Susana Seleme Antelo - ME QUIERE, NO ME QUIERE



Cualquier amante impaciente, se conformaría con deshojar una margarita y preguntarse “me quiere, no me quiere, poco, poquito, mucho o nada”.  Pero Evo Morales no es un amante solitario: él quiere saber si el pueblo-muchedumbre-masa lo quiere para prorrogarse unos cuantos años más en el poder. En ese propósito obligará a la sociedad boliviana a expresárselo en un plebiscitario referéndum, en febrero de 2016.  Menos mal que, como dice Fernando Mires, “…Dios nos regaló un programa de  autoprogramación: el pensamiento. Lamentablemente, la mayoría de los informadores políticos … lo mantienen desactivado”. 

Esa insustituible ventaja, no siempre es utilizada y más bien  se diluye merced a los encargados de ‘hacer correr la voz’ de los poderosos. En ese marco, se cubrió la última violación constitucional con cara de “reforma”,  sin echar mano del pensamiento, esta vez crítico, cuando de lo que se trata es, por una parte, de un hecho inconstitucional y amoral solo porque Evo Morales quiere saber si el pueblo “lo  quiere”. Y sin el menor reparo enfrenta la legalidad jurídica de la Constitución, como derecho público y  que le impedía ir a una nueva elección, van 4, con  la legitimidad que podría obtener con votos, como lo ha hecho en anteriores oportunidades, siempre manchados de trampas electorales. Morales enfrenta sin el menor escrúpulo el voto ciudadano, como  legitimidad, contra ley, como legalidad. Por otra parte, enfrenta a ambas contra la alternancia en el ejercicio del poder político. Con el control del  poder Legislativo y del poder Judicial, ha violado la ley las veces que le ha sido necesario para el ejercicio del poder total sin concesiones. De ahí la decadencia permanente de la democracia en estos tiempos llamados de ‘cambio’. Uno de los  objetivos de ese ‘cambio’ fue eliminar a todo opositor para consolidar su dominación total.  Y así se instauraron los paredones o “guillotinas judiciales”, amén de la extorsión  delincuencial en la administración de justicia.

Ya lo dijo en 2006, cuando asumió su primer mandato: “llegamos para quedarnos” y ya van 10 años. Con “envolventes” trampas y rebuscada reforma constitucional mediante, va por más. Más que ingenuo, Morales fue franco cuando dijo: “yo le meto nomás y les digo a los abogados métanle nomás y después lo legalizan, para eso han estudiado”, no importa si es ilegal (Sucre, agosto 2008). Poca gente se percató del contenido de esa frase, coloquial en apariencia, pero de clara proyección político-idelológica, arropada en el  socialismo del siglo XXI en ascenso, en el apogeo del populismo demagogo y sus ufanos líderes: Kirchner(+), Chávez (+), Lula, Ortega, Correa y Morales.  Paralelamente, la democracia y sus valores - respeto al pluralismo y las diferencias políticas, al pensamiento crítico, equilibrio e independencia de poderes, transparencia y rendición de cuentas- iban de retro,  mientras la corrupción sentaba carta de ciudadanía y creaba una nueva oligarquía de matiz ‘nacional-popular’. 

El NO crece pese al poder autoritario

 En todos estos años, la propaganda política oficialista y la ‘agitación’ al mejor estilo leninista, atraganta y lo único que libra a Bolivia de ese acoso permanente es el pensamiento libre. De ahí que sea tan contundente la frase de Mires, para contrarrestar y aclarar la repetición insana de tópicos y conceptos  que más que informar, desinforman, omiten o callan, en cómplice silencio con el poder político. 
De ahí que los llamados informadores funcionales al gobierno confunden. Y lo hacen en prensa plana, radio, televisión, en las redes sociales, amén del engaño reiterado en las entregas de obras del oficialismo frente a movimientos sociales festivos o al acecho. Todos en campaña para la re-re-reelección de Morales-García Linera ¿los mesías del futuro a costa del presente? No quieren perder su poder casi omnímodo, y como en todo régimen autoritario y centralista, se arropa en elecciones instrumentadas, que son simple método de legitimación  vía el voto. Con él se visten de demócratas, pero no son: el hábito no hace al monje.

En el pueblo-masa, nadie  desea perder la pega, la prebenda y tampoco los  ‘bonos’  que a título de distribución de la riqueza, han paliado  la pobreza, cierto, solo porque hubo recursos  extraordinarios por los altos precios de minerales y gas, ya en franco declive. ¿Qué queda tras esa década tan auspiciosa? Muy poca estructura productiva y menos empleos seguros. Según un informe del PNUD, pese a la mejora de los sueldos, “11% de trabajadores asalariados tiene alguna afiliación sindical y solo el 29% cuenta con un contrato de trabajo, signo de que sus empleos presentan algún nivel de precariedad… 19% de los ocupados está afiliado a una Administradora de Fondo de Pensiones (AFP) y 28% tiene un seguro de salud, lo que demuestra un cuadro de desprotección ante la enfermedad y la vejez”. (El Día, 15.12.15).

Si la política es la lucha por el poder, no debiera nublar el pensamiento.  Por eso habrá que reclamar la afirmación de que habiendo perdido el “kirchnerismo” en Argentina,  y en Venezuela el chavismo, en la persona de Maduro, la izquierda retrocede en América Latina. Al cabo de los años, yo, que asumo el pensamiento de la izquierda moderna con la tradición democrática surgida del mejor liberalismo, no llamaría ‘izquierda’ a quienes en nombre de ella han cometido crímenes de toda índole, reales y simbólicos: políticos, sociales, étnicos,  económicos, jurídicos y ambientales.

Por eso, a Morales le puede ir mal en su maniobra plebiscitaria de 2016:  el NO parece cobrar más adherentes, y nadie anda deshojando margaritas. En tanto, la sociedad boliviana espera, más temprano que tarde,  que la oposición política esté a la altura del desafío que supondrá el post-evismo.