SABER GANAR
Ahora el desafío es alinearse con la comunidad internacional y definir como centro de todas las presiones la realización urgente de elecciones libres y justas, favoreciendo que sectores de la coalición dominante prefieran la política a la guerra y acepten formar parte de un entendimiento nacional de reconstrucción del país por diez años, con respeto a la Constitución Nacional desconocida por Maduro. Además de llegar, hay que saber ganar.
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Luis Vicente león - ELECCIONES?
Si me preguntan entonces: ¿vale la pena tener una elección? La elección es el único evento político que puede rescatar equilibrios, dar legitimidad real y provocar los cambios, pero solo será útil si ocurren dos cosas: 1) un periodo especial en el que se negocian condiciones e instituciones insesgadas para controlar el proceso y 2) si ese periodo es tan corto que no hay tiempo para decepciones, fracturas o intentos de actos de gobierno, sin acuerdos e instituciones renovadas. 
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Carlos Raúl Hernández - EL MANTRA
La oposición escaló un gran pico que le permitía sentar creíblemente al gobierno con la Unión Europea. El 23 de febrero eso cayó aunque de nuevo se ha repuesto y no es recomendable dejar pasar otro buen momento. El punto es que la idea de que la solución deber ser electoral y producto de un acuerdo con el gobierno y los militares, parece no tener relevancia para algunos y luce que se trata de nuevo de patear la puerta, el mismo esquema de 2014 hasta hoy, mientras musitamos el mantra “cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres”. 
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