Rafael Quiñones -VENEZUELA: PARAMILITARISMO Y DESINTEGRACIÓN SOCIAL


En Ciudad Bolívar, al sur de Venezuela, el presidente del Movimiento Estudiantil Revolucionario Socialista Unido de Venezuela (MERSUV), afirmó que efectivamente fueron Colectivos Armados oficialistas los que amedrentaron a estudiantes opositores que se pronunciaban contra la detención de miembros de Voluntad Popular en los  últimos días. Dicho vocero también afirmó que los Colectivos Armados tienen una alianza formal con organismos de seguridad del Estado Central para el control del orden público, como se demostró durante las protestas en San Félix (misma región) la semana pasada. 

El paramilitarismo financiado por el Estado Central no es nuevo en la Venezuela chavista. Ya desde el 2002 el gobierno nacional con recursos públicos creó organizaciones de base para la formación y la difusión entre la población venezolana de las ideas de la Revolución Bolivariana, llamados Círculos Bolivarianos. Estas organizaciones eran primariamente duplicados de las existentes asociaciones profesionales de la era democrática (sindicatos, juntas de vecinos, organizaciones de caridad, etc) con el objetivo de competir contra los grupos de la sociedad civil previamente existentes en el país. 
El factor importante de estos grupos paraestatales era tratar de dar la impresión de que todos los elementos de la sociedad venezolana  se hallaban encarnados en sus filas (la intención última de la propaganda chavista consiste en organizar a todo el pueblo venezolano como simpatizantes del oficialismo, lo que se resista es considerado como el enemigo existencial a exterminar). Su misión era destruir toda organización existente de la sociedad civil para reemplazarlas por otras  patrocinadas por el oficialismo. Cambiar toda la estructura de la sociedad venezolana y no simplemente la vida política, para así pasar de una sociedad de clases sociales a una sociedad de masas subordinados al Estado, encarnado en un caudillo carismático: Hugo Chávez.

Siendo el chavismo un movimiento más militarista que marxista, es decir, más interesado en convertir a una nación en un cuartel que en una utopía post-capitalista, los Círculos Bolivarianos se transformaron inevitablemente en organizaciones modélicas de violencia arbitraria. Los Círculos Bolivarianos de entonces mutaron a ser los actuales Colectivos Armados del oficialismo. Si los Círculos Bolivarianos eran la duplicación de las instituciones de la sociedad civil, los Colectivos serían la duplicación degenerada del atributo institucional  más importante del Estado Moderno: El monopolio de la violencia legítima. Duplicación degenerada acotamos, porque más que falsificación de un ejército regular, los Colectivos Armados se organizaron según el modelo de las bandas de delincuentes y son actualmente usados para el crimen organizado. 

Lo anterior, sobradamente conocido por quienes observan la situación venezolana, aumenta su importancia en la actual coyuntura social que vive el país. En la Venezuela de la escasez, las colas y el contrabando de comida, los disturbios y saqueos motivados por la búsqueda de productos de primera necesidad son cada vez más frecuentes. Ante esta situación, los Colectivos Armados están teniendo un papel cada vez más protagónico. El Decreto de Emergencia Económica promulgado por el Presidente Nicolás Maduro, invita a la participación activa de “organizaciones del Poder Popular” para resolver la coyuntura alimentaria del país. Todo esto cabe resaltar es de antemano ilegal e inconstitucional, con fines más represivos que de colaboración en la resolución del drama alimentario.

La encuestadora More Consulting registró en junio del 2016 que el 51,4% de los venezolanos consideran a los Colectivos Armados como entes que apoyan al gobierno en el acto de reprimir las protestas y saqueos que se dan en el país debido a la escasez e inflación. Estas organizaciones basadas en el ideal del romanticismo guerrillero, no tienen una lucha de poder con los militares como la hacía la guerrilla a la que imitan, sino están actualmente activos para ayudarlos en su tarea represiva. Se respalda así la violencia del Estado no sólo por parte de las instituciones legítimas gubernamentales, sino a través de los grupos informales afines ideológicamente. Si ya la actuación de la Policía y de la Guardia Nacional Bolivariana es cuestionable en derechos humanos, la incursión más frecuente de bandas paramilitares en tareas represivas no puede generar otra cosa que estragos todavía más macabros.

