Alejandro Lafluf - "LA GRIETA"

Bildergebnis für grieta
Bildunterschrift hinzufügen
La Política tiene que ver con la gestión pero sobre todo tiene que ver con los valores y las ideas que informan y justifican las decisiones de gestión. Esos valores e ideas traducen una forma de pensar y de sentir que finalmente desemboca en un discurso. La grieta, esa que tanto daño nos ha hecho, no es real sino – como demostraré - consecuencia directa de un discurso, concretamente del discurso de la izquierda latinoamericana.
Marx le enseño a la izquierda que la relación entre el Capital y el Trabajo era una relación de poder, una relación de dominación y explotación donde el empresario era el amo y el trabajador el esclavo. Pero la cosa no se quedó ahí. Un siglo después, otro filósofo, llamado Foucault, expandió la lógica marxista del amo y el esclavo a todas las relaciones humanas. Foucault le enseño a la izquierda que todas las relaciones humanas eran relaciones de poder. Y cuando digo “todas” son “todas”: padres e hijos, empresarios y trabajadores, hombres y mujeres, policías y delincuentes, profesores y alumnos, etc. Todo es Poder. ¿Qué ocurre cuando todo es poder? Cuando todo es Poder solo hay opresores y oprimidos, víctimas y victimarios. Si todo es Poder no queda espacio para nada más: solidaridad, fraternidad, mérito, responsabilidad, dignidad, ejemplaridad, buena voluntad, etc. Si solo hay poder las cosas se pintan en blanco y negro y cualquier intento por mejorar las relaciones sociales está destinado al fracaso. Si solo hay poder solo se permite una lectura de las cosas y el que así no le ve o es un ingenuo o es un miserable.
Para la izquierda entonces la Escuela es un lugar de poder, la familia es un lugar de Poder, las instituciones lo mismo, la empresa igual y así sucesivamente con todos los espacios sociales. El maestro ocupa una posición de poder, el policía ocupa una posición de poder, los padres, los jueces y los empresarios también. Todos son opresores (victimarios). En semejante lógica las cosas se pierden de vista. Los niños pasan a ser víctimas de sus padres, los alumnos víctimas de sus profesores, los delincuentes víctimas de la policía y de los jueces, los trabajadores victimas de los empresarios. No hay lugar para la Responsabilidad. Si solo hay víctimas y victimarios es imposible hablar de responsabilidad. ¿Cómo le exijo responsabilidad a un delincuente si es víctima? ¿Cómo le exijo responsabilidad a un alumno si es víctima? Entonces al delincuente hay que liberarlo no rehabilitarlo, al alumno hay que permitirle pasar de año no educarlo. Pero además, y esto es peor ¿Cómo voy a respetar a un opresor? ¿Cómo voy a dialogar con él? Si solo hay opresores y oprimidos la lógica es de enfrentamiento. Por eso campea la violencia, la falta de diálogo y de respeto. PORQUE HEMOS CONVERTIDO TODAS LAS RELACIONES HUMANAS EN RELACIONES DE PODER. En mi país por ejemplo (Uruguay) ni siquiera el voluntariado se salvó. No puedo imaginarme nada más noble que el voluntariado y sin embargo también se lo veía como algo sospechoso - que encubría situaciones de explotación o vaya a saber qué -.
Esta manera de pensar y de sentir genera también impunidad. La impunidad de decirles, a todos esos supuestos opresores, cualquier cosa. Pareciera que estuviera permitido agredir a un empresario, a un policía,  a una maestra (por el amor de Dios). Pero en realidad, apenas uno lo piensa, en semejante lógica, no es de extrañar que cosas así ocurran.
¿Cómo vamos entonces a ver lo valioso de todas estas instancias si las vemos exclusivamente como espacios de poder? ¿Cómo vamos a valorar la Escuela, la Empresa, las Instituciones, a profesores, policías, jueces, productores, padres, empresarios? Este pensamiento solo conduce al resentimiento, a la desconfianza, a la sospecha permanente y finalmente al odio. Este pensamiento no permite el encuentro, no permite el diálogo, ni  la reconciliación.
Pero sobre todo, y esto es lo más importante, NO ES ASÍ. Lo voy a decir de nuevo: no es así. La relación profesor-alumno, la relación hombre-mujer o la relación padres-hijos por supuesto que es compleja y por momentos conflictiva pero también está llena de amor, de respeto, de compromiso, de preocupación mutua. No se  explica solo por el poder. Los maestros quieren emancipar a sus alumnos. Los padres aman a sus hijos y se preocupan por su libertad y su realización; quieren inculcarles valores no desampararlos.
La relación en una empresa, por ejemplo, esta llena de compromiso, es un lugar de trabajo. Los dueños de las empresas no son déspotas empecinados con la ganancia. Son gente de trabajo, que tienen que lidiar con los proveedores, con los clientes, con los bancos, que se preocupan por sus trabajadores; que hacen todo lo posible para que la empresa permanezca en pie, porque saben perfectamente todo lo que está en juego. Los empresarios no son amos y los trabajadores no son esclavos. Además cuando la izquierda llama esclavos a los trabajadores los priva de la dignidad de lo que hacen y cuando se priva a una persona de la dignidad de lo que hace, se la deja sin nada.
¿Cómo vamos a salir de esta “grieta”? Saliendo de la trampa discursiva que la creó. Cambiando el discurso, rompiendo con esa lógica binaria y maniquea. Llamando a las cosas por su nombre y diciendo claramente que no todo es Poder. Que un empresario dirige su empresa, no oprime a nadie; que un maestro educa, no oprime, que un policía reprime el delito no oprime, que los padres aman no oprimen, que los jueces imparten justicia no oprimen, que la empresa es un lugar de trabajo no de opresión, que la policía es una fuerza del orden no de opresión, que la escuela es un espacio de educación no de opresión y lo mismo la familia, que es un ámbito de amor, no de opresión.
La obsesión por el poder ha cegado a la izquierda latinoamericana y la ha vuelto ineficaz en la resolución  de los problemas. Ya es tiempo de ampliar la mirada.