Susana Seleme Antelo (Bolivia) - La (IN) Correción Política


Hablemos claro, dejando de lado la llamada ‘corrección política’:  sin un Estado de Derecho, el Mar deja de ser un Derecho colectivo, individual, político y económico para las y los bolivianos.

Queremos Mar, pero también queremos respeto al 21 F y al voto soberano que dijo NO a la inconstitucional cuarta reelección de la dupla Morales-García Linera. Queremos Mar, pero NO la perpetuación de Morales en el poder.
La llamada “corrección política” en Bolivia, como en todo el mundo, es una nueva forma de impostura, falsedad y censura. Su fin no es otro que neutralizar-manipular ideas y diferencias que se oponen a lo oleado y sacramentado por la historia ‘oficial’, la tradición, la costumbre y no pocos mitos.
Por eso voy a ser todo lo políticamente incorrecta que me permite la ética periodística para no falsear la realidad.

En primer lugar, la frondosa comitiva que acompañará a Evo Morales a La Haya, no representa UNIDAD política alguna en Bolivia. Esa es una ‘corrección política’ falsa porque tal unidad no existe, si Morales llama a los expresidentes invitados vendepatrias, neoliberales, de ultra derecha, imperialistas o ‘pichón de dictador’, a uno de ellos.
La supuesta unidad de Bolivia, en este caso, es un artilugio demagogo-populista para hacer creer que Morales es el paladín de la reivindicación marítima. O que en 2018 Bolivia tendrá mar, como dijo en una cadena internacional y que todos somos borregos que no distinguimos la buena fe de mañas políticas.

Que la causa marítima es una política de Estado, a la que deben sumarse moros y cristianaos, sin importar quien los convoque es una falacia que hace al mito sobre el tema. Morales está haciendo un sainete político porque una política de Estado seria debió distinguir entre el objeto deseado: recuperar la soberanía de territorios perdidos en la guerra de 1879, y el objetivo posible: acceder a la cualidad marítima que es más importante para el progreso de las relaciones comerciales de Bolivia con el mundo. Para eso son los puertos, no para que una bandera ondee al viento y satisfaga el nacionalismo de populistas.
Es una afrenta que Morales invite a personas que no respeta y más bien desprecia porque son demócratas, que lucharon y luchan por una democracia plena con independencia de poderes, y con un Tribunal Constitucional probo que no avale -ya van dos veces- el continuismo de Morales, y más bien promueva un Poder Judicial independiente del poder político.

Queremos Mar, pero también una democracia sin guillotinas judiciales a opositores, ni guillotinas económicas a gobernaciones no oficialistas. Queremos Mar con amnistía política irrestricta, sin presos, ni perseguidos, ni exiliados políticos, ni asfixia a los medios de comunicación independientes, ni más imposturas sobre los pueblos indígenas y el Medioambiente.
Reitero: sin un Estado de Derecho, el Mar deja de ser un Derecho. Bolivia quiere Mar, pero que se cumpla la norma, más concreta que abstracta, del Referéndum del 21 F de 2016. Queremos Mar, pero NO a Evo Morales en las elecciones de 2019.  Si él no respeta el voto soberano del 21F ¿qué soberanía le puede exigir a Chile?

Una mayoría de la sociedad ya no acepta la efervescencia de un nacionalismo patriotero, ni sus rituales que apelan más a la emoción que a la razón y se traducen en arengas y consignas. Como la confección de “la bandera más grande que se haya hecho en el mundo” de color azul, el color del partido del régimen, con una whipala en un extremo, como distintivo oficialista. Será el “banderazo”, dicen, que utilizará niños del sistema educativo, más como un apoyo al disminuido Morales en las encuestas, que acompañamiento a los alegatos en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya, que ni se enterará.  

Ya no mueve ni conmueve el recurso discursivo machacón y chauvinista sobre el Mar. Más importante es la lucha por la democracia que está secuestrada por el centralismo autocrático, electorero y continuista de Morales.

Hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, diré que la ‘corrección política’ también abarca tópicos como las bromas, chistes, piropos o galanteos, cuando son lisa y llanamente expresiones de machismo, sexismo y abusos de palabra y obra contra las mujeres. Pero la ‘corrección política’ le permite a Morales lanzar sus procaces comentarios, y que las mujeres de su partido lo festejen o defiendan sin el menor rubor.  Una mujer no “se ofende” por un solo comentario machista: una mujer padece todos los días la realidad de cualesquiera de los comentarios de Morales, quien, acorde con mi ‘incorreción política’, es un macho depredador.

¡Bien por Jaime Paz Zamora que usó la ‘incorrección política’ y no se sumó a la supuesta “unidad” de Morales por el Mar, mientras insulta, amontona, no respeta la alternabilidad política en democracia y defiende a dictadores! Sin Estado de Derecho, el Mar deja de ser un derecho para Bolivia.

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