POLIS: SÍ O NO: OPINIONES SOBRE LA PAZ COLOMBIANA (cuatro textos)


SANTIAGO GAMBOA - EL MIEDO A LA PAZ
El “no” suele ser el adverbio de la dignidad: no me dejo comprar, no acepto mermelada, no le doy la mano a un asesino, no admito que me amenacen o me insulten. Como decía Kavafis, a todos en la vida nos llega el momento de decir el gran “sí” o el gran “no”.
A veces la cobardía es decir “sí” (obedezco a mi superior y mato un inocente, aplaudo por miedo a alguien con quien no estoy de acuerdo, voto lo que diga mi jefe político). Pero a veces también la cobardía es decir “no”: no me atrevo a probar algo distinto, no soy capaz de dar una oportunidad a quienes quieren cambiar de camino, a quienes quieren dejar de matar por sus ideas y aceptan someter sus ideas al veredicto del pueblo.
En este último medio siglo Colombia ha sido el país del “no”. Unos campesinos se rebelaron contra humillaciones y dijeron “no” de un modo inaceptable: con armas. El Estado no aceptó ninguna de las razones (algunas válidas) de esos campesinos y se negó a transigir en todo. Su “no” asumió también una forma inadecuada: legal, pero violenta y exagerada. Y entonces vinieron un “no” tras otro: no me dejo y crezco, no me dejo y mato, no me dejo y secuestro, no me dejo y trafico con tal de ganar. No, no y no. Era el “no” de la ira y del resentimiento. Y el Estado igual: no se dialoga con terroristas, no se cede al chantaje, no se cede a los secuestradores... Y así, de no en no, llegó el pantano. Nos acostumbramos a que lo anormal fuera la norma: lo normal ha sido la guerra de baja intensidad permanente. No, no y no, decía la guerrilla; no, no y no, decía el Estado. Nonombia.
Por primera vez en medio siglo el Gobierno y la guerrilla, tras un proceso serio, largo, arduo, y muy bien llevado (con el Acuerdo mejor que se podía alcanzar, un Acuerdo que por definición no puede dejar contenta a ninguna de las partes) nos ofrece la posibilidad de una salida. Y la salida es el “Sí”. Nunca en medio siglo habíamos estado ante una oportunidad más clara, neta e importante de cambiar la lógica monstruosa, repetitiva, de este país del “no”. En el Acuerdo no se entregan territorios; el Estado no cambia el modelo de libertades personales y económicas; la guerrilla no podrá hacer política con amenazas. Por eso hay que votar “Sí”.
¿Nos vamos a asustar ante este “Sí” porque la guerrilla va a tener ocho, o 16, o 30 congresistas de 268 que hay? ¿Nos vamos a echar para atrás ahora porque los exguerrilleros van a tener libertad de palabra y de movimiento? ¿Nos vamos a negar esta oportunidad porque Granda no va a podrirse en la cárcel, o porque el pueblo puede votar por marxistas? En toda democracia seria se puede votar por marxistas o comunistas o chavistas. Decir lo contrario es ridículo y dictatorial. El “No” en este momento no es dignidad. El “No” en este momento es puro miedo: es seguir en lo malo conocido, en el conflicto indefinido, en los tiros y las bombas, en la acusación a una mitad del país de ser guerrillera y a la otra mitad de ser paramilitar. El “No” es la continuación cobarde de lo absurdo y de lo que ya ensayamos. La continuación del fracaso.
El “Sí” es tener el valor de darnos la oportunidad de ser un país distinto, pacífico, renovado. Un país en el que nos podamos dedicar a lo verdaderamente importante: el agua, la comida, la educación, los mares, las selvas, los páramos, la música, la cultura, los libros, la felicidad. No el país del espanto. No el país del miedo: el país distinto. El “Sí” no promete un paraíso: somos humanos muy imperfectos. Pero sí nos promete quitarle un pedazo al infierno de la violencia. Sin miedo seremos más libres y más felices. Discutiremos más, pero sin una pistola en la nuca. Voy a votar Sí, pero no por las Farc, sino para que las Farc sean un partido sin armas, por el que se pueda votar, así yo nunca vaya a votar por ellos.

