Roger Vilain: LA TERCERA VÍA


UN ACERCAMIENTO A LA “TERCERA VÍA”, DE ANTHONY GIDDENS
 A raíz de la caída del Muro de Berlín la izquierda experimentó un declive que tuvo en las ideas liberales al competidor que muchos señalaron como representante del único modo de creación de riqueza y cohesión social bajo el marco de la convivencia en libertad. Francis Fukuyama, entre otros, anunció el fin de la historia, nada menos que decretando la muerte de las ideologías, salvo  aquellas de corte liberal (democracias liberales).
No en balde la asfixia del socialismo real, del hiperestado dedicado a desarrollar y controlar aspectos (el empresarial, por ejemplo) tradicionalmente dejados en manos privadas por los liberales, produjeron el fortalecimiento del neoliberalismo al estilo de Tatcher o Reagan en la década de los noventa, asunto que dio pie a una nueva forma de aproximarse a problemas puntuales en el ámbito político del momento: la redefinición de la izquierda.
Así, en 1998 un estudioso británico, el sociólogo Anthony Giddens, publica un libro cuyas directrices pretenden salirle al paso a las voces agoreras que dan cuenta del acabóse de la izquierda, y desde el tratamiento de ciertos postulados de la socialdemocracia vislumbra lo que podría ser su renovación, acorde con los tiempos que se viven. En la Tercera vía, Giddens propone una redefinición de la arquitectura izquierdista, cuyas consecuencias suponen la trascendencia de la antigua división izquierda-derecha.
En tal sentido, este trabajo pretende seguirle la pista a la Tercera vía de Giddens, con el objeto de intentar clarificar, hasta donde sea posible, qué es la Tercera vía, cuáles son sus objetivos fundamentales y, finalmente, explorar si se trata de una nueva forma de izquierda, que rompe con los paradigmas de la izquierda tradicional, o por el contrario una prolongación de ésta cuyo propósito pudiera circunscribirse al intento (y sólo intento) de oxigenar una manera de hacer política que se encuentra resquebrajada.
La obra de Giddens ha sido atacada por el socialismo europeo, acusándola de neoliberalismo disfrazado de socialismo, a lo que el mismo intelectual responde que aquella “no es (ni siquiera) un compromiso entre el neoliberalismo y la socialdemocracia. Es un intento de ir más allá de ambos”. (Giddens: 2005,3). Ese “ir más allá de ambos” es el centro de lo que revisamos aquí, tratar de hallar ciertos elementos que brinden la oportunidad de vislumbrar el alcance de su teoría, ante lo que, desde el presente trabajo, arrojamos una hipótesis: la Tercera vía pudiera consistir básicamente en la aplicación pragmática de valores de la izquierda al mercado, al liberalismo.
En función de lo anterior, claro, se evidencia la supremacía del mercado y estaríamos ante un pliegue a él, aderezado con la pretensión de que ciertos valores típicos de la izquierda lo alimentarían, conformando entonces una “vía distinta” que en realidad no es tal. Y no lo es porque, entre otras razones, no existe en ella suficiente basamento teórico como para otorgarle vida propia. A lo largo y ancho de su obra, Giddens no presenta conceptualizaciones sólidamente sustentadas, teorías elaboradas. Es una constante el que se generalice, lo cual en gran medida resta soporte intelectual a su constructo.
A decir de Thomas John Connelly, los trabajos de Giddens apuestan en buena medida al pragmatismo para solventar problemas, ante lo que el primer ministro Tony Blair ha sostenido que “la Tercera vía es todo lo que dé resultados” (Connelly:s.f.,4). Por supuesto, el carácter pragmático incluye aquí lo ya aludido: valores de la izquierda, tales como la justicia, la participación (no exclusión) o la igualdad, asunto que no deja de llamar la atención, en esencia porque tal pragmatismo bebe de las fuentes del liberalismo con la intención de trascenderlo (tanto a él como a la socialdemocracia a la “antigua”, según calificación del propio Gidden
Daré por hecho que la Tercera vía, -afirma Giddens-
Se refiere a un marco de pensamiento y política práctica que busca adaptar la socialdemocracia   a un mundo que ha cambiado esencialmente a lo largo de las dos o tres últimas décadas. Es una Tercera vía en cuanto a que es un intento por trascender tanto la socialdemocracia a la antigua como el neoliberalismo. (Giddens: 1999,38). 
