Viernes de la Poesía: TRES POEMAS DESDE CARACAS



Coromoto Renaud - ¿CÓMO DEJAR DE SER?

¿Cómo dejar de ser
si soy raíz que crece hacia el cielo
piedra de río decantada  por el tiempo
vuelo de un pájaro sin pájaro?


¿Cómo ser algo más que titubeos de lo indecible?
¿Cómo nombrar  lo oculto?
¿Cómo evitar el exilio si camino hacia el mar?
Solo tengo preguntas que resplandecen en la noche

y palabras húmedas sobre la piel


Alejo Urdaneta - ESPERAS SIN NADA SABER

Pesa el tiempo
gotea y succiona el aliento
Extraño pulpo dominante
en el blanco espacio del silencio

Quizás haya un mundo afuera
Inabordable para aquel que yace
atento
sin poder hablar
rogando ver a los ojos
escuchar una palabra

De nada sirve sonreír
pronunciar un gemido
en aquel recinto callado

Solamente estiletes de sutil timbre
Hierro que no hiere
Amor en la entrega del oficiante

Y luz
Blanca luz que penetra en lo incierto
Miedo, quizás
y un grito en la entraña
cuando miras rostros enmascarados

Sabes porque lo dicta la consciencia
de la bondad que te acoge
en el templo sin adornos
blanco luminoso anuncio de vida
Cada mirada sobre tu mirada
sin ver las bocas cubiertas
Escuchas ahora el rumor del agua en la acequia

Sordo en la sala
movimiento de manos

ya no llegan los signos del mundo.
Duermes.


Leandro Area - PATRIA

Aunque admita te has ido,
hasta la vista,
persiste en esta casa que no estás
y tanto
que hasta el perro me mira preguntando,
como el hijo que es,
que cuándo volverás
y no descansa en demostrar tu falta
en el ladrar tenaz de mis oídos, 
orinando en la casa marcando el territorio
que te insiste e implora,
en el radar de orejas que te buscan
y el abanico de esa su cola incógnita.

Y es que no se olfatea,
gracias al arte de mentir, 
que es un bozal lo que le digo
que te has quedado hablando con amigas,
que la lluvia, que el tráfico,
las líneas telefónicas,
cosas de este mundo flamante
en el país de espanto que nos borra
donde todo florece
menos el pan, la compasión, la virtud, el abrazo.

No sabe como yo que te he perdido
que es igual a extraviarse de uno mismo
en la autopista cruenta de los otros
que no te miran nunca y aceleran.

Patria te llamábamos como si fuera intacta
tú virgen definitiva primavera
impávida eternidad de nuestro arrullo
sin fin de los instantes.

Y no fue así estrepitosamente
convertida en luto de silencio
con luz extravagante y propia 
que se apagó de pronto.

Hoy todavía, podrás imaginar,
seguimos buscando en los cobijos,
olfateando tus nidos,
lamiendo las ventanas
por las que mirabas en las tardes
las noches que llegaban o huían, 
la gente que venía o que iba
mientras se encendían
las luces de la calle 
y parecía tal vez, en ese titilar,
que todo comenzaba de nuevo,
amanecía.

Hoy que ya no estás sin despedirte
pues te cansaste de lo repetido,
te escribo esta postal
que pongo entre tus manos la primera 
cuando te vuelva a ver
si te conozco Patria después de tantos años
imborrables y tercos,
miserables,
aullidos.



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