Héctor Silva Michelena - PARA DCIR LA POESÍA



Bildergebnis für Revista dcir
Matad al pesimista de pupila enlutada. La palabra ha encontrado un sol dentro de la rosa. Y cada libro trae su propia palabra. Ya nadie podrá reír ante el vacío. Esta es la historia de dcir ediciones, un reto a quienes han dejado de escuchar la palabra de esa “inmensa minoría” de poetas condenados a que amarilleen sus páginas en una gaveta. El bolsillo se cansa y, en el café o en el bar, cesa esa lectura que otrora fue. El momento es propicio, pues el pasado 21 de marzo de cumplieron 20 años desde que la UNESCO consagró esa fecha con el Día Mundial de la Poesía. En Caracas tuvo lugar una gloriosa lectura de poemas en la Plaza de los Palos Grandes.
Movida por ese fulgor que la anima, la poeta Edda Armas, quien convocó para semejante aventura, al maestro Carlos Cruz Diez, a María Clara Salas y Annella Armas, su hermana, a dar vida a una editorial que publicase poemas inéditos, de poetas reconocidos y de noveles, jóvenes que anhelan con atar sus sueños a su estrella propia. Ellos forman el Comité Editor. Yo lo viví lo sentí, cuando con Caupolicán Ovalles creamos la revista Sol Cuello Cortado, a mediados de los violentos años 60. Poesía sola, de maestros y jóvenes estrictamente inéditos, como mi inolvidable José “Pepe” Barroeta. Murió joven y en un un acto de indeseada coherencia, Pepe, murió cuatro días antes de que apareciera Todos han muerto, el volumen que recoge su poesía completa.
Paso a Edda, y dice su voz: “Historia de una pasión. Lo que en tu alma de niña se graba no te abandona nunca. El olor a tinta, la preparación de las líneas en plomo en la imprenta universitaria en Cumaná, siendo mi padre, Alfredo Armas Alfonzo, Director de Cultura de la Universidad de Oriente en los años 60 me hizo amar las texturas y las coyunturas del proceso editorial. Cuidar un manuscrito, buscarle belleza mediante el diseño y la diagramación, sortear conflictos por la escasez con la dificultad que implica, vigilar el proceso en detalles, hasta poner el libro en las manos del autor y los lectores, es un tobogán de emociones que vale la pena experimentar”.
“Publicar poesía en la Venezuela actual pareciera imposible por razones obvias, habida cuenta de la escasez de papel, los altos costos de impresión y demás rubros, mas también al ser la poesía el menos rentable de los géneros literarios, a juicio de libreros y especialistas de marketing, no solo en el país, sino en la mayor parte del mundo”.
¿Es el dolor o único eterno? El de la palabra inútil, como un piojo. ¡Poesía no! No es rentable. Hoy es peor, los libreros estamos mal, voy a cerrar y poner una cervecería.
¿Cómo surge dcir ediciones? Lo escribe ella, su pasión: “En 2015, dcir ediciones surge como un reto. El reto de editar inéditos de la poesía venezolana en tiempos adversos al hecho editorial. Partíamos entonces de una iniciativa mía, ya que como poeta-lectora y activista cultural que soy venía pensando en ello, haciéndosenos realizable mediante la alianza con dos creadores visuales cercanos y cómplices en el hacer creativo, hablo de Annella Armas mi hermana, y de Carlos Cruz-Diez el artista visual internacional que honra a la plástica nacional, un entrañable amigo”.
“El reto implicaba para los tres atender una pasión incurable por los libros de cuidada y bella factura, considerando a la lectura una vía de experimentación de la libertad”.
La primera piedra… “El maestro creó el logotipo (nuestra piedra fundacional) nombrándole dcir ediciones. Annella Armas concibió el concepto gráfico de la colección con los criterios que nos definirían: un formato práctico de bolsillo, ahorrador de papel, y el uso de fotografías de alto contenido poético en sus portadas. Hasta ahora, todas las fotografías utilizadas pertenecen a diferentes portafolios de la fina y conceptual Annella fotógrafa, los que ha desarrollado en paralelo a su trabajo gráfico durante tres décadas.
El equipo de dcir ediciones se amplía con la participación de Maribel Espinoza y Néstor Mendoza al frente del exigente trabajo de corrección, y un Comité de Lectores que nos apoya cada año en la lectura de los manuscritos recibidos”.
 Su palabra es como aquel rayo que no cesa: dcir edita solo dos títulos por año. En dcir nos interesan los inéditos de poetas consagrados como también los de poetas noveles, siendo una meta nuestra el cortejar (hurgar, rescatar, incluso desempolvar) manuscritos para la publicación de cada año, fomentando diálogos, atendiendo y promoviendo la diversidad de estilos y poéticas”.
Esta sana tendencia se manifiesta en España donde, se publica mucho, pero se lee poco, según la editora Ana Orante, de Vaso Roto. Mientras que Manuel Borrás, de Pre-Textos dice: “Para el editor, existe además un salto generacional interesante que ha dibujado un panorama actual con grandes poetas seniors y estupendos poetas jóvenes". Muy en esta misma línea - señala Belén Bermejo, de Espasa - esta eclosión, además, ha favorecido tanto a los más jóvenes "como a los consagrados e incluso a los clásicos" y, gracias en parte a ello, “se han ampliado las secciones de poesía en las librerías y también en la prensa". Esto se dijo el pasado 21 de marzo. ¡Edda inició dcir ediciones hace más de tres años!