Lo que no queda claro es en qué consiste la trascendencia referida por nuestro autor. Si bien no se trata  de una doctrina terminada, la escasa rigurosidad en cuanto al sustento filosófico de sus propuestas da paso a un compendio de generalidades que cruza la búsqueda de objetivos sociales con una economía en constante dinamismo.
Ese dinamismo proviene al parecer de la aceptación que del mercado hace Giddens. Si el mercado produce crecimiento económico, crea riqueza, ocurre que el problema, más que en la aceptación, radica en cómo hacer para que tal riqueza llegue a más personas. La vieja idea de que es imperativo distribuir la riqueza sufre ahora una apostilla: no sólo es importante distribuirla, para hacerlo, resulta obligatorio generarla. Giddens afirma al respecto:
La socialdemocracia clásica consideraba la creación de riqueza como casi accesoria a sus preocupaciones básicas por la seguridad y la redistribución económicas. Los neoliberales hacían mucho más hincapié en la competitividad y la generación de riqueza. La política de la Tercera vía también pone mucho énfasis en esas virtudes, que tienen una importancia decisiva dada la naturaleza del mercado global.(...) El gobierno de la Tercera vía, podría sugerirse, propugna una nueva economía mixta (...) la nueva economía mixta busca (...) una sinergia entre sectores públicos y privados, aprovechando el dinamismo de los mercados pero teniendo en cuenta el interés público.(Giddens: 1999, 119-120).
El mercado, visto de este modo, es aceptado como un componente partícipe de la realidad que tenemos en el presente, a quien no puede dársele la espalda, sólo que en la Tercera vía los poderes públicos ejercen ciertas regulaciones sobre él, a fin de minimizar la cuota de daños que según los detractores del liberalismo produce en ausencia de cualquier control. No obstante, las críticas no se hacen esperar, y en el caso de los gobiernos que se adhieren a la economía de mercado, se les achaca a una decisión de tipo “empírico” y no de “principios” (Hobsbawn 2000). En cuanto a Blair, Eric Hobsbawn dice: “La verdad es que parece más una Thatcher en pantalones que cualquier otro político de la Europa de hoy. Y tiene más pinta de general que nadie”.(Hobsbawn:2000,130). Nótese que tal “empirismo” empalma con la idea de pragmatismo aludida con anterioridad (“todo lo que dé resultados”).
El gobierno de la Tercera vía toma sin complejos las soluciones que aporta la economía de mercado, pero a su vez apela al Estado regulador hasta donde sea posible. Sostiene Giddens que “reinventar el gobierno significa a veces, desde luego, adoptar soluciones basadas en el mercado. Pero también debería significar la eficiencia del gobierno frente a los mercados”.(Giddens:1999,92). Sin embargo, no deja claro cómo el gobierno puede lograr dicha eficacia.
La importancia dada al Estado es capital. La Tercera vía no lo cuestiona, pero sí marca un especial acento en cuanto a sus funciones y su tamaño. Hace referencia a la reforma del Estado, y además a la del gobierno, lo cual es un norte fundamental sobre el que resulta imprescindible trabajar. Propone en consecuencia el aparejamiento entre algunos sectores de la sociedad civil y el gobierno, con la finalidad de cambiar, de impulsar el desarrollo de la comunidad. En ese orden de ideas, atendiendo al fundamento económico de la dupla sociedad civil-gobierno, sube al escenario la concepción de una nueva economía mixta.
El Estado se hace más pequeño, sin duda al punto de que en palabras de Blair, “no debe remar sino dirigir”. Según Giddens,        
 Los neoliberales quieren reducir el Estado; los socialdemócratas, históricamente, han buscado insistentemente expandirlo. La Tercera vía sostiene que lo necesario es reconstruirlo (ir más allá de aquellos derechistas que dicen que el gobierno es el enemigo y de aquellos izquierdistas que dicen que el gobierno es la solución).(Giddens: 1999,86).
Pero otra vez, las especificaciones permanecen ausentes. ¿Cómo se logra ese “ir más allá...”?. Lo que puede observarse es la aceptación de ideas liberales que indiscutiblemente han producido riqueza, bienestar, haciendo crecer de manera sostenida la economía, introduciendo elementos (valores) propios de la socialdemocracia. Giddens propugna así, sobre la base del mercado, que los gobiernos se ocupen de la redistribución de la riqueza, de la igualdad, y en fin de lo que tradicionalmente hemos conocido bajo el nombre de justicia social. Sobre estas ideas se mueve el barco de lo que la izquierda moderna pretende alcanzar. Ya lo dijo Carlos Fuentes, en cuyas frases bien podemos encontrar aspectos comunes a Giddens: “que el mercado y la política se apoyen mutuamente. Tal es el desiderátum de la nueva izquierda”. (Fuentes:2003, 142). Por supuesto, el apoyo entre política y mercado viene de la mano con el papel central, aunque reducido en tamaño, que debe ejercer el Estado. Para lograrlo, la sociedad civil y éste tendrían que apostar en función de un horizonte común, de una meta que ambos reconocerían y perseguirían (la economía dinámica, el crecimiento, la justicia social), lo cual hace que deban permanecer asociados, y es más, erigiéndose en contrapesos.