HÉCTOR ABAD FACIOLINCI - LOS BENEFICIOS DEL SÍ


Una de las objeciones más grandes a los acuerdos de paz proviene del miedo a que las Farc hagan política en igualdad de condiciones y con los mismos derechos que los otros.
Cada vez que tiene un micrófono delante, Uribe repite lo mismo: “No me gustaría ver a Timochenko de presidente”. Pastrana, que vino a sumarse al coro de arcángeles del No, ha dicho: “Timochenko es el autor de la nueva Constitución”. Y el procurador Ordóñez, cuya campaña ya no puede ser más obvia y, por ser aún un funcionario público, más descarada, alega que su destitución fue el primer acto de entrega del país a las Farc.
Por supuesto que las dos últimas declaraciones, la de Pastrana y la de Ordóñez, son completamente falsas y necias, a diferencia de la de Uribe, que sí es posible aunque sumamente improbable. Vamos por partes.Timochenko no redactó en La Habana ninguna nueva Constitución y esto Pastrana lo sabe, pero sus asesores de márketing o su propia intuición debieron insinuarle que era una frase ingeniosa (y lo es), una típica “vergajada bogotana” que, por eso mismo, la pobre gente de este país repetirá sin pensar, como coreando misa. Y en cuanto a lo de Ordóñez, que su destitución haya sido pedida por las Farc es algo francamente risible. Si alguien estaba por fuera del brazo de Ordóñez eran justamente las Farc, que no son ni servidores públicos ni funcionarios del Estado.
Sus promotores saben que estas ideas son fraudulentas, pero aun así las lanzan al ruedo y las repiten para confundir o contaminar, con ese cálculo cínico y clasista que consiste en decir cosas absurdas a sabiendas de que una parte de la población, que no tuvo las mismas oportunidades que ellos para educarse y formar un criterio, las adoptará, creerá en ellas, caerá en el engaño. Como vender comida pasada de fecha o en mal estado a gente que no se puede dar cuenta ni tiene la posibilidad de elegir.
Que Timochenko pueda llegar a la Presidencia, en cambio, es sumamente remoto, pero en teoría posible. En democracia, yo mismo podría ser presidente de Colombia, o Amparo Grisales, o el pobre Pambelé. Pero no se protege a una sociedad democrática de cosas insensatas prohibiéndole a un grupo específico la participación, sino concibiendo una política mejor, hecha de un modo más exigente y responsable para que sea representativa, transparente, verdadera e insobornable. Uribe no quiere a las Farc en el ruedo electoral porque supone que harán lo mismo que hizo él, que por lo demás es lo que han hecho casi todos los políticos de este país. Por eso, con su recelo, lo que nos están revelando es que sólo creen en la democracia cuando ganan ellos, cuando tienen en el bolsillo todos los números de la rifa. Su miedo es un espejo en el que ven reflejados sus trapicheos y sus trampas, su enorme codicia insatisfecha. A lo que tanto temen no es a que las Farc sean elegibles y hagan política, pues no saben cómo la harán; lo que temen es que la hagan del mismo modo en que la han hecho ellos siempre, comprando y sobornando, y que esto les suponga una ventaja en los territorios olvidados del país. Por eso prefieren que se queden lejos, allá en las selvas, continuando esa guerra de pobres contra pobres que desde hace 50 años los ha encubierto.

MARIO CONCHA VERGARA -  ASESINOS PREMIADOS Y LA PAZ DE LOS SEPULCROS


Más de cincuenta años de extorsiones, secuestros, asesinatos, narcotráfico, en donde más de 260 mil personas perecieron se supone que llegarán a su fin en Colombia tras la firma de un tratado de paz entre el gobierno de esa nación y las guerrillas de las FARC. Unos 8 millones de personas se vieron afectados directamente por esta cruenta guerra civil en donde las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, más conocidas como las FARC se proclamaban como la fuerza militar y política que solucionaría los problemas sociales y económicos del país. La firma de este tratado, sin embargo, no llevará la paz a este inmenso país sudamericano.