Hannah Arendt en “Los orígenes del Totalitarismo”, afirma que la existencia de  grupos paramilitares como los que existen actualmente en Venezuela fue un elemento vital para que los totalitarismos del siglo XX crearan de manera artificial las condiciones de guerra civil mediante las cuales los futuros autócratas abrieron un camino de chantaje que los llevó hacia el poder. Todo esto según Arendt bajo el aura mística del líder carismático, que fusiona su identidad con el de las masas que los siguen, al haberse abolido previamente las organizaciones sociales que dan identidad autónoma a los colectivos en sociedad. Una transición de la sociedad de clases sociales a la sociedad de masas, la cual degenera  a su vez en sociedad de bandas criminales. 

Sabemos que en el caso del nazismo sus bandas paramilitares, las Sturmabteilung o tropas de asalto, una vez que el movimiento conquistó el poder, fueron reducidas y marginadas del poder frente a los organismos policiales formales del régimen hitleriano. En cambio en el Fascismo Italiano, nunca dejó de apoyarse en formaciones paramilitares para conservar el poder, como la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional (MVSN) , que cuanto más se acercaba Mussolini a su fin, se hicieron cada vez más poderosas. Tanto así, que durante la efímera República de Saló  servían  para localizar y ejecutar partisanos, o como órgano de represión violenta contra la población civil descontenta contra el Fascismo.

Actualmente Nicolás Maduro se apoya tanto en el Ejército regular como en los Colectivos Armados para reprimir las protestas contra su gobierno y los saqueos originados por la escasez de productos. Si tomamos en serio a Arendt, las fuerzas paramilitares eran eficaces para desestabilizar a un régimen y así acceder al poder, siempre que hubiera un líder carismático alrededor. Maduro no tiene el carisma de su predecesor y las fuerzas irregulares en este momento no combaten contra el statu quo sino a su favor, como el MVSN en los años finales del Fascismo Italiano. Si la locura belicista de la élite chavista prospera, veremos dentro de poco un espectáculo como el de Italia en abril de 1945, que antes de la llegada de los aliados, se dieron disturbios civiles en Turín, Génova y Bolinia que degeneraron en linchamientos masivos contra los agentes del MVSN, mientras estos intentaban disparar de manera fanática desde los edificios, azoteas o campanarios contra civiles para salvaguardar el régimen fascista. Cuando dichos agentes caían en manos de la muchedumbre, eran directamente fusilados como criminales de guerra o sufrían castigos aún más crueles,

Esta locura colectiva puede evitarse, si el chavismo acepta que su élite política  sea desplazada del poder por vías electorales este mismo año (el 70,4% de los venezolanos dice que el Revocatorio es la válvula de escape que evitará el estallido social). La sociedad venezolana en el interludio en que el chavismo destruyó todos sus lazos institucionales para reemplazarla por la autoridad carismática de su caudillo, generaron nuevas normas de interacción fundamentadas en la violencia: Linchamientos, saqueos, paros armados, etc. No es difícil que una nación como Venezuela socializada en más de una década en el uso de la violencia como norma de interacción social,  termine re-direccionando esa violencia hacia el Estado fallido en que es actualmente el chavismo. Durante años el gobierno intentó  que el venezolano perdiera su confianza en la validez del voto adquirida pacientemente a lo largo de los tres cuartos de siglo que van desde la muerte del Benemérito General Juan Vicente Gómez hasta el final del siglo XX. Ahora paradójicamente para el oficialismo, su última esperanza es que esa confianza no se haya perdido, siempre que acepte celebración del Referéndum Revocatorio para este año. Lo contrario simplemente será el caos.

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