Tanto la sociedad civil como el Estado se regularían mutuamente. Con razón Giddens, en entrevista concedida a Andrés Ortega, ha sostenido que “yo abogo por un mercado fuerte, una sociedad fuerte y un Estado fuerte”.(Ortega:sf,3). En la fortaleza de estos ingredientes quizás radique el control que entre sí podrían ejercer el segundo y el tercero. Y es que, como afirma Savater: “El Estado es para los individuos, no los individuos para el Estado”. (Savater: 1992,110). Giddens, en su Tercera vía, reconoce la importancia vital del individuo, otorgándole tanto peso como al Estado. El individuo, de la mano del mercado y del Estado, podrá fraguar, según su punto de vista, una mejor comunidad, una sociedad más justa.
Ahora bien, en el marco del lazo mercado-sociedad civil-gobierno es necesario preguntarse cómo hacer compatible la viabilidad económica, es decir, la eficiencia de la economía, con la justa distribución de la riqueza previamente generada. Al respecto, Giddens se da cuenta de que cuando ciertos países (los de América Latina no son ni de lejos la excepción) consienten en disponer de bienes, de prestaciones, sin la existencia de recursos para emprender con éxito esa tarea, lo que terminan produciendo es más pobreza, inflación, quiebra de empresas y, en fin, peores condiciones para quienes desde hace tiempo permanecen excluidos.
Sobre lo anterior, la política de la Tercera vía hace hincapié en que “el gobierno tiene un papel esencial que cubrir invirtiendo en los recursos humanos y la infraestructura requeridos para desarrollar la cultura empresarial”.(Giddens:1999,119). El gobierno fuerte, cuya injerencia como factor regulador debe ser explícita, tiene aquí dos elementos clave sobre los que volcarse: 1) inversión en educación; 2) impulsar el desarrollo de empresas. A través de lo primero pone el dedo sobre el siempre vigente tema de la igualdad y las oportunidades, volcando en la educación el papel preponderante como elemento fundamental a la hora, por ejemplo, de combatir la pobreza; en relación con lo segundo queda de manifiesto la intención de producir riqueza, requisito indispensable para su distribución.
Ambos aspectos descansan sobre ideas liberales. La economía de mercado juega papel esencial. A la cita anterior, tomada de La Tercera vía, cabe vincularla con lo que Giddens manifiesta a Andrés Ortega:
En nuestros días tenemos que tener un concepto de igualdad que se reconcilie con el pluralismo, pues hay que reconocer la naturaleza pluralista de las sociedades contemporáneas. Es decir, avanzar hacia un concepto de igualdad de oportunidades, especialmente en Europa, donde hay que dejar sitio para una población inmigrante mucho más amplia. Por otra parte, el concepto de igualdad no puede ser sólo de igualdad de oportunidades. También hay que tener programas de redistribución. Sin ellos, no nos acercaremos a una igualdad de oportunidades. La desigualdad de oportunidades de una generación es la desigualdad en resultados de la siguiente. Hay que evitarlo. Es lo que intenta la Tercera vía, como programa de justicia social. (Ortega:sf,3).
Notemos entonces cómo en la Tercera vía el discurso redistributivo y el que  alude  a la igualdad de oportunidades supone la generación previa de la riqueza necesaria que podrá entonces distribuirse.
Fijémonos, en este punto, en lo que un liberal como Carlos Alberto Montaner expresa:
Como principio general, me parece que todo lo que entorpece el libre juego del mercado acaba por ser antieconómico. Sin embargo, estoy dispuesto a admitir que las sociedades prósperas, después de que han creado una cierta cantidad de riquezas, pueden permitirse el lujo de ser menos eficientes, con el objeto, a cambio de esto, de proteger los intereses de los más débiles. (Montaner: 1997,67).
