Carlos Bassaletti: América Latina y la geopolítica: diagnóstico y terapia





Las ideas de geopolítica fueron introducidas en nuestro subcontinente desde Alemania y USA, a partir de inicios del s.XX y anidadas (y desvirtuadas) en los círculos de academias  militares, primero de Brasil y Argentina y luego en todo el resto de los países. No obstante, lo remarcable es que esta concepción del estado, geografía, seguridad y economía, termina por enriquecer ciertas vertientes intelectuales progresistas de América Latina, que ven en este modo de pensar (también muy criticado), una posibilidad de mayor independencia y progreso económico para los habitantes de la región. No discutiré algunos de sus postulados teóricos, más si reconozco que, pese a que el concepto de geopolítica ha evolucionado mucho en los últimos cuatro decenios, todavía se acepta lo central de su análisis, es decir, la geografía o espacio aplicado a la noción de Estado y las opciones de su desarrollo y defensa.
El primer esbozo “geopolítico” para el desarrollo práctico de las ideas de luchadores sociales que avizoraron una América Latina más independiente de las potencias extranjeras, más dueño de sus libertades nacionales y económicas, proviene de manera embrionaria de próceres de diferentes cunas ideológicas y paradojalmente de extracción militar. Tales son ciertos argumentos de Miranda, Bolívar, Artigas, y Carrera, luego de Martí, Mariategui, Haya de la Torre hasta llegar, según opinión de determinados sectores ideológicos- a Ernesto “Ché” Guevara, estos cuatro últimos con una definición más política de esa riqueza cultural que hoy denominamos: América Latina.
Previo a entrar de lleno en nuestro asunto, intentaremos efectuar un diagóstico sobre qué se entiende por América Latina, en el que afortunadamente existen bastantes dosis de consenso mas no así en la terapia o vía a implementar para hacer de nuestro subcontinente, un polo de desarrollo con mayor justicia, validez y presencia internacional en estos agitados tiempos de globalización.
El diagnóstico: América Latina o si se prefiere Latinoamérica, es un grupo no homogéno de 18 países (19 si se incluye a Haití), donde sus rasgos civilizacionales son bastantes mas comunes si lo comparamos por ejemplo a la Unión Europea o al polo de desarrollo asiático conformado por China, Japón, Corea del Sur y Malasia.
Latinoamérica tiene como fundamentos culturales-civizacionales, primeramente al indigena que todavía representa cerca de un tercio de su población, pero que ha sido hasta hace muy poco ignorado-reprimido de las fuentes de acceso al Poder político-económico de los dieciocho estados que, juntos totalizan una superficie cercana a los 20 millones de km², vale decir, algo más del doble de USA y dieciséis veces la extensión de Inglaterra; con una población (2010) de alrededor de 600 millones de seres humanos (aprox. 40% de los habitantes de China) y en que sus idiomas matrices son sólo dos: español y portugués... aunque es necesario decirlo, existen una variedad de riqueza lingüística que desgraciadamente es poco conocida y poco valorizada. Bastaría agregar que tan sólo en México, se hablan hoy, en 2011, más de una centena de lenguas diferentes.  En este diagnóstico, debemos señalar que entre los rasgos culturales identitarios de nuestra América morena se tiene  esencialmente como ya se dijo :
¨             Sus dos idiomas bases.
¨             La religión católica y los cada vez más presenciales grupos evangélicos. 
¨             Su deporte base : el fútbol, frenesí y espejismo de multitudes y,
¨             La gran heterogeneidad musical que en territorios como México, Cuba y Brasil, podría decirse que no tiene límites.
Cerrando este breve diagnóstico, añadiremos que existe consenso en que después del violento proceso insurreccional independentista (1810-1825), Latinoamérica  -en los hechos- rara vez ha conocido la democracia en el sentido como hoy se entiende y que de dependencia de las potencias coloniales de España y Portugal, pasamos a otra menos restrictiva, pero que - en gran medida - ayudó a castrar los ideales libertarios de nuestros visionarios hombres traídos a colación en el párrafo dos. En concreto: de España pasamos a una tutela o hegemonía financiero-comercial por Inglaterra y gradualmente por los Estados Unidos, esta útima se hace definitivamente efectiva a contar de mediados de la Segunda Guerra Mundial.
En el párrafo del diagnóstico hemos hemos obviado algunos síntomas de la geopolítica que se nos ha impuesto tanto desde el exterior como desde el interior, por medio de nuestras propias castas gobernantes. Entre estas deformaciones de nuestra necesaria salud cultural, quizás las más graves han sido el armamentismo inducido, la grosera penetración ideológico-militar a través de “Operación Unitas” y la “Escuela de las Américas”, en donde más que fortalecer lazos de defensa basados supuestamente en la doctrina Monroe (“América para los americanos”), se ha teledirigido a las fuerzas armadas para enfrentar al real, potencial o imaginario enemigo interno (leáse: los grupos progresistas de cada estado sean estos de filiación marxista o no)... de ahí al resultado de la Doctrina de Seguridad Nacional y de la espeluznante Operación Cóndor, existe solamente unos cuantos pasos. América Latina fue, en efecto, un escenario de la Guerra Fría, librada entre las potencias mundiales de esa época: la URSS y los EEUU.
