Susana Seleme Antelo - Enfrentar el postevismo





Ensoberbecido y desafiante, Evo Morales lanzó un reto a la sociedad boliviana:  "Hagan lo que hagan, digan lo que digan, igual vamos a ganar las elecciones". Sin embargo, él está inhabilitado por el artículo 168 de la CPE a una cuarta reelección en 2019, y se lo impide el voto popular del referéndum del 21 F de 2016 que dijo NO la re-re-reelección.
A Morales le valen madre la Constitución y el carácter vinculante de cumplimiento obligatorio del referéndum. Se siente amparado en una espuria resolución del Tribunal Constitucional, apéndice del poder Ejecutivo, que dio curso a lo expresado cuando asumió el mando de la entonces República de Bolivia en 2006: “no somos inquilinos”.
El historiador griego Tucídides (s. iv A.C.) considerado padre de la "historiografía científica" pues para la recopilación de evidencias y sus análisis desechaba la intervención de los ‘dioses’ y más bien se enfocaba en el criterio de causa-efecto. Es el precursor del ‘realismo político’, pues valoraba la política en función del poder.
Muchos siglos después, Max Weber definiría el poder como la probabilidad de tomar decisiones que afecten la vida de otros, pese a la resistencia de éstos. En la medida en que el poder se ejerce por medio de la fuerza y la coerción, Weber distinguió entre el mero ejercicio del poder y la relación de dominación. El concepto de dominación es más preciso, ya que un mandato político deber ser obedecido de cualquier manera y en todas sus formas.
Como en la Bolivia de Morales, donde se ha borrado la independencia de poderes y las luchas por el poder, en un debate plural que es lo esencial del ámbito político, están ausentes. La lucha política ha sido suplantada por el clientelismo ventajista, la prebenda utilitaria y la corrupción impune para el enriquecimiento personal, merced a un derroche sin límites en el uso de los erarios del Estado y la ineficiencia en la gestión pública.
La discusión, la concertación, los acuerdos con ‘los otros’ y con las diferencias no estuvieron ni están en la agenda del régimen. En 12 años Morales ha transgredido todos los límites del poder: controla el poder Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral, militar y policial, amén de movimientos sociales nada santos, hostiga la actividad de los partidos políticos de oposición y pone trabas a las plataformas ciudadanas.  Da zarpazos a la vida democrática, como la violencia institucionalizada contra opositores, la centralización apabullante de los recursos, a costa de la confiscación de los mismos a gobernaciones, alcaldías y pueblos indígenas, mientras rechaza un Pacto Fiscal, que hoy debiera darse en el marco autonómico, quizás mañana federalista.  
Pero ha ofrecido y ofrece estabilidad económica, y el ‘Kapital’ financiero, agroindustrial, comercial, legal e ilegal como el narco-cocalero y el del contrabando, se lo agradece sin chistar. Su contracara es la ausencia de rendición de cuentas y estocadas a la libertad política, de prensa y de pensamiento.
El poder y la dominación son verificables en las diferentes formas de gobierno, y no se debe confundir su origen democrático con el funcionamiento del Estado. Algunos se acogen al método del voto universal, directo y secreto para elegir sus gobernantes. Ese método democrático está hoy degradado por regímenes que han hecho del voto una herramienta utilitaria como vía de legitimación y legalidad democrática para luego convertirse en tiránicos.  Por eso, hoy se exige recuperar la democracia como condición social, mucho más que votar cada cinco años. Se reclama la participación real en decisiones que tienen que ver con las libertades de los miembros de una sociedad, sus derechos y deberes ciudadanos. Por eso Bolivia exige respeto al 21 F de 2016 y al “Bolivia dijo NO” a la re-re-re-re de Evo Morales.
La naturaleza de la dominación se expresa en formas de gobierno dictatoriales, autoritarias, populistas como hace Morales, en su versión autocrática-caudillista, aunque su origen es el voto. Su obsesión por seguir ejerciendo la dominación no provine solo de su enfermiza y narcisista adicción al poder. Aquí no intervienen los dioses del Olimpo ni de las Alturas, pero si interviene como causa-efecto un mandato político ideológico extraterritorial que viene de allende los mares y algunos concomitantes geográficos cercanos y lejanos.  
No se trata solo de impedir que Morales sea candidato en 2019. O de exigir la unidad de toda la oposición: la reactiva, la testimonial, la civil y la política propositiva. Tampoco se trata de un cambio de gobierno como en tiempos democráticos. Se trata de un cambio de sistema político.   Se trata de cambiar un régimen antidemocrático por uno democrático, y dejar de lado la democracia de mercado en la que el ciudadano es una mera mercancía a comparar con alguna promesa electoral.
Se trata de rescatar el Estado y el gobierno de la dictadura que se autodenomina izquierdista, y es corporativa cocalera, contrabandista y otras expresiones ‘populares’ adictas al populismo.
Se trata de encontrar la síntesis en el ideario de la República y el Estado Democrático de Derecho para ponerle límites a las transgresiones del poder y la dominación de Morales. Se trata de enfrentar el postevismo.

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