En dcir "el color sucede"
Una bandada de pájaros sobre el piano. Variaciones sobre los helechos de los témpanos.  Recuerdo a Huidobro: “¿Adónde vas arcoíris, no sabes que hay asesinos en todos los caminos?” Las franjas de colores se desplazan, el prisma es hijo de la mañana, como el alba. A lo largo del día la paleta del maestro; Carlos Cruz-Diez, ​uno de los máximos representantes del arte cinético a nivel mundial, vive y trabaja en París desde 1960. ​ Su investigación ha aportado al arte una nueva forma de conocimiento sobre el fenómeno del color, ampliando considerablemente su universo perceptivo.
Por eso, Escribe Edda: “La colección dcir, libro a libro, pone de manifiesto cada año el concepto “el color sucede”, un concepto desarrollado por el maestro Cruz-Diez, el cual asumimos como marca particular que distingue visualmente nuestros libros, año a año. Hablo de la aplicación de un color, tanto en el logo como en los interiores de portada y contraportada, seleccionados de la paleta pantone del maestro. El primer año, usamos el verde color de la esperanza y el renacer. En 2016 el azul, exaltando el valor del mundo espiritual y la sabiduría de los ancestros. En 2017, el vibrante naranja, enarboló la bandera de la creación, la amistad y la vida, honrando la memoria de los estudiantes asesinados durante las manifestaciones en defensa de la libertad y la democracia en nuestro país. Para 2018 los poemarios lucen el violeta (morado) evocando la necesaria fuerza de la transmutación”.

Títulos publicados.                                                                                                                                        
El catalogo inició en 2015 con dos impecables propuestas poéticas: Ritual de Bosques de María Clara Salas (1947) y Pasajero de Néstor Mendoza (1985). Dos libros reposados largo tiempo en los archivos de sus autores sin conseguir editores, aguardaban salida editorial. En 2016, vieron luz dos poemarios con particulares historias: el de Blanca Strepponi (Buenos Aires, 1952) intitulado Crónicas budistas, escrito tras haber emigrado a su Buenos Aires natal,  dejando atrás una vida exitosa en Venezuela consagrada como poeta y editora; y Los ausentes de Rubén Ackerman (Caracas, 1954),  un poemario escrito en el transcurrir de varias décadas sin ánimo de publicarlo, el que una vez editado le otorga a su autor el “Premio Ilustre Municipalidad de Cuenca de la VI edición del Certamen Hispanoamericano de Poesía del Festival Lira de oro” en 2017 en Cuenca, Ecuador.
En el conflictivo 2017, decir favoreció las propuestas de los más jóvenes autores, editando: Estatua de sal y otros poemas, de Cristina Gutiérrez Leal (Coro, 1988) el que habiendo obtenido el “Premio Bienal de Poesía J.A. Ramos Sucre” en 2015, había quedado rezagado sin editarse debido al déficit presupuestario de las universidades públicas;  y la ópera prima Los Palos Grandes del poeta-narrador Carlos Egaña (Caracas, 1995) estudiante avanzado de Letras de la UCAB, activista cultural y estudiantil. Con estos libros, decir cumplió su propósito de apoyar deliberadamente la difusión de variados registros de las voces emergentes en el panorama literario del país.                    
Novedades 2018.                                                                                                                                        
En 2018 la colección dcir crece con dos títulos que apreciamos especialmente: el más reciente escrito por la poeta Cecilia Ortiz (San Casimiro, 1952) intitulado La edad de la templanza, con el que se hace justicia a su decir poético, por la voz madura que alcanza la justa medida de todo, en el correlativo pasado y presente; y el primero de Jhon Rivera Strédel (Caracas, 1992), Savia al mundo, con el cual el joven autor obtuvo en 2017 el Premio de Poesía del Concurso Nacional Universitario “Alfredo Armas Alfonzo” por unanimidad del jurado, quienes destacaron “la diafanidad de su lenguaje, y su capacidad de indagación en el asombro de lo cotidiano y la naturaleza vegetal.”
Los libros de dcir ediciones han sido presentados en Ferias del Libro venezolanas como FILUC, FILCAR, Feria del Oeste de la UC, Festilectura en Plaza de Altamira; en Mérida en la Librería La Ballena Blanca, en la Librería El Buscón en Caracas, en La Sala Mendoza en la Unimet. En el exterior ha sido presentada la colección en Cesta República en Madrid (2018), en la Librería de Viejo en Panamá (2017), y en Casa de la Lectura de Buenos Aires con la colaboración de los poetas Alejandro Méndez y Mercedes Roffé, autores de las contraportadas de estos libros, y la poeta Blanca Streponni autora del sello, residenciada en esa ciudad desde hace cinco años.
Dcir la poesía: una onda en el eco del tambor, late la voz ahogada de la sangre. Un rumor de fuego que se aleja. Sentir el amor de Baudelaire, en las flores del mal, los olivos que fluyen, la roca del desierto calla, la alondra suaviza el paisaje. Los libros de dcir, florecerán entre dunas de piel viva, como trajes de indulgentes costuras, que irán naciendo para vestir nuestros días. Leyéndolos, sabremos como rompió la hierba el hilo de la lluvia, se levantó a pesar del rayo y acarició con calma a la memoria. Y Poco a poco, colmar de agua los cristales de la copa rota.
Dcir la poesía es pensar que hay miles de estrellas muertas en el cielo que nos siguen alumbrando, y es pensar en los cientos de poetas muertos que aún nos siguen alumbrando.