Mas, no todas las amenazas y errores podemos adjudicarlas a los norteamericanos o a los soviéticos o quizás mañana a los chinos, o a la penetración del capital o inversión foránea en nuestras afortunadamente cada vez más diversificadas economías. Al interior de estas malformaciones culturales, tenemos algunas propias a nuestra subcultura latina. a mi modesto juicio, entre las más notorias y dañinas están por ejemplo, los altísimos niveles de delicuencia, de modo tal que Ciudad Juárez (México) es más peligrosa que Bagdad o Kandahar, por citar geografías que sufren guerras de invasión. Lo mismo sucede con los niveles de corrupción, que en los casos de México, Colombia o Perú, son inviables con un salto al desarrollo con un mínimo de equidad, y para cerrar esta parte, añadiremos tres otros síntomas: la increíble desigualdad en la distribución de la riqueza, los niveles aberrantes de obesidad de la población juvenil y el flagelo de la droga que consuma a parte de nuestra juventud. ¿Para qué ahondar mayormente el diagnóstico?.Mejor vamos a la posible terapia a aplicar:
La terapia: dado que el enfermo presenta desde hace poco más de dos décadas, signos de recuperación económica y democrática, la terapia no puede ser de choc, aunque sí medicalmente debiera ser sintomática, permanente y profunda, dado el diagnóstico presentado.  Entre las curaciones que deben imperiosamete aplicarse, ya los “indignados” y estudiantes están aplicando una :
¨        La recuperación de la alicaída conciencia colectiva en el tema de la educación universal y gratuita y que el Estado no se desentienda de este ámbito esencial para formar y fortalecer un adecuado capital humano, fuente principal de toda riqueza de los pueblos (las movilizaciones en Chile y Colombia en esta línea llevan la delantera). 
¨        Otra curación inmediata debe ser la renovación en la forma de hacer política, pues pareciera como que en varios países de Latinoamérica se “juega  a la democracia”, siendo poco lo que de fondo se cambia con uno u otro gobierno,
¨        La tercera curación (antes de pasar al tratamiento propiamente tal) debe ser la probidad fiscal en todos los niveles de la estructura estatal (aunque es más arduo de evaluar y controlar), para el caso de la necesaria inversión privada en sectores y nichos de la economía que son palancas de su tributación y desarrollo, como es el ámbito de los recursos no renovables, tales la minería...
Por ejemplo: Chile en 1971 por unanimidad de política interna, logró recuperar esta colosal riqueza que hoy nuevamente ya ha vuelto en un 70% a a ser controlado por el capital extranjero y su tributación real no pasa de ser una expresión simbólica ¿Por qué es importante el cobre por ejemplo en la geopolítica del país?, la razón es simple y evidente: Chile produce como país la mitad del cobre que producen todo el resto de los países del mundo, luego si el cobre fuera nuevamente chileno (como por breve lapso lo fue), su poder y presencia al menos a nivel de estado sería muy superior al actual; poder que descansa hoy en día, en los méritos de la recuperación parcial de su democracia y en su capacidad “disuasiva” con respecto a sus tres vecinos límitrofes.
Evidente que para aplicar una terapia permamente y profunda a los males, se necesita también de líderes. No podemos todavía soñar en una “Unión Latinoamericana” como lo es la Unión Europea. La historia reciente nos muestra y demuestra que tanto la Alalc, Pacto Andino, Mercosur y otras alianzas estratégicas en el frente económico-comercial han sido débiles. Igual cosa sucede con la OEA o el BID, puesto que ambos organismos no tienen un peso específico internacional y son demasiados apegados a los cánones tanto del Departamento de Estado norteamericano en el caso de la OEA y, en el caso del BID, éste se conduce más por las macropolíticas del Banco Mundial y el FMI, que por los genuinos intereses regionales. Las causas de esta debilidad endémica son el nacionalismo, el populismo y el no tener verdaderamente un horizonte de largo plazo en las políticas gubernamentales de la mayoría de los estados que conforman América Latina. Estos líderes naturales pudieran ser Brasil y/o México, pues geopolíticamente poseen un peso económico-demográfico relativamente importante en la economía mundial. No obstante, debemos como ser realistas, no ocupamos en el mapa una ubicacion estratégica como el pequeño Israel, no tenemos el petróleo de Arabia Saudita, ni el arma nuclear como el pobrísimo Paquistán. Además, con un 8 % de la población total del globo y aproximadamente el 12% de la superficie de la Tierra, no podemos tampoco a aspirar a demasiado, pues entonces nuestros objetivos pudieran ser no realistas y frustrantes desde un punto de vista de alcance de metas. No obstante, existen condiciones objetivas que pudieran ayudar a realizar esta necesaria unidad identitaria de Latinoamérica. Entre las condiciones que nos pueden ayudar a actuar con mayor flexibilidad, está el hecho de que el mundo actual ya no es un mundo bipolar, ni existe la negativa Guerra Fría, por tanto debemos aprovechar ese espacio de libertad ideológica relativa que se presenta. Por otro lado, la onda democrática expansiva tanto de la primavera árabe y del movimiento de los indignados, nos deben servir de luz para internalizar como pueblo que muchas cosas son posibles. Y el médico principal de América Latina con respecto a geopolítica somos los latinoamericanos mismos.
Carlos Bassaletti Q./Canadá, 14 de nov.-2011

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