Se llevó a cabo un acuerdo de paz en donde la guerrilla más grande del país, las FARC, se reúnen durante 4 años, en La Habana, Cuba, tierra que no era neutral para estas conversaciones, con los representantes del gobierno colombiano más los garantes y observadores  de diferentes países del área. Lo que llama la atención, es que ni las FARC ni el gobierno, invitaron a las demás fuerzas revolucionarias involucradas en este conflicto, como sería el ELN (Ejército Nacional de Liberación), el Ejército Popular de Liberación, y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar o Fuerza Armadas Bolivarianas; en otras palabras, el acuerdo de paz colombiano nace viciado.
Las FARC, para dejar las armas (no se sabe cómo ni cuántas) serán premiadas sin considerar que mataron a miles de colombianos a quienes asesinaron en forma brutal como a 80 feligreses en una iglesia incendiada a propósito. Esto es conocido como la Masacre de Bojayá (Chocó). 2 de mayo del 2002. La guerrilla y los paramilitares utilizaron el pueblito junto al río Atrato, habitado por campesinos humildes, de campo de batalla. Durante los combates, los vecinos se refugiaron en la parroquia. A las FARC no les importaron los civiles y lanzaron cilindros – bombas artesanales- en dirección al templo. Ciento diecinueve personas de todas las edades perdieron la vida.
Serán premiadas permitiéndoles crear un partido político, con un gran financiamiento y divulgación por parte del gobierno. No se sabe si el financiamiento será por voto obtenido o por cada muerte que acrediten. Ellos (las FARC) podrán registrarse formalmente ante el Consejo Electoral de Colombia como partido político y tendrán una participación asegurada en el Congreso (la guinda de la torta) pues tendrán derecho a 5 escaños en el Senado y 5 en la Cámara Baja. Pero, como si esto fuera poco, el  Estado de Colombia desembolsará anualmente un 10% de apoyo económico del Fondo de Apoyo a los partidos políticos. Es decir, recibirán casi 1,5 millones de dólares.
También se dará ayuda de reinserción a los asesinos y tendrán un seguro de desempleo que durará dos años. Los agricultores de las FARC que hayan sembrado marihuana o coca no serán perseguidos penalmente, para ello tendrán dos años de plazo; es decir, podrán cerrar sus multimillonarios negocios sin problemas económicos. (¿Vista gorda al narcotráfico?) (¿Política a lo Evo Morales?). Las guerrillas, después de esto se comprometen a poner fin a cualquiera relación que tenga que ver con los cultivos ilícitos.
La justicia, pondrá en práctica, para no herir la epidermis de los asesinos de las FARC, un modelos de "justicia" transicional que pondrá penas alternativas para los responsables de "delitos de guerra y de lesa humanidad"; en otras palabras, los jueces y magistrados, les dirán a esos asesinos, "páseme su mano" y le darán 2 reglazos a cada unos diciéndoles "eso no se hace"...
Por otra parte, al pueblo colombiano le da asco y vergüenza ver a los líderes guerrilleros que negociaron en Cuba, como regresaron a la luz pública gordos, obesos, bien vestidos, mientras sus compañeros se morían picados por los mosquitos zika en la jungla colombiana.
La justicia transicional tiene un gran rechazo en el pueblo, los ex presidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, se oponen abiertamente a estos acuerdos de paz pues no son otra cosa que una práctica demagógica del gobierno de de Juan Manuel Santos y de los gobiernos americanos que avalaron estas conversaciones.
En los próximos días habrá un plebiscito para aceptar o rechazar estos acuerdos con la guerrilla; hay una gran mayoría de colombianos que no aceptan estos acuerdos pues, para ellos, se le da impunidad total a los asesinos del pueblo colombiano y, porque además no se consideraron a las otras guerrillas que tienen cerca de 10 mil hombres en armas, usando el territorio venezolano como rutas de avance y escape.
Periodista chileno

conchamh@gmail.com



SEMANA:COM - ENTREVISTA A JOSÉ MIGUEL VIVANCO

Semana.com: Usted es una de las voces más autorizadas en el trabajo por los derechos humanos en el continente y quizás una de las pocas que ha hecho públicos sus reparos al acuerdo entre las FARC y el Gobierno. ¿Qué le preocupa específicamente?
José Miguel Vivanco: Me preocupan numerosas disposiciones delacuerdo de justicia alcanzado en diciembre pasado. En primer lugar, discrepamos con que los responsables de crímenes de guerra y de lesa humanidad puedan evitar pasar siquiera un solo día en prisión si confiesan sus delitos.
Pero, además, nos preocupa que las sanciones alternativas del acuerdo están plagadas de vacíos y ambigüedades que pueden tornarlas en sanciones meramente nominales o de servicio a la comunidad. En segundo lugar, nos preocupa la definición de responsabilidad de mando incluida en el acuerdo, pues esta podría permitir que los generales y los comandantes eviten su responsabilidad por los crímenes cometidos por sus subalternos. En este sentido, un aspecto que nos preocupa es la extensión de los beneficios negociados en La Habana a los agentes del estado y el peligro que esto significa, entre otros, para la rendición de cuentas por casos de “falsos positivos”.
Semana.com: Es decir, casi todo el punto de justicia le preocupa…
José Miguel Vivanco: Efectivamente, creemos que el componente de justicia del acuerdo, en su redacción actual, no garantiza que haya justicia para las víctimas y dificulta las posibilidades de que Colombia alcance una paz genuina. Esto no quiere decir —como han querido sugerir, de forma oportunista, algunos opositores al proceso de paz— que no valoremos este acuerdo como una extraordinaria oportunidad para reducir los abusos que se han cometido durante el conflicto. De hecho, acabo de enviarle una carta al presidente Juan Manuel Santos para agradecerle por invitarme a la ceremonia de la firma del acuerdo y expresarle que hubiera sido un privilegio presenciar este evento porque se trata, sin lugar a dudas, de un momento histórico que puede abrir el camino hacia un mayor respeto de los derechos humanos en Colombia.
Semana.com: ¿Usted cree que como quedaron los acuerdos habrá castigo para quienes han vulnerado los derechos humanos?
José Miguel Vivanco: Es difícil creer que habrá un castigo serio para los máximos responsables de crímenes de guerra o de lesa humanidad que confiesen sus delitos. Esperamos que, luego del plebiscito, el Presidente Santos promueva una legislación de implementación que le de dientes a las modestas sanciones alternativas que se han acordado en La Habana.
Semana.com: ¿Está de acuerdo con que no exista cárcel o privaciones de la libertad?
José Miguel Vivanco: No estoy de acuerdo con que se permita que aquellos que confiesan sus crímenes eviten pasar siquiera un solo día en prisión. El derecho internacional exige que las penas sean proporcionales a la gravedad de los delitos. Tratándose de las atrocidades indecibles que se han cometido durante el conflicto armado colombiano, es difícil creer que la falta de prisión guarde siquiera una proporcionalidad mínima con la gravedad de los delitos. Nosotros seguiremos abogando por penas de prisión, aunque esperamos que, a lo menos, se fortalezcan las “restricciones a la libertad” previstas en el acuerdo para que no sean una bofetada a las víctimas.

