Humberto García Larralde - LOS MILITARES CONTRA EL PUEBLO

Maldito el soldado que empuñe su arma contra su propio pueblo”, Simón Bolívar



Un primer balance de la jornada de hoy, 19 de abril, pone de manifiesto las fuerzas en acción. 

Por un lado, un pueblo aguerrido, hastiado de tanta mentira, de tanta burla, de tanta opresión, que tomó las calles valientemente en toda Venezuela para manifestar su repudio a un régimen empeñado en someterlo por el hambre y la negación de sus derechos más elementales. Por el otro lado, una Guardia Nacional disfrazada de tortugas ninjas y armada hasta los colmillos con dispositivos sofisticados para reprimir, que ha hipotecado irreparablemente toda posibilidad de ser respetada como digna heredera del Ejército Libertador. 

El honor, definitivamente, no se les divisa. Y al lado de tan abyecta expresión militar, unos malandros armados, empoderados como colectivos fascistas con patente de corso para asesinar a inocentes manifestantes, como hicieron lamentablemente, con el jovencito abatido en San Bernardino, José Moreno Baron, quien iniciaba sus estudios de Economía en la UCV y, en el Táchira, con la joven Paola Andreina Ramírez. 

Ejército, malandros, represión y sangre, contra un pueblo desarmado exigiendo sus derechos. Es el trágico desenlace de una “revolución” que quiso alguna vez auto-designarse “Bolivariana”. Nos tocó marchar desde Santa Mónica, uno de los 26 puntos desde los cuales partirían distintas movilizaciones para converger en la Defensoría del Pueblo con el fin de exigirle al llamado Poder Moral una actitud digna contra los usurpadores del TSJ que habían perpetrado el golpe contra el orden constitucional. 

Pero, como en la novela 1984 de Orwell, en la neolengua fascista “Moral” significa todo lo contrario. Más de 10.000 personas arrancaron, pasadas las 11 am, para encontrar los diversos accesos al centro bloqueadas por tortugas ninja y por camiones anti-motín con vallas desplegadas a los lados para copar toda la calle. Para eso si gasta Maduro millones de dólares, pero no para importar alimentos, medicinas y/o para dotar a hospitales de los equipos requeridos para salvar vidas. Es la escala de “valores” enfermos de la oligarquía militar-civil que hoy expolia el país.

A la altura de Ciudad Banesco, la penetración del acre olor de gas pimienta en narices y gargantas plantó un muro infranqueable que, luego de varios intentos de vadearlo, terminó dispersando a la multitudinaria marcha. Si de cada uno de los puntos de congregación hubiesen partido igual cantidad de gente, estaríamos hablando de más de 200.000 personas ocupando las calles de Caracas, desde el oeste hasta el este, de norte a sur, sin autobuses y con 19 estaciones de metro cerradas. 

De regreso a San Antonio, nos tocó observar la movilización fascista: todo el distribuidor de La Bandera y toda la autopista de El Valle hasta Longaray, sirviendo de estacionamiento de autobuses públicos -costeados por el Estado-, uno detrás de otro, en los que se leían procedencias de Carabobo, Lara, Cojedes, Trujillo y otros lugares. Más autobuses que gente, acarreada para jugar el papel de “pueblo”. 

Hoy se reveló el pavor que le tiene la oligarquía mafiosa al pueblo en la calle. Con el uso desproporcionado de la fuerza represiva y las armas asesinas de las bandas fascistas, no sólo lograron impedir el acceso a la Defensoría del Pueblo, sino a que se juntaran las distintas marchas en una masiva demostración de repudio. Bajo asesoría cubana, trataron de detener, como fuese, el fortalecimiento del movimiento popular, de su moral, que siguiera envalentonándose en su enfrentamiento a la opresión. 

Maduro, enclaustrado con su secta, habría bailado y cantado -según cuentan quienes tuvieron estómago para verlo en la tele-, pensando en que hoy, al haber cortado salvajemente las marchas, evitó una nueva derrota. Pero se equivoca. Ahí están numerosísimos testimonios grabados, evidenciados, contados por millares de venezolanos de la determinación, reforzada con la represión y los asesinatos de hoy, de que no hay vuelta atrás, de que o seguimos adelante hasta resquebrajar la plataforma militar que sostiene hoy al gobierno, o le entregamos definitivamente el país a quienes lo están expoliando. 

¡Qué triste papel el de la Guardia! ¡Qué falta de vergüenza, de honor, de dignidad! La historia NO los absolverá:

Humberto García Larralde, economista, profesor de la UCV, humgarl@gmail,com 

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