Los intereses de los más débiles, seguramente, serán más fuertemente protegidos, los cuales dejarán poco a poco de serlo si la ayuda que se les presta es sustentada sobre la justa distribución  de una riqueza ya creada. Hay un abrazo obvio entre las propuestas liberales y las ideas de la Tercera vía matizado por la inyección, a aquellas, de valores de la izquierda tradicional.
La redistribución, en tal sentido, deja de concebirse como el mecanismo que permitirá frenar la pobreza, que debe enfrentarse tomando en cuenta la participación de los pobres en este proceso. Los pobres tendrán que involucrarse mucho más en la lucha contra el mal que les impide acceder a mejores condiciones de vida y el papel del Estado radicará, en gran medida, en la inversión sobre el recurso humano. Educación como factor primordial en el combate contra la miseria. Asimismo, tendrán que desarrollarse políticas antipobreza de amplio alcance, pero muy bien focalizadas (como adición a la ya mencionada inversión en el capital humano, lo que Giddens ha denominado el “Estado social inversor”, el “liberalismo cívico”, y otras).
Así, ante lo que se ha llamado Tercera vía, vale la pena interrogarse en relación con sus alcances y limitaciones. ¿Qué, finalmente, termina siendo el constructo de Giddens?. Para él, consiste en
Un programa cabal de modernización de la economía, del sistema político y del Estado de bienestar. Modernizar significa responder a los grandes cambios que se están dando en el mundo. La Tercera vía busca una renovación activa de las instituciones públicas. Insiste en el papel de lo público. Y redescubre la sociedad civil.(Ortega:sf,2).
Redescubrir la sociedad civil implica aquí, como hemos visto parcialmente, la asociación entre ésta y el gobierno, el estímulo y aprovechamiento de iniciativas locales, la lucha y la prevención comunitaria del crimen, todo bajo la óptica de una sociedad civil que proteja al individuo contra la asfixia de un Estado sobredimensionado, a lo que poco respondía la vieja izquierda. Giddens lo ha subrayado cuando expresa que “si el Estado está en todas partes, no está en ninguna”.(Giddens:1999,103).
Hay en estas propuestas una apuesta fuerte, focalizada en las bondades, en el desarrollo indiscutible que el mercado ha procurado en sociedades liberales, con el deseo de imprimirle valores típicos de la izquierda. Pareciera no existir teorización sistemática ni novedosa, sólo el intento de sacar a flote lo rescatable de políticas aparentemente venidas a menos, hasta cierto punto fracasadas en el contexto de realización donde se desenvolvieron, ahora con elevadas dosis de programas de corte liberal.
El Partido Socialista Obrero Español sostiene que la Tercera vía “es una brillante aportación al debate abierto en el mundo de la izquierda, pero nada más”. (Almunia: www.solidaridad.net ). Por su parte, un académico como Ralf Dahrendorf afirma observar “elitismo y carencia de conciencia histórica” en ella. Dice además, aludiendo a los ideólogos de la Tercera vía, que “todos ellos consiguen que las críticas les resbalen sobre una especie de aceite corporal  hecho de una curiosa mezcla de dogmatismo e inseguridad” (Dahrendorf: www.solidaridad.net).
 La Tercera vía es un intento, respetable y digno de analizar con más detenimiento, que decantaría en lo que, palabras más palabras menos, Oswaldo Sunkel  asocia con un “revival” de socialismo liberal del Estado de bienestar. No observamos muestras de una nueva forma de izquierdismo, inédito y con sólidos postulados ideológicos. Lo que parece subir el escenario es, por el contrario, el intento de aplicar con fuerza, al mercado, valores que tracionalmente ha abrazado la izquierda.    
 Roger Vilain (rvil35@hotmail.com). Centro de Investigaciones y Estudios sobre Literatura y Arte  (CIELA).
Universidad Nacional Experimental de Guayana
REFERENCIAS


Fuentes Carlos. En esto creo. Barcelona: Seix Barral, 2003.

Giddens, Anthony. La tercera vía. México: Taurus, 1999.

Hobsbawn, Eric. Entrevista sobre el siglo XXI. Barcelona: Crítica 2000.

Montaner, Carlos Alberto. No perdamos también el siglo XXI . Barcelona: Plaza & Janés, 1997.

Savater, Fernando. Política por Amador. Barcelona: Ariel 1992.

www.angelfire.com/sd/Alianza/giddens.html (Giddens, A. En: Anthony Giddens: más allá de la derecha y la izquierda).

www.bcn.cl/pags/publicaciones/serie_estudio/esolis209.html (Connelly, Thomas John. La Tercera vía.

www.politica.com.ar/tercera_via/reportaje_a_Giddens_sobre_la_tercera_via.htm (Ortega, Andrés. La Tercera vía es la izquierda del centro. Entrevista a Anthony Giddens).