Semana.com: ¿Qué piensa de que crímenes cometidos por los militares como los falsos positivos puedan terminar en la Jurisdicción Especial de Paz?
José Miguel Vivanco: La inclusión de agentes del estado me parece, en términos jurídicos, muy problemática. Políticamente, pareciera que el gobierno utiliza estas concesiones para asegurar que los militares apoyen el proceso de paz. Pero, jurídicamente, esto es insostenible. Aquí el ejército, que no es una milicia, no está participando de ninguna transición; como, por ejemplo, la entrega de armas o la desmovilización a la que se compromete las FARC.
Semana.com: ¿Por qué dice eso?
José Miguel Vivanco: En particular, la inclusión de falsos positivos me parece especialmente preocupante. El acuerdo prevé que la Jurisdicción Especial para la Paz tendrá competencia sobre delitos relacionados “directa o indirectamente” con el conflicto y el gobierno ha usado esta disposición para eludir la pregunta sobre si los responsables de falsos positivos se beneficiaran del acuerdo. Lo cierto, sin embargo, es que esto es altamente probable: los tribunales ordinarios de Colombia ya han determinado que cientos de casos de falsos positivos están relacionados con el conflicto. El acuerdo con las FARC facilitaría que generales que se encuentran bajo investigación por falsos positivos –como Mario Montoya Uribe o el actual comandante general Juan Pablo Rodríguez Barragán— eviten cualquier castigo genuino.
Semana.com: En el punto de justicia se acordó que en la nueva jurisdicción no aplicará la teoría de la autoría mediata ni de los aparatos organizados de poder. ¿Eso qué implicaciones va a tener?
José Miguel Vivanco: Nosotros no tenemos una predilección particular por la teoría de la autoría mediata o de los aparatos organizados de poder –utilizadas, por ejemplo, para juzgar a Fujimori en Perú, o a las Juntas militares en Argentina– frente a otros modos de responsabilizar a altos mandos por los crímenes cometidos por sus subalternos. Sí nos preocupa, en cambio, que la definición de responsabilidad de mando incluida en el acuerdo se aparta de la definición aceptada en el derecho internacional; por ejemplo, en el Estatuto de Roma. Así, la definición podría exigir que las autoridades de la Jurisdicción Especial para la Paz demuestren que los generales del Ejército o comandantes de las FARC conocían los delitos cometidos por sus subordinados, un requisito que no exige el derecho internacional y puede resultar muy difícil de probar.

Semana.com: Usted que ha seguido tan de cerca el conflicto colombiano, ¿cómo ve este momento?
José Miguel Vivanco: Sin dudas, la promesa de que terminaran los abusos de las FARC es esperanzadora en el contexto de un conflicto armado que ha generado indecibles atrocidades. Ojalá este acuerdo abra un nuevo capítulo para Colombia. Este es, sin dudas, un momento histórico y una oportunidad clave para el país. Sin embargo, creemos que para que Colombia logre una paz genuina deben solucionarse numerosos defectos del acuerdo y esperamos que el gobierno utilice la legislación de implementación para remediar estos problemas.
Semana.com: ¿Por qué cree que la división entre el Sí y el No genera tanto grado de polarización?
José Miguel Vivanco: Creo que hay varios motivos que exacerban las pasiones en este debate. Primero, los valores y principios en juego en la búsqueda de un balance entre justicia y paz generan profundas discrepancias, aunque mayoritariamente de buena fe. Pero, además, estas pasiones se exacerban por la politización del debate, muchas veces motivada por el oportunismo. El ex presidente Uribe, por ejemplo, pretende dar cátedra sobre justicia, a pesar de que el acuerdo original que él le ofreció a los paramilitares –conocido como proyecto de alternatividad penal– era una propuesta de impunidad total.
http://www.semana.com/nacion/articulo/jose-miguel-vivanco-analiza-acuerdo-de-paz-con-las-farc/494898

Comentarios