Simón García (Venezuela) - LOS CONSENSOS NEGATIVOS


                                                                               
El comentario se esparce. Se repite, pese a la subyacente prepotencia ante una velada y pretendida superioridad. Se hace látigo sobre las espaldas de nuestra conciencia: “somos más pobres que Haití”.
El lenguaje cotidiano no puede dejar de gritar la tragedia nacional que somos. Se acumulan las destrucciones: país, las políticas del antidesarrollo, los acelerados empobrecimientos, la visualización de la corrupción, la asociación entre fichas del poder y el narcotráfico o la disolución del Estado incapaz de ofrecer servicios públicos o seguridad. Hasta la misma integridad del territorio se ha vuelto precaria.
El país, con una contundencia que sólo es posible porque suma a la oposición y a una parte de los seguidores del gobierno, ha llegado a varios consensos. Son todos convencimientos negativos. Uno, por ejemplo, es que el 95% de la población ve mal la situación del país, entre ellos el 80% de los oficialistas. Otro es que más del 70% de los venezolanos, según varias encuestadoras, considera que el futuro será peor.
Es también un dato duro que la simpatía por el gobierno y la oposición se distribuye en una relación de 40%-15%. Los seguidores de Maduro han pasado a ser una minoría; pero quienes se identifican con la oposición todavía no han cruzado la línea del 50%. Esta mayoría relativa choca con el alejamiento de un 38% de ciudadanos que no encuentra motivos positivos y confianza en la oposición y en particular en la MUD.    
Hemos vivido confinados en consensos negativos. La mayoría del país, al margen de sus posiciones políticas o ideológicas, comprueba que estamos cada día peor, que la situación se vuelve insoportable y que ya no podemos seguir perdiendo todos.
El drama común de esta mayoría compuesta con gente de uno y otro lado, es que mientras tanto en las calles está apareciendo el hambre, se impone un modelo generador de más calamidades y el gobierno demuestra que no quiere rectificar.
Es una mayoría que aún no se ha atrevido a buscar con determinación el camino para pasar a conformar consensos positivos. Pero está a punto.
El diálogo sin negociación fracasó. Ahora existen condiciones para realizar un enorme esfuerzo, desde lados de distinto signo,  para orientar el diálogo que está creciendo, paralela y espontáneamente, en la sociedad y para convencer a quienes aún sostienen a un poder, fuera de la Constitución y contra la nación, que su mejor opción es negociar una transición hacia el restablecimiento de la democracia y de las condiciones para reemprender un desarrollo socialmente inclusivo, económicamente exitoso y políticamente progresista.
La experiencia reciente nos indica que diálogo sin negociación no funciona y que el centro de la negociación debe ser el restablecimiento de la democracia. Omito los eslabones de ese tránsito, el más inmediato de los cuales es lograr la elección de gobernadores. 
Un desafío para la nueva MUD, para sus alianzas y relaciones con todas las fuerzas e instituciones interesadas en avanzar hacia el mejor país posible.
@garciasim



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