Fernando Yurman - EXILIO Y MIGRACIÓN


  Pude asistir por años a ese extraño pasaje que incorpora otra manera de ver las cosas y rediseña ¨la otredad¨ en toda su magnitud. Y como el vínculo con el otro nos define a contraluz, nosotros cambiábamos en sordina, y sin saberlo. Recuerdo claramente haber recordado en esa época textos literarios que aludían a una metamorfosis larvada, insidiosa, desde el ¨Corazón en las tinieblas¨ de Conrad hasta aquel cuento de Ray Bradbury en que unos terrestres se volvían marcianos y lo advertían en los ojos de sus hijos,  o el relato de Borges sobre el antropólogo que deja su misión y se integra a la tribu, o el otro de Borges que comparaba la cautiva inglesa de la Pampa con el bárbaro frente a Ravena. Eran maneras, pienso ahora, de procurar entender lo que nos pasaba.  Lo cierto es que cuando finalizo la dictadura, esa población flotante había cambiado, y lo testimoniaba la diversidad de destinos. Los que volvían a la Argentina ya habían tenido una historia afuera, que a veces rebotaba en la orbita de entrada en su propio país y los impelía a retornar,  volvían a volverse, porque toleraban mal ese proceso dolorosísimo que se llamo el desexilio; otros extendían el exilio hacia otros horizontes y se mudaban a España o México, a Brasil o Estados Unidos, con un renovado impulso cosmopolita que ya había excedido las raíces políticas del exilio;   estaban los que se quedaban en Venezuela algunos años más, o con el proyecto de para siempre,  que no adivinaba las nuevas vueltas de la historia. En esa etapa, el exilio había ya dejado de ser lo que era antes.  Leer