Rafael Quiñones - EMPEZAR LA CASA POR LA AZOTEA

El título de este escrito se basa en una frase que escuchaba frecuentemente quien esto escribe en su infancia y adolescencia para definir determinadas formas de conducta de los venezolanos. La oración generalmente era utilizada para definir al menos una de las siguientes acciones: El tratar de alcanzar un objetivo determinado implementando desde el principio lo que debe ser la acción final para obtenerlo; o centrar las acciones para resolver un problema a través de enfocarse en los detalles más intrascendentes de dicho problema. Venezuela tiene una gran tradición de construir azoteas de manera rápida e improvisada, al menos a nivel de los hogares de las clases populares, lo cual da más fuerza al mensaje de la frase.

         Al grano con el tema: En Venezuela, usando las definiciones del profesor Fernando Mires podríamos distinguir al menos 3 grupos en la oposición de acuerdo a su forma de hacer política: conciliadores, insurrectos y los constitucionalistas. Los conciliadores son defensores del método de hacer política pre-chavista de dialogar con los oponentes hasta llegar a un acuerdo (cosa que no se aplica al menos contra la actual cúpula del chavismo que persigue el exterminio existencial de la oposición). Los insurrectos consideran completamente inmoral e irracional llegar acuerdos con el gobierno y creen que una salida electoral es imposible, ya que el gobierno ha demostrado su talante autoritario de manera innegable lo cual lleva según ellos que la única salida a la crisis venezolana es su derrocamiento, para así restituir el estado democrático en el país. Los constitucionalistas se mueven en medio de los dos extremos, luchando con las herramientas que les da la constitución, tratando de ser insurrectos cuando las circunstancias están dadas para ello, pero tampoco rechazan la conciliación si los factores del ambiente político los empujan a ello.
El problema es que al menos en dos de los tres grupos que hacen vida en la oposición actúan “empezando la casa por la azotea”. Los conciliadores quieren inmediatamente hablar cara a cara con la cúpula del gobierno, creyendo que una élite del poder que ha demostrado no querer escuchar más nadie que a ellos mismos va a ceder sólo a través del diálogo ¿Se han planteado alguna vez primero parlamentar con sus propios compañeros de lucha sobre estrategias comunes antes de hablar con sus enemigos? ¿Dialogan con los grupos de electores que aún están indecisos entre situarse entre opositores (demócratas) y oficialistas (totalitarios)? Y especialmente ¿Se han planteado que antes de dialogar con la cúpula del gobierno podrían hacer lo que llaman “dialogar a puerta escondida” (su método favorito de hacer política según sus propias palabras en público) con el chavismo disidente, especialmente el que hace vida en los cuarteles y que según las últimas noticias al fin sufren los estragos del hambre que la población civil experimento desde hace años?
La misma problemática pasa con los radicales o insurrectos. Tienen preparado todos los días y a todas horas discursos incendiarios de rebelión, especialmente en las redes sociales ¿Acaso antes de pronunciar su primer grito de agitación incendiario han organizado la logística de la protesta callejera? ¿Han contactado acaso algún miembro de las fuerzas represoras del gobierno que quiera desertar antes de pedir que la gente se inmole en las calles? Y con mucho énfasis ¿Tienen claro que en una política de insurrección es más importante decirle claramente a la gente lo que se tiene que hacer, paso a paso, que pronunciar discursos vacuos sobre lo que las personas desean oír? “La Revolución no se hace, se organiza”, diría Lenin
Y los constitucionalistas, al menos en ocasiones aciertan en saber cuando hay que ser conciliadores y cuando hay que ser insurrectos, como pasó en los diálogos de República Dominicana o en las protestas del 2017. La cuestión es que, ante la crisis de las inconstitucionales elecciones presidenciales adelantadas por el régimen, es necesario lanzar puentes entre todos los grupos opositores para ponerse de acuerdo en una estrategia común ante una oportunidad histórica que quizás no se pueda repetir. Es difícil resolver de un plumazo cuál de las opciones ante las elecciones adelantadas es la más acertada, especialmente con la presión de la Comunidad Internacional actuando en esta crisis: Si abstenerse de manera activa o participar en dichas elecciones a modo de protesta. Quizás termine siendo irrelevante dicho debate en un muy corto plazo. Posiblemente los partidos que hacen vida en la MUD escogerán no la opción más eficiente (si es que entre las dos opciones existe realmente una opción sustancialmente eficiente para generarle grandes costos políticos al gobierno) sino la que menos desacuerdos genere en la coalición opositora para tomar una decisión consensuada. Porque enfrentar estas ilegales elecciones requiere de dos pilares fundamentales: El mayor consenso posible de las fuerzas de la oposición (incluso fuera de la MUD) para neutralizar estas elecciones y así obtener condiciones electorales mínimas; y la segunda que está muy conectada con la primera, es como conectar esa estrategia consensuada con las presiones de la Comunidad Internacional cuyo apoyo obtenido costó literalmente sangre y vidas y puede ser vital para resolver la crisis.
“Empezando la casa por la azotea”. Los conciliadores ¿Se han planteado dialogar con esa parte del chavismo que no recibe dólares a 12 Bsf, a quienes se les bloqueó su deseo de al menos ser tomados en cuenta como pre-candidatos presidenciales por parte del oficialismo? Los insurrectos ¿Aprendieron de los éxitos y fracasos del año 2017 para llevar a cabo una estrategia de agitación callejera realmente efectivo y costoso contra los intereses del gobierno, donde haya el más mínimo número de muertos y heridos? Y los constitucionalistas, aquellos que aún con sus derrotas al menos tienen algunas victorias que mostrar, tienen la pregunta aún más difícil que responder ¿Cómo combinamos presión internacional, diálogo con el chavismo disidente e indecisos, y agitación callejera en una sola estrategia efectiva contra el actual gobierno? Porque el objetivo es recobrar la democracia en el país y para eso se necesitan condiciones electorales mínimas para comenzar ese proceso que lleve a unas elecciones democráticas y una transición política. Para eso debe darse una ruptura dentro del chavismo aún más abrupta que la deserción de la Fiscal General de la República desde el oficialismo en el año 2017. Ah, por cierto, para los radicales, quizás para obtener esas condiciones mínimas electorales se pase previamente por sacar del poder al actual gobierno, pero el orden de los factores puede ser diferente. Así es la política y sus contingencias.
Es secundario (más no irrelevante) decidir participar o no estas elecciones fraudulentas, sino que se hace antes y después de las mismas para quebrar el oficialismo desde adentro y en lo posible con el apoyo de la Comunidad Internacional, porque esta última es fundamental, más por sí sola no va a resolver la crisis venezolana. Es necesario contestar como la ciudadanía democrática puede combinar todos los recursos e insumos políticos que tiene a la mano para fracturar el chavismo y alcanzar las condiciones mínimas para que haya elecciones que lleven a la democracia al país, aunque pueda que tener que sacar al madurismo del poder antes de concretar ese deseo (esto último no es una certeza sino sólo una de las tantas posibilidades). El resto es soñar con deus ex machina, sean militares “institucionales” o sanciones internacionales que arreglen la coyuntura que actualmente vive Venezuela sin hacer nada. Uno lucha con lo que se tiene, no con lo que se quiere, podría llevar a que lo que se tiene sea mucho más y mejor para alcanzar tu objetivo de lo que se creía en un